jueves, 24 de enero de 2013

RÍO QUE MAR SUEÑA


Anochece.
En mi ciudad crece la sombra
por un cono de luz.

Desde el sur, escapa en hebras el sonido del río.

Velada voz de opaca sílice hidratada
que llega desde el vítreo leonino de las aguas
cuando se apagan las bujías de la tarde.

Astillada de sombras, Buenos Aires,
se sienta en la platea
para escuchar al río.

Murmullo de iris despereza por las calles
metálicos  arpegios
que por espaldas de cemento trepan.

Cuando la noche le cae por la cara,
desborda y musita y se confiesa,
su pena líquida de ser río que mar sueña.

                                                                                                      * * *

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