miércoles, 17 de diciembre de 2014

ENTREVISTAS





Entrevista a Francisco Segovia Ramos por “Viajero de todos los mundos”, Premio Micromegas de Ciencia Ficción

by fernandoveglia

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“Hay alternativas para que no estemos abocados al caos, pero pasan indefectiblemente por cambiar radicalmente el sistema económico, político y social que actualmente domina en el mundo”



P.: ¿Cómo nació “Viajero de todos los mundos”?
R.:Tenía algunos relatos de ciencia ficción publicados, otros totalmente inéditos, e incluso algunos aún en borrador. Aproveché la convocatoria del premio Micromegas para revisarlos, ampliarlos en muchos casos y recopilarlos todos en un solo volumen, con la suerte de que el conjunto fue galardonado con el primer premio.
P.:¿Qué escritores del género lo han influenciado?
R.: Tal y como aparece en el prólogo, debo mucho a autores como Asimov, Clarke, Stanislaw Lem, Philiph K. Dick y, sobre todo, a Bradbury, cuya prosa casi poética ha influido muy mucho en mi modo de hacer y pensar literario. Hay mucho de la literatura anglosajona en mi modo de escribir, aunque también admiro a escritores hispanos como Pio Baroja o Pérez Galdós.
P.:¿Qué le supone haber ganado “I Premio Micromegas de Ciencia Ficción”?
R.:Por supuesto, ha sido un respaldo muy importante a mi trabajo. Los premios no lo son todo, pero sí que ayudan porque motivan a seguir escribiendo y dan a conocer tu obra a más número de potenciales lectores. La publicación, además, supone dar otro pasito más en este difícil mundo de la literatura.
P.:¿A qué lectores está dirigida?
R.: Nunca he pretendido escribir para élites, o para colectivos concretos de personas, aunque siempre busco la complicidad del lector, al que pido –a veces, exijo- que sea crítico con el mundo que le rodea, y que se pregunte constantemente el porqué de las cosas. Al escribir busco dos cosas fundamentalmente; contar historias y que estas hagan reflexionar sobre la realidad, aunque sea un poquito solamente.
P.:¿Qué ofrece la obra?
R.: Viajero de todos los mundos tiene relatos de ciencia ficción pura, utopías, opera espacial, ciberpunk, homenajes a películas de cine y a grandes escritores, entre otras cosas. Quien la lea no encontrará en ella grandes sagas épicas, ni sofisticadas historias tecnológicas, pero sí los entresijos del alma humana, que no varían a pesar de que transcurran miles de años y ya no vivamos en las cavernas sino en metrópolis tecnificadas.
P.: En varios relatos, a pesar de los avances científicos y tecnológicos, la humanidad da cuenta de una insensatez alarmante, de arrastrar valores negativos por siglos. ¿Qué eventos lo influyeron para desarrollar esa temática?
R.: Me considero una persona optimista, pero también realista. La humanidad no ha cambiado sustancialmente en cuarenta mil años de evolución del homo sapiens. Seguimos teniendo las mismas pautas de conducta que nuestros antecesores del paleolítico, pero ahora manejamos armas nucleares en vez de arcos y lanzas. Somos animales depredadores dentro de un sistema económico depredador, y mientras esto no se cambie, el futuro no parece alentador. Solo en el momento en que todos los hombres y mujeres del planeta nos consideremos iguales, y respetemos también el entorno natural que nos rodea, podremos mirar cara a cara a las estrellas, que es donde está nuestro destino. Esta idea ya se ha repetido muchas veces y aún está lejos de cumplirse.
P.: Por último, ¿Supone posible alguno de los futuros planteados en los relatos?
R.: Por supuesto, todos y cada uno de ellos. De hecho creo que seguramente el futuro puede ser mucho peor que algunos de los que describo en Viajero de todos los mundos. Aunque espero equivocarme de todo corazón. Hay alternativas para que no estemos abocados al caos, pero pasan indefectiblemente por cambiar radicalmente el sistema económico, político y social que actualmente domina en el mundo. O se produce pronto, o la humanidad desaparecerá tal y como la conocemos.

                                                                  * * * 

Editado por Fernando Veglia p/fernandoveglia

martes, 16 de diciembre de 2014

NARRATIVA





QUÍMICA BIOLÓGICA
                                                                          Por Alberto Ernesto Feldman*


Química





                                                                      A Marita Rodríguez-Cazaux



Cuando el doctor Galarzi me llamó para que trabajase con él en el laboratorio del Hospital Franco-Alemán, toqué el cielo con las manos.

Apenas una semana antes, lo había visitado para saber si necesitaba un empleado, movido por mi necesidad y el aprecio con que lo recordábamos los cinco amigos que fuimos sus alumnos dilectos en el Colegio secundario, compartiendo con él, además, muchas conferencias, visitas a museos, los clásicos conciertos en la Facultad de Derecho y charlas en largas veladas de café los fines de semana, donde arreglábamos el Mundo a nuestro antojo, siempre con su guía.

El profesor Galarzi nos marcó intelectualmente, mucho más allá de la claridad con que nos enseñó Química, y cuando vimos la película “La Sociedad de los Poetas muertos”, no pudimos evitar identificarlo con el personaje, aunque yo, sólo en parte. Mi opinión sobre él cambió radicalmente, porque lo conocí en otra etapa de su vida y también de la mía. Seguramente ni él ni yo, éramos los mismos.

Imbuido de las ideas políticas progresistas, solidarias y románticas que él había sembrado en nosotros, nos decía que aunque seríamos profesionales, debíamos ganarnos el pan al menos un tiempo al lado de los obreros), me encontraba trabajando en una importante fábrica, como obrero textil, con las máquinas continuas, que convierten en hilo las hebras de algodón, máquinas que exigen una gran atención y rapidez; quinientos carreteles girando, retorciendo hilo y enrollándolo.

Cuando algún hilo se cortaba, en segundos se originaba un bollo de algodón que crecía como bola de nieve al tocar los carreteles vecinos. La máquina no se podía detener, por lo que con una cuchilla especial había que eliminar inmediatamente la bola y volver a empalmar los hilos cortados, cada uno en su correspondiente carretel, todo esto a gran velocidad para ganarle a la bola creciente. Este proceso descubría una sensación de sometimiento del hombre frente a la máquina (y sus dueños). Toda la atención debía ponerse sobre el trabajo y, de tal manera, que no había tiempo para otra cosa que no fuera un saludo fugaz con los compañeros.

Desalentado, estaba teniendo pesadillas con esas máquinas continuas de la textil, que, por si algo faltara, hacían temblar el piso bajo los pies y producían un ruido infernal, que llegaba hasta el cerebro. Por otra parte, tenía que aprobar Química Biológica para pasar a tercer año de la Facultad y se me ocurrió que el cambio de trabajo y la aprobación del examen podían surgir de esa visita a mi antiguo profesor, quizá porque parte de la materia a rendir tenía que ver con los análisis clínicos que eran rutina en un hospital.

Me llamó un viernes a última hora.

–¿Podés empezar el lunes, de 7.00 a 12.00?… – preguntó.

Le contesté afirmativamente antes de que él terminara la frase.

–De 8.00 a 11.00 vas a hacer extracciones junto con Tomás, él te va a ayudar y enseñar en los casos complicados –dijo tranquilizándome.

Durante dos semanas, pinché brazos a troche y moche, buqué venas, bajo la supervisión del viejo Tomás, y perdí el miedo que tenía a medida que fui ganando confianza. A los pocos días pude hacer las extracciones sin supervisión. Tomás se fue; me comentaron que se había jubilado.

Galarzi me dijo que observara, después de terminar con las extracciones y el lavado del material utilizado, cómo se hacían los extendidos y el recuento de células sanguíneas con el microscopio, lo mismo que el examen completo de orina.

Estaba entusiasmado, aprendía rápido, me desempeñaba con seguridad, sin embargo, cuando pasaron los primeros cuarenta días, me enteré que recién cobraría mi primer sueldo al mes siguiente, por cuestiones administrativas.

Ahora estaba trabajando sin parar desde las siete de la mañana hasta las cuatro de la tarde. Días después, agregaron a mis tareas los análisis más comunes y frecuentes, como glucemia, uremia, y otros de investigación diaria en los pacientes internados. Al mismo tiempo, Galarzi me dijo que se iba la chica que dactilografiaba los protocolos y me preguntó si podía quedarme, todos los días, un poco más tarde para reemplazarla en esa tarea.

Finalizando el tercer mes, trabajaba desde las siete de la mañana hasta las diez de la noche, terminaba agotado por la exigencia de la jornada y, todavía, sin haber cobrado un peso.

Con preocupación, le advertí a mi antiguo profesor que, en esas condiciones, me iría. Respondió que si quería ser médico, era mejor que trabajara gratis en un hospital que por un sueldo cualquiera en una fábrica.

No reaccioné como hubiera debido; todavía me quedaban los recuerdos de los años del colegio secundario y de su antigua bondad, pero esa misma noche, cuando salí del hospital, tuve una sorpresa: Me esperaban el viejo Tomás, la dactilógrafa y el técnico que hacía los análisis de sangre y orina.

Me increparon agitando los puños apretados.

– ¿Estás contento, carnero?, nos dejaste en la calle, ¿no te diste cuenta que nos iban echando a medida que vos acaparabas más trabajos?…

Escaso de luces para lo que estaba fuera de mi interés inmediato, completamente ciego a lo que pasaba a mi alrededor, ni siquiera lo había sospechado.

Cuando les dije que en tres meses no había cobrado un solo peso, se me rieron en la cara.

–¡Bienvenido al club! – me dijeron, y nos hicimos amigos.

Comprendieron que yo no era mala persona, era solamente un idiota.

Esa noche no pude dormir, cerca de las diez de la mañana entré al hospital para retirar mis pocas pertenencias, el guardapolvo y unos libros.

Una larga hilera de personas hacían cola con cara de fastidio, mientras que dos enfermeras, sacadas de algún otro servicio, se esforzaban por cumplir una tarea que no les era habitual.

En el suelo, una larga fila de orinales repletos, pertenecientes a los pacientes internados, ocupaban el espacio desde la entrada del laboratorio, atravesando dos habitaciones, hasta la mesa de mármol donde el profesor los analizaba a toda velocidad, con los ojos desorbitados y una mueca de rabia.

Pasé por detrás de él sin saludar, abrí el armario a sus espaldas y arrollé el guardapolvo en el antebrazo izquierdo.

–¡Podías haberme avisado! – me dijo bufando, casi sin mirarme.

Tomé el orinal de vidrio que tenía más cerca y se lo partí en la cabeza.

Sin un grito, con expresión de asombro y cubierto de sangre y orina, Galarzi se deslizó lentamente hacia el piso, llevándose la mejor parte de mi adolescencia.

Hoy somos cuatro los que salimos en libertad. Después de tantos años nos han rebajado las penas por buen comportamiento y por contracción al estudio.

Dos, se han recibido de abogados, el tercero de contador. Yo, estudié Química, voy a dar examen, tengo idea de aprobar, por fin, Química Biológica.




*Alberto E. Feldman, escritor argentino, autor de "Castillos reales, castillos mentales"
y "Tango final en Saavedra"



                                                                          
                                                                          * * *




MIGUELITO 


                                                                                        Por José Ramallo*




Miguelito



“He tratado de imaginar cómo sería caminar

por una nocturna ciudad sin luces y sin luna.

He tratado e instantáneamente me he dado

cuenta que me resultaría imposible.

He abierto mis ojos y, tras un oscuro túnel,

he visto cómo un héroe de capa roja y negra

sí, podía hacerlo"





Ahí va de nuevo, como todos los días con su habitual recorrido. Se lo nota seguro de sí mismo y con mucho optimismo. La gente que lo ve pasar, lo saluda y él devuelve el saludo con una sonrisa en su rostro ¿Podes creer que encima sonríe? ¡Yo lo veo y no lo creo! ¡Me sorprende, me da bronca, me da no sé qué, cada vez que lo veo sonreír!


Me acuerdo que la primera vez que lo vi, cuando todavía no me había dado cuenta de ese detallecito que tanto me asombra a mí y que tan poca importancia parece darle él, lo miré e internamente me reí solo, pensando: “Parece un pato cómo camina con las patas abiertas y tanteando el piso, como si tuviera miedo a perder el equilibrio y caerse”. Tiempo después, cuando al final me di cuenta de esa cuestión, me quería morir de la vergüenza que sentí. Y mirá que yo no se lo dije a nadie ¿eh? Solamente lo pensé y no se lo comenté a nadie, pero de igual modo me dio una vergüenza bárbara.


Recorre gran parte de la ciudad caminando. Para, charla con uno, con otro y luego sigue su camino. A veces hace un recorrido y a veces otro, pero al final siempre frecuenta los mismos lugares. Pocas veces se lo ve acompañado, casi nunca diría yo. Lo conoce mucha gente evidentemente, porque por donde pasa siempre alguien le grita a la pasada “¡Chau, Miguelito!” O bien “¿Qué haces, hincha de Douglas? ¡No te vi el domingo en la cancha ¿eh?!” Y él responde “Yo tampoco te vi” Y luego se empieza a reír… ¿Vos podes creer que se ríe? Yo lo veo y no lo creo… si hasta me da envidia, inclusive.


Ahora ya está de regreso, va a tomar un cafecito y luego volverá a su casa. Supongo que volverá a la casa, porque por aquella calle siempre se lo ve venir a la mañana temprano y, luego del café matutino, se va caminando en dirección contraria por la misma calle. Por lo cual, deduzco que irá a la casa. Instalado en su habitual mesa de café, abre una interrogante, ¿Espera a alguien o solamente está pensando en algo? Porque su rostro siempre se posiciona en dirección a la calle, como quien mira a la nada absoluta meditando sobre algo. A lo mejor siempre espera a alguien, y, como ese alguien no viene, se cansa de esperarlo y se retira. Andá a saber…


El domingo pasado, fue cosa de no creer, si hasta me acerqué todo lo que pude para comprobar que realmente fuese quien yo creía. Estaba distinto, eso sí. Anteojos de sol, gorra, conjunto de gimnasia al completo, y una bandera de Douglas Haig atada a su cuello, cayéndole por la espalda estilo capa de superhéroe. La cancha estaba repleta. Él se había apoyado sobre un alambrado, y un grupo de personas saltaban y alentaban junto a este sujeto. No escuché bien, pero me parece que alguien le gritó “¡Miguelito, agarrate de este trapo que está bien asegurado y saltá con nosotros!” Y el tipo ni lo dudó, tan sólo tuvo cuidado de no golpear o dejar caer la pequeña radio que sostenía en su mano y luego empezó a saltar, cantar y sonreír… ¿Vos podes creer que sonreía? Yo no puedo salir de mi asombro aún. Luego, en el entretiempo, se sentó en un escalón y se acercó la radio al oído. La curiosidad me pudo y me acerqué hasta él. Fui precavido, sigiloso y disimulado, pero, aún así, apenas me senté, Miguelito giró su rostro en dirección mía y cordialmente me dijo “Buenas tardes, lindo partido ¿verdad?”. Tuve una mezcla de sensaciones que no sabría por dónde comenzar a enumerarlas. Puedo decir con toda seguridad que, de la misma rabia y envidia que me produjeron sus reflejos para detectar mi presencia, tenía ganas de arrancarle los anteojos y gritarle “¡Vos no sos ciego! ¡Dejá de mandarte la parte, chanta!”. Pero tan sólo le contesté “Sí, lástima que el tiempo no acompaña y en cualquier momento se larga a llover”. Fue entonces cuando la vida y este peculiar hombre castigaron mi incredulidad. Me respondió “¿Ah, sí? ¡No me digas! Pasa que estos anteojos son muy oscuros y no me dejan ver con claridad”. 
Entonces se quitó las gafas y comenzó a disimular que miraba el cielo en sus diferentes dimensiones. Inmediatamente comprobé que realmente era ciego. Para ese entonces, Miguelito comenzó a reírse a carcajadas y, un amigo que estaba junto a él, le celebró la ocurrencia riendo. Se ríe ¿vos podes creer que se ríe? Y uno que vive tan amargado por la plata, las mujeres, el trabajo, el auto que no te arranca y demás boludeces. No toma consciencia que sus problemas no son tan trágicos como uno los cree. Pero Miguelito realmente tiene un problema del cual podría vivir quejándose, y todos entenderían por qué razón siempre estaría de mal humor. Sin embargo, él se ríe y ríe en todo momento.


Comenzado el segundo tiempo, me quedé cerca de Miguelito y, para ser franco, ni sé cómo terminó el partido. Solamente sé que Miguelito no vio nada, pero sintió todo. Con su radio pegada al oído escuchaba todos los relatos de las jugadas. Con la hinchada gritaba, cantaba y alentaba. Con la única mano disponible, se agarraba la cabeza cuando una pelota rebotaba en el travesaño y salía; y con el corazón sentía. Sí, ahí está la clave: Sentía. Sentía con el corazón. No era un marciano como para no tener sentimientos, no veía pero sentía y eso le producía alegría y tristeza. Supongo que esa debe haber sido la única vez que lo vi triste y angustiado, cuando el equipo rival le hizo uno o dos goles a Douglas. Insisto en que no sé cómo terminó el partido, pero Miguelito me ha enseñado que tiene un partido que ganar día a día. Es difícil, él sabe “gambetearla” bien, pero siempre habrá un estúpido como yo que ponga en duda su discapacidad y lo trate de chanta y mentiroso. Y no sólo eso, sino que tampoco entenderá cuál es el sentido de la vida para una persona así. En tiempos en donde todo entra por los ojos, la lujuria por el cuerpo de una mujer, el celular táctil con pantalla grande para apreciar mejor las fotografías, el modelo del último auto que salió al mercado, etc. ¿Qué sentido tendrá la vida de un tipo así, que no puede apreciar la belleza de una mujer, la calidez de un atardecer, los colores del club favorito, la lectura del periódico de cada mañana? ¿Cuál es el sentido de salir a caminar por toda la ciudad, ofreciendo productos por catálogo, arriesgándote a que te atropelle un vehículo y tu vida se acabe en ese instante? Y aún más, ¿con qué necesidad económica hacerlo? Si basta con solicitar una pensión por discapacidad visual y tendrá asegurado un sueldo mensual para sobrevivir, tomar su cafecito diario e ir a la cancha todos los domingos. La verdad es que me muero de ganas por preguntárselo, pero su rostro y actitudes ya han respondido a mi pregunta: Ser feliz, Miguelito hace todo lo que hace para ser feliz. Sociabiliza, se integra al sistema como lo que es, una persona ordinaria. Quizás tenga un solo detalle, que lo notan todos menos él. En realidad, se cae de maduro que lo nota, pero le resta importancia. Trabaja, va de compras, asiste a las peñas, habla por teléfono, hace deportes adaptados a su condición de no vidente y es feliz, por sobre todas las cosas es feliz.


Ha terminado el partido y me he quedado aquí, contemplando desde lejos la lenta pero efectiva retirada de Miguelito. Conoce cada peldaño del estadio, sabe perfectamente hacia donde está la salida, su bastoncito es casi un decorado en sus manos porque no lo usa todo el tiempo. Alguien lo detiene, es un hombre con voz grave, le dice algo así como que a la noche había que festejar y que lo esperaban para comer asado y tomar vino. Luego se intercambian otras palabras, palmadas en los brazos y la sonrisa de Miguelito se vuelve a dibujar en su rostro, mientras se despide y continúa su recorrido. Sonríe, ¿vos podes creer que sonríe? Yo comienzo a creerlo…



*José Ramallo, escritor pergaminense, autor de la novela "La mujer de los 35".


Los cuentos precedentes fueron  publicados por periódico Irreverentes.

lunes, 15 de diciembre de 2014

RESEÑAS

          

           LILITHLA, LA CRÍTICA




                                             Por Marita Rodríguez-Cazaux



Luego del éxito de “EL CARNAVAL DEL DIABLO”, que agotó edición 2013, el escritor argentino Ricardo Tejerina presenta una nueva novela, “LILITHLA, LA TENTACIÓN TIENE NOMBRE DE MUJER”, con Prólogo de Julio Carreras, comprometido periodista, escritor y poeta nacido en Santiago del Estero.


Si el título no fuera suficiente para movilizar, la portada (tapa y contratapa) que ilustró el artista plástico Rubens Ettomi, tienta a penetrar en los cincuenta capítulos del thriller que remata en sustancioso Epílogo, aunando dos opuestos, INCIPIT, primeras palabras de un documento, y FIN, su extremo contrario, EXCIPIT.


“En el comienzo…” anuncia el Libro de los Libros, para ubicar el cosmos temporal en el plan de Dios, y agrega que, después de la creación gloriosa del universo, “creó Dios al hombre a su imagen y semejanza. “A imagen de Dios los creó. Macho y Hembra los creó.” A continuación, los bendice y los invita a “ser fecundos y multiplicarse”. 


Posteriormente -es decir, después de haber sido documentado este episodio en el texto bíblico-, relata que Yavhé, en la escenografía del bello Paraíso, dispuso que “no es bueno que el hombre esté solo”. Así pues, haciéndolo caer en un profundo sueño, toma una de las costillas del cuerpo viril y forma a Eva, a la que presenta ante el hombre, quien exclamó: “Ésta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne, será llamada varona porque del varón ha sido tomada”.


Ahora bien, ¿qué hace clamar a Adán, “Ésta sí…”, si en verdad Eva fuera la única? ¿No es acaso expresión tácita que refiere a <Otra/Aquella/La>, creada como antes se dijo “a imagen y semejanza”?


A partir de estas referencias, transcurre la fenomenal novela de Ricardo Tejerina, con un elenco de personajes que enfrentan el destino propio y batallan sus cielos y sus infiernos.


El Paraíso, es el mundo habitado en época contemporánea donde transcurren las pasiones y los desencuentros que rodean a Lilithla (la, femenino y singular) y a Adam. 


Los simbolismos emergen desde mitos y leyendas e integran significativos elementos. Así, las tribulaciones de Magdalena y Cristian, el nacimiento de Lilithla, la aparición de Samael. El encuentro de la bella Lilithla y el joven Adam Smartfin, docente de la cátedra de Historia de la Cultura en Universidad del Santísimo Salvador. La atractiva Cristal, confidente y amiga de Magdalena, con quien la niña mantendrá una sólida relación. Miguel, Natividad y sus relaciones con Boris Olenkov y Amílcar Carvalho.


En el Capítulo 12, aparecen los significados de nephilims y lilims, y una frase que hay que llevar presente en la lectura de los siguientes capítulos “la primera mujer es la que engendra a la última”[…] aquella primera, la concreta heredera, […]la más negada y omitida, la más repudiada y prostituida, la más renegada y libertaria[…]”.


Otro párrafo en boca de Cristal, en el Capítulo 24, “[…] Luzbel es un enigma en sí mismo, y la incertidumbre es su terreno […] la imprevisibilidad está en su naturaleza”, aporta suspenso sobre el avatar que espera a Lilithla, quien deberá limitar su poder con ayuda del amor. 


Por el Capítulo 33 (acertado mensaje de numerología), dos personajes descubren en el ordenador un escondido nombre femenino. En ese momento se descarga una lluvia impiadosa que golpea los vidrios de la ventana, un diluvio casi universal que relampaguea sobre la lumínica pantalla de la computadora y agita las aguas de las suposiciones. 


En la página 114, filosa descripción de Luzbel, y su propio pensamiento, “pobres criaturas salvajes” paseando su mirada por la disco, antes de subir a la limusina negra e impartir una orden que traerá minucioso entramado. Más adelante, página 160, la reflexión de Luzbel, ya no tendrá la misma fuerza “[…] de pie, implorando que lo viera —Ya no me ve, ya nada será como ha sido y todo será como entonces. Es una cruel paradoja, hay victorias que engendran derrotas y viceversa… […]”y se anonadará, para luego, desandar sus pasos y marcharse por donde había venido. 


Genial habilidad para recrear, en el Capítulo 48, la atmósfera en la que Lilithla y Adam, trasvasan su propio Paraíso sensual. A esta altura de la novela, los sucesos orientarán a un ritual que llevará al cierre, del que participarán cuatro de los protagonistas, orientados en cruz hacia los puntos cardinales.


Aquí me planto, un crítico literario que se precie no debe desnudar el desenlace y, mucho menos, el de novelas de suspenso. No quisiera cometer este pecado capital, por temor a que se me obligue a purgarlo por toda una Eternidad. 


Dispénseme misericorde, el Lector Amigo, y permítame un apunte personal sobre el Autor.


Ricardo Tejerina, tiene claro el mapa de escritura, no pierde el hilo conductor y cada personaje desarrolla cabalmente, pasado, presente y futuro. Lo hizo en la novela anterior, lo hace ahora. Es decir, hay tela para cortar y Tejerina sabe cómo hacerlo. 


Estas sintonías logran que se avance con buen ritmo. Aquí, hagamos una aclaración: cuando el Lector apenas apoya la punta de su paso sobre el texto, es porque la narrativa, no permite otra marcha y el relato peca de insustancial, se trata de una historia “sobrevolada”. Por lo que hallar el punto que corresponde a transitar gozosamente la lectura, dejando huella al pasar por los renglones, es un logro que otorga altura literaria. Y, Ricardo Tejerina, la tiene con largueza.


No resta más que exhortar al Lector, a conocer de cerca y sustancialmente, a “la única capaz de producir el sincretismo entre lo humano y lo divino”. La que se resistió, celosa de su independencia, a no vivir sino tal como fue creada, “a imagen y semejanza”.



“LILITHLA, LA TENTACIÓN TIENE NOMBRE DE MUJER”, de Ricardo Tejerina.

168 Páginas - Editorial Dunken (2014).



ARTÍCULO PUBLICADO EN EL OJO CRÍPTICO.,
VITAMINA CDIGITAL Y EDITORIAL DUNKEN.




http://www.dunken.com.ar/web2/libreria_detalle.php

miércoles, 10 de diciembre de 2014

CRÍTICA LITERARIA



BALANCE, POZO Y CENIT


                                                                                                  Por Dolores Cuello Medina
Marita

En la carnadura de 156 poemas, Marita Rodríguez-Cazaux, da cuenta de conocimiento literario frecuentado por actualizaciones de recursos y aporta un calidoscopio de sensaciones agudas y genuina hondura.

Sólido y concentrado, su estilo aúna toda libertad y se escapa de estructuras que obstaculicen el génesis que la incitó a poetizar.

Vigorosa poeta, la argentina desnuda el mundo real y el universo que sublimiza lo milagroso, ambos, de lectura filosófica y vital, desbordando otras voces que dejan de pertenecerle para salir de cientos de bocas; el Yo desaparece y se vuelve Origen. 

La musicalidad se explaya en experiencias visionarias, referencias en figuras como el poema La silla, de inmenso significado o Las migas en el mantel, que goza de cuadro cinematográfico.

Bajo el nombre de Encierro en gris, Celeste verdor, Malva, Aguada turmalina, Exilio, Azul profundo, toma símbolo en diferentes dimensiones el protagonismo del color.

Poemas amorosos, algunos de superior armado de amor cortés (Epifanía, Porque vuelves, Perfumes del cántaro manaban, Apenas asomada a la tibieza), otros de apasionada originalidad (Sagacidad, Despareja sintonía, Oda, Lúdico instante, Premura, Turbulencia, Me University de amor por vos, Ulises sin Odisea) o en caligrama (Brindis, Desvesti2) aportan al compilado esa fruición que se espera hallar en la poética.

La mujer que habla de su hoy (Prefiero, Flor y prisión, Soy y soy) y de su antes (Volver a ser, retornar) también se estremece genitalmente (Cuerpo vacío, Por la arcada del destierro, Yerma, Espía), este último trabajo sobre el desdoblamiento de la sombra propia.

Tienen espacio asimismo los años que sesgaron generaciones (Fiat, Es hora de sentarnos a la mesa, Y le cantes justicia al mundo entero. Plus Ultra de mí, Escombros, Ficción) y las escenas sociales (Telenovela, Marginal, Genocidio del Ángel, Otra vez aquel mismo Sur, Miserere) destacado poema que remite a la tragedia en la estación de trenes.

Tibias, como son las lluvias en la América Latina, hay poesías que las nombran desde distintos conflictos angulares (A la lluvia le gusta, Llueve corazón que ya no late, Herida de Lluvia, fuego y nieve, Lluvia del Sur) como también se multiplica el vértigo que provocan las escaleras (Balcón, Desierto de luz en la escalera, Patria de amor llega por la escalera) y las siluetas de los muros (Corazón de verdín, Resquebrajado, Tapia de papel, Medianera ciega, Pecho de cal).

Poemas de interiorismo fascinante, donde se la sabe en carne doliente (Diapasón, Conversa, Sueño que duele, Llaga, Secuelas, Era toda yo, toda partida) y otros donde la remembranza detenida en sus padres, la agoniza (La vida era la casa, El sol sobre tu almohada de perdía, Aún no puedo, no, La niña mira, Fuimos la vida).

Tiene espacio la tierra perdida, el destino del exilio (Hacia el noroeste mi pensamiento, Preterición, Lluvia y distancia) y el abrazo como bandera (Advenimiento del abrazo, Extravío, Perdido abrazo), escenografías provincianas (Viento del Chalten. Emigra al sol) y los paisajes ciudadanos (Río que mar sueña, Tango, Secreto, Ciudadana despedida).

Análisis aparte merecen las composiciones donde los personajes se empalman a los héroes de la mitología (Mito de belleza, De Evandro, llena, Enone, Pasión astral, Amor, Leandro y Hero) y aquellos poemas donde la mitología es la propia, tradicional, heredada, esa mitología de guerra civil que se vivió en la casa de los emigrantes españoles y muy particularmente en la de los gallegos que no pueden desprenderse de su ancestral morriña.

Para ir cerrando la crítica (y abriendo el poemario) algo sobre su Autora: Simbologías y acierto en hallarlas, pureza de línea y de pensamiento, luz para dar con el costado más bello, y una femineidad, “actitud femenina”, como sentido primordial.

El deseo del crítico es ayudar al Lector a descubrir los puntos más interesantes de una obra y alejarse del Autor para evitar el subjetivismo. En este caso, quien hace la presente crítica ha claudicado de serlo a favor de sentirse lectora y disfrutar esta impecable antología poética.

No cabe duda de que, entre las poetas americanas, la Autora argentina ocupa un lugar destacado.





 * Dolores Cuello Medina: Escritora y periodista mexicana.



“POESÍA CONGREGADA” de Marita Rodríguez-Cazaux
Editorial Dunken 2014, 200 páginas.

Compila los poemarios “Pasos desnudos”, “Luz raída” y “Pulso sensual”.

Artículo publicado en la fecha por periódico Irreverentes.

domingo, 7 de diciembre de 2014

EN TORNO A "POESÍA CONGREGADA"

                           

                                             “Los estantes cubiertos de libros son como un abrazo”
                                                                                                                        M.R.-C. 


   

                                                     
                               UN ENCUENTRO IRREVERENTE

                                                                                               Por Alberto Feldman



EL MARCO

Salón cálidamente familiar de la Editorial Dunken, “un pueblo de libros”. Y la estrella, Marita Rodríguez-Cazaux, autora de la frase del epígrafe, quien hoy cambia su frecuente rol de cordial y amena presentadora, compiladora y coordinadora de Talleres literarios, por el más expuesto de autora.

Aunque ha escrito y presentado muchos libros propios, no es difícil que la emoción y la ansiedad jueguen lo suyo. Así fue; en varias ocasiones la escritora fue ganada por íntima emoción, más evidente al evocar poéticamente a su madre.

En la mesa de presentación, tuvo presencia de peso, el afamado literato y conferencista Carlos Penelas, galleguista como ella, de formación libertaria, adquirida nada menos que al lado de Diego Abad de Santillán.

Un público sensible y entusiasta le demostró expresivamente a Marita su admiración y su afecto, de igual modo a los escritores que fueron invitados a la mesa; la escritora Elsa Lombardo Verza, que leyó un poema dedicado a Beti Zapata, la poeta Stella Victoria Tejerina, altamente respetada y amada por Marita, y quien tuvo la deferencia de interpretar el poema a ella dedicado en el poemario.

Como cierre, las palabras de Ricardo Tejerina, talentoso y amable escritor, compilador y presentador, a quien tuve el gusto de conocer cuando asistió como partero, junto con Marita y Jairo Fiorotto, al nacimiento de la Antología “…El diálogo nos amontona” editada en este año por Dunken.

Luego, aplausos y el brindis que agrupa afecto y admiración, la corriente de empatía y magia que sobrevuela a los poetas, sin duda alguna.


ANTES


Llegué puntualmente a las 18.00, había estado en un café de la esquina, donde había otras personas que, lo mismo que yo, hacían tiempo para no ser los primeros en llegar al salón. Nos equivocamos, ya había algunos corrillos y no fue muy fácil llegar hasta Marita, saludarla y recibir su cálida sonrisa.

Cumplida esta deliciosa obligación, me senté en la tercera o cuarta fila, en la última silla del lado derecho, al lado de la puerta de la pequeña oficina del editor, cerca de los libros que tapizan la pared que mira hacia la calle Ayacucho, y me dispuse a esperar cómodamente el comienzo del acto.

Me sentía muy contento, Fernando Veglia había publicado dos días antes en Irreverentes, con una ilustración muy atractiva, mi cuento “El piano y la trompeta” y me notificó que había un comentario favorable al mismo, hecho por un profesor de trompeta de Córdoba, España.

Después de leer el comentario del prestigioso músico, algo hizo “click” en mí, tuve la sensación de haber encontrado por fin, después de tantos años, nada menos que mi “grupo de pertenencia”.

El estar allí, convocado por la magia poética y personal de Marita, entre esas paredes tapizadas de libros, era el marco adecuado para las sensaciones que experimentaba.

En estos pensamientos, aguardaba el inicio de la presentación de “POESÍA CONGREGADA” sentado detrás de una muchacha que, también sentada, aprovechaba la distancia de un brazo al estante de libros, y tomaba con delicadeza, uno tras otro, los ejemplares expuestos, hojeándolos y volviéndolos a su lugar.

Yo seguía con interés su actividad, mitad observada y mitad intuida, cuando descubro la tapa de mi segundo libro, último en el mismo estante, contra el marco de la puerta de la pequeña oficina.

Veo que la chica, va acercando la mano, pasa los dedos por los lomos, y, sobre mi libro, detiene el movimiento y lo toma.

Para mostrar el momento vayamos mejor a la imagen:

Yo, Alberto: (riendo, tocándole suavemente el hombro para que ella gire la cara hacia mí) — ¡Hace años que sueño con encontrar en la calle, en un ómnibus o en un banco de plaza, a una persona que esté leyendo un libro mío! ¡No me digas que no vas a abrir el siguiente!, ¡es lo más cerca que estuve de un milagro!

Ella, la Señorita X: (toma el libro y lo hojea. Alberto no puede parar de hablar, le dice que son cuentos cortos y que puede comenzar por cualquiera de ellos, sin método fijo, eligiendo un título del Índice al azar). Ella hace caso omiso y lee el primer cuento. Mientras, sigue llegando público a la presentación. Luego, cierra el libro y lo devuelve al estante.

—Yo también escribo, pero todavía no edité —dice.

Alberto: (Alberto, agrandado, se dispone a dar Cátedra) —Pues no pierdas la oportunidad, primero la edición, y luego la posibilidad que ofrece Dunken de un lugarcito en la Feria del Libro. ¿Cuántos cuentos tenés escritos y qué estudiás?...

Ella, la Señorita X: —Unos diez cuentos. Estudio Comunicación y estoy publicando algo en Irreverentes,…

Alberto: — ¡Qué casualidad!, yo también tengo algo publicado en esa Página. Justamente ayer leí varios trabajos y me impresionó mucho la reseña sobre “Lunar”, poemario de Melisa Ortner,
artículo literario de... Mariana...¿Vos no serás por casualidad Mariana Ruiz?...

Ella, la Señorita X: — ¡La misma!... Y vos debés ser el autor de “El piano y la trompeta”, ¿verdad?...

En ese instante, se daba inicio a la presentación, la Señorita X y yo, guardamos silencio.


DESPUÉS


Al día siguiente leí con más atención en Irreverentes los escritos de Mariana; las excelentes entrevistas que realizó, volví a leer la reseña de “Lunar”, y su hermoso cuento “Aromas”.

No soy crítico, sólo un aprendiz de escritor, pero son llamativos sus trabajos, su simpatía y su modestia.

También es llamativo que Marita Rodríguez-Cazaux, siempre está allí, donde ocurren estas coincidencias.


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*Alberto E. Feldman, escritor argentino.

Autor de "Castillos mentales, castillos reales" y "Tango final en Saavedra"



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VITAMINA CDIGITAL





                                                                  De la Redacción de Vitamina


La poeta argentino-gallega Marita Rodríguez-Cazaux presentó su poemario 
'Poesía Congregada' con gran marco de público en el salón de Editorial Dunken. 
Acompañaron en la mesa a la poeta los escritores Carlos Penelas y Ricardo Tejerina. 
A su turno, el autor de 'Lilithla' dijo: "La poesía de Marita es como ella: bella, 
sensual y sensible además de perfecta en su construcción y virtuosa en sus sentidos". 
La poeta Stella Victoria recitó "Exilio" y le dio el tono justo a una tarde inspiradora.


RESEÑA LITERARIA

“El Principito”,de Antoine de Saint-Exupéry

Por Fernando Veglia
2013-02-07-19-28-15
El Principito es un libro infantil, un libro al que arribamos a temprana edad. Quizá lo hayamos descubierto en el hogar o en la escuela. Quizá la frase “Lo esencial es invisible a los ojos” o el dibujo de una boa tragándose un elefante nos condujera a sus páginas.
La obra es reconocida mundialmente; fue traducida a varios idiomas, llevada al cine y a la televisión. Un lector de cualquier edad y nacionalidad puede abordar sus sencillas e inigualables letras, apreciar las ilustraciones e interpretarla a gusto; cada personaje y cada objeto tiene su significado. Los temas que comprende son profundos y esenciales: el mundo y su sentido, el amor, la amistad, la superación.
Un aviador narra la historia. Comienza criticando a las personas mayores, incapaces de utilizar la imaginación y con las que no puede mostrarse tal cual es. Recuerda que, averiado su avión en medio del Sahara y con agua para resistir ocho días, un muchachito lo halló: era el Principito.
Mientras reparaba la máquina supo que el Principito -junto a tres volcanes, una rosa y peligrosos baobabs que arrancar- era el único habitante de un pequeño planeta, que necesitaba un cordero para deshacerse de los árboles, amaba a su flor y le gustaban las puestas de sol. A pesar de ello y cansado de los caprichos de la rosa, viajó a otros planetas y conoció a un autoritario rey, a un  vanidoso, a un bebedor, al avariento hombre de negocios, al laborioso farolero y al sabio geógrafo. En la tierra encontró a la serpiente, otras rosas, un zorro y, finalmente, al aviador.
Hombre y muchachito forjaron una sincera y dulce amistad derribando, con simpleza infantil, los absurdos de los mayores. Sin embargo, reparado el avión y dispuesto a partir el Principito, los alcanzó un doloroso y melancólico adiós.
Debo confesarles que, desde la primera vez que leí el bello relato, suelo reencontrarme con el niño de cabellos dorados. Lo hago a través de un rito que él me confió y que compartiré con ustedes.
En los momentos de flaqueza, en los que no escuchen el tintineo de las estrellas, en los que comiencen a transformarse en personas mayores, a ahogarse en cifras, a ver sólo apariencias, deben correr como cabras salvajes, girar hasta marearse, dibujar garabatos sin sentido, cantar, gritar, nunca abandonar una pregunta sin respuesta, deben comportarse como niños hasta que los números desaparezcan, hasta que no los consideren personas serias y los regañen. Entonces, se les aparecerá. No lo verán con los ojos pero estará con ustedes, más cerca de lo que imaginan. Se lo aseguro. Bastará darse dos suaves golpecitos en el pecho y mirarse en un espejo.


El Principito (1943), de Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944), escritor y aviador francés.
Publicado por Fernando Veglia p/fernandoveglia


    
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         “LOS HERMANOS SISTERS”, 

              DE PATRICK DEWITT

                                                                             Por Germán Cáceres
Es un western que atrapará al cinéfilo porque podrá imaginar que está leyendo un guión destinado a directores de la talla de John Ford, Henry Hathaway o Delmer Davis; asimismo, Patrick deWitt les otorga a las descripciones y acciones un ritmo cinematográfico. También corresponde interpretar la novela como una road movie: en la cabalgata que realizan Eli y Charlie Sisters  en 1851, desde Oregon City hasta California, para asesinar por encargo a un buscador de oro, los hermanos se topan con personajes acuciados por la fiebre de ese metal, y Charlie, el más inescrupuloso de ambos, se da el gusto de matar a varios de ellos. Hacia el final, Eli –que narra la historia en primera persona- reconoce: “… no sé porqué y en ocasiones he deseado que no fuese así, lo cierto es que tenemos unas aptitudes especiales para el asesinato”.
La novela lleva un ritmo pausado, sereno, de agradable lectura. La componen capítulos cortos de una prosa fresca y fluida de sólida belleza. Debido a la brillante traducción de Mauricio Bach el libro parece haber sido escrito en nuestro idioma.
Los hermanos Sisters contiene momentos de logrado humor y suele ser profunda: “El chirrido de los muelles de una cama sufriendo bajo el peso de un hombre inquieto es el sonido de la soledad”.
Hay en todos los personajes –no sólo en Eli y Charlie- una intensa aspiración de cambiar sus  malogradas vidas y elegir la senda que posibilite la paz interior.
La codicia patológica y la frustración de las aspiraciones humanas son el eje temático, como en El tesoro de la Sierra Madre (1948) y en el resto de la filmografía de John Huston.  Así, Eli reconoce: “Quizá un hombre en realidad nunca es verdaderamente feliz. Quizá no exista tal cosa en nuestro mundo, después de todo”.
Patrick deWitt (isla de Vancouver, Canadá, 1975) obtuvo con esta obra numerosos premios –además de ser nominada para el Man Booker británico- y fue declarada Libro del año por la revista New Statesman y Amazon (en Canadá).
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Los hermanos Sisters“, de Patrick deWitt (Anagrama, Barcelona, 2013, 336 páginas)

sábado, 6 de diciembre de 2014

PUBLICACIÓN DE VITAMINA CDIGITAL

                                                                                                         sábado, 6 de diciembre de 2014


HABLEMOS DE CUENTOS

Julio Cortázar y Jorge Luis Borges

En esta entrega el autor Ricardo Tejerina analiza y repasa algunos de los mejores cuentos de la literatura argentina y universal. Digno broche para cerrar la cuarta temporada de El Ojo Críptico.


Hace unos días, la editorial con la cual trabajo (Dunken) me convocó para realizar durante el primer trimestre del año próximo una “clínica de cuentos” junto con la colega Marita Rodríguez-Cazaux, en el marco de su programa ROI (Recepción de Obras Inéditas). El propósito de una actividad como ésa es brindarles a los participantes un conjunto de herramientas (teóricas y prácticas), para que en base a ellas puedan realizar su propia obra y publicarla.


Ya no se trata de un trabajo libre y autodidacta, sino de una elaboración guiada a partir de una cantidad de premisas establecidas y competencias adquiridas. Es, en suma, un salto de calidad y al mismo tiempo una armonía compositiva por parte de un colectivo con motivaciones uniformes (en este caso, autores participantes de una “clínica”).


El interesante proyecto me llevó a bucear en el género en cuestión y rescatar una cantidad de textos y autores que –a mi humilde juicio– no sólo son ideales para la ejercitación, sino voces preclaras de la literatura moderna y contemporánea. 


He confeccionado, pues, una ajustada nómina de escritores (mayoritariamente argentinos) que han descollado como cuentistas. Sin que su enumeración responda a un orden de prelación, mi selección de autores es la siguiente: Jorge Luis Borges, Rodolfo Walsh, Leopoldo Lugones, Julio Cortázar, Eduardo Ladislao Holmberg, Horacio Quiroga y Edgar Allan Poe. 


He preferido a los autores nacionales, es cierto, pero no podía evitar a Quiroga (uruguayo) ni tampoco al bostoniano Poe. Justamente, uno y otro son autores de algunos de los cuentos que más me han influido e impresionado (en todo el sentido de la palabra) y tal vez también sean ellos imprescindibles referencias a seguir en el mundo de la narrativa, merced a la valía de sus obras y a la singularidad de sus estilos.


Por caso, considero que “El extraño caso del Señor Valdemar” ("The Facts in the Case of M. Valdemar", 1845) de Edgar Allan Poe (1809-1849), es una de las obras cumbre del género. Está claro que del “maestro del cuento” pueden citarse una gran cantidad de relatos y no fallar con ninguno. Quién no pondría entre sus favoritos a: “La carta robada”, “El tonel de amontillado”, “El enterramiento prematuro”, “Los crímenes de Calle Morgue”, “La caída de la Casa Usher”, “El gato negro” y tantos más…


En cuanto a Horacio Quiroga (1878-1937), confieso que el autor de “El almohadón de plumas”, “La miel silvestre”, “La gallina degollada” y “A la deriva” entre otros, junto a Walsh, son mis favoritos. Del uruguayo tengo el recuerdo de la escuela primaria y secundaria de aquellos muy difundidos y maravillosos Cuentos de la selva y Cuentos de amor de locura y de muerte, textos que hacen de Quiroga uno de los autores más populares y leídos hasta la actualidad. ¡Y vaya que eso sí es justicia! Del segundo libro, recomiendo fervientemente un cuento titulado “El solitario”; en él Quiroga despliega todo su talento como cuentista, pero adicionalmente le imprime una sutileza descriptiva y halo poético a la crueldad de la historia, que, además, lo revela como un cultor de sentidos que trascienden a la ya de por sí excelente narrativa que lo caracteriza.


Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Leopoldo Lugones y el ya mencionado Rodolfo Walsh, conforman un póker de ases de calidad superior. Todos cuentistas de fina pluma aunque diferentes entre sí, devienen capaces de remontar cualquier historia. El mentado cuarteto nos ha dejado algunas piezas que resultan paradigmáticas. 


De la obra de Borges nombrar sólo algún cuento es tropezar con una inopinable mezquindad o debilidad de conocimiento de su obra. Vaya pues Ficciones completo y también El Aleph. Si algo es preciso destacar del ganador del Premio Cervantes en 1979, es la creación de la narrativa apócrifa, que no es otra cosa que presentar sus textos de ficción con una verosimilitud que logran hacer que el lector cruce la frontera de la realidad y desconozca desde ese preciso momento sus certeros límites.


Cortázar, Lugones y Walsh, nos han legado obras magníficas. El genial Julio las hizo todas. Desde algoritmos insólitos como “Instrucciones para subir una escalera” hasta relatos inolvidables como “Casa tomada” o “El hijo del vampiro”. Por su parte, Leopoldo Lugones (en cuyo homenaje se celebra el “Día del escritor”) con su cuento “Yzur” (que trata sobre el afán del protagonista por hacer hablar a su chimpancé) dejó lo que muchos consideran como el mejor relato de la literatura argentina. En tanto, Rodolfo Walsh descolló con cada uno de sus cuentos de atmósfera negra. El volumen Cuento para tahúres y otros relatos policiales es de lectura casi obligatoria para cualquiera que pretenda aproximarse al autor desaparecido por la última dictadura. 


Para el final, a propósito, dejé Eduardo Ladislao Holmberg (1852-1937). Tal vez el menos conocido de todos los autores nombrados, pero no por ello menos diestro. Holmberg, que era médico y naturalista de profesión, volcó todos sus conocimientos científicos en su obra literaria. Convengamos que el siglo XIX y su rémora se caracterizaron por un deslumbramiento por la ciencia y el transitar por las fronteras de la misma. Así fue que este escritor argentino concibió al menos dos cuentos que por derecho propio están en el panteón de nuestra literatura: “La bolsa de huesos” y “Horacio Kalibang o los autómatas”. Búsquenlos en la web, no se van a arrepentir.


En síntesis, este acotadísmo repaso por el género emblema de la narrativa vino justamente “a cuento” por la sabia intención de Editorial Dunken de realizar el año próximo una “Clínica de Cuentos”. Enhorabuena por el emprendimiento, pues ya lo decía Bioy Casares (otro de nuestros grandes narradores): “El propósito fundamental de la profesión de escritor es contar cuentos”. 


¡Felices fiestas! Nos reencontramos, Dios mediante, el año que viene en este mismo lugar.


                                                Hasta la próxima mirada.
                                                               El Ojo Críptico



Artículo perteneciente al blog del escritor Ricardo Tejerina.



Ricardo Tejerina y Marita Rodríguez-Cazaux