jueves, 8 de diciembre de 2016

POÉTICA





CANTO 15

Por la ventana entra un gran cielo.
A mi costado,
en el doblez de la sábana,
se arruga un hilo de bruma.
Sobre él,
paso los dedos como si acariciara
el estertor de una llaga.


M.R.-C.
Inéditos

POÉTICA








Canto 20

Pagué moneda de dolor profundo
al barquero que por el río lleva al último viaje.

Nos entendimos con un gesto.
La palabra más genuina es la que callamos.

Aún oigo el tintineo del metal
y el golpe sobre el agua.



M.R.-C.
Inéditos

domingo, 4 de diciembre de 2016

POÉTICA



Jalaluddin Rumi*

Fragmento


[...] Excepto el amor intenso, excepto el amor,
no tengo otro trabajo;
Salvo el amor tierno, salvo el amor tierno,
no siembro otra semilla.
Todo he paladeado. Nada hallé mejor que Tú.
Cuando me zambullí en el mar, no hallé perla como Tú.
Abrí todos los toneles, he paladeado de mil vasijas,
Mas ninguno excepto aquel rebelde vino tuyo
tocó mis labios e inspiró mi corazón.

Esas palabras tiernas que nos decimos uno al otro
están guardadas en el corazón secreto del paraíso.
Un día como la lluvia, ellas caerán y mojarán todo y
su misterio crecerá verde sobre el mundo.

Cuando estoy contigo, estamos despiertos toda la noche
Cuando no estás, no puedo dormir
¡ Que Dios bendiga estos dos insomnios !
y la diferencia entre ellos.
Solía ser tímido.
Tú me hiciste cantar.
[...]


* Yalāl ad-Dīn Muhammad Rūmī, (1207-1273)

También es conocido como Rumí, que significa «originario de la Anatolia romana» ya que la Anatolia era denominada por los turcos selyúcidas como la «tierra de Rum (los romanos)», en referencia al Imperio Romano de Oriente más conocido como Imperio bizantino.


La importancia de Rumí trasciende lo puramente nacional y étnico. A través de los siglos ha tenido una significativa influencia en la literatura persa, urdú y turca. Sus poemas son diariamente leídos en los países de habla persa como Irán, Afganistán y Tayikistán y han sido ampliamente traducidos a varios idiomas alrededor del mundo.

POÉTICA

AYN AL-QOZAT HAMADANI (1098) Filósofo y místico, ejecutado en Bagdad a los 33 años de edad por el cargo de herejía.


HARÉN PROHIBIDO


Sí, débiles, mis piernas
No corren detrás tuyo, nunca pienses
Que es porque mi corazón no está atrapado
En tu amor;
No me retengo
A causa
De no ser tu cliente-
Sino
Que a mi ojo le está prohibido
El harén
De tu Visión.

POÉTICA



Ibn Suhayd (Córdoba +992) Poeta.


Cuando, llena de su embriaguez, se durmió,
y se durmieron los ojos de la ronda,
me acerqué a ella tímidamente,
como el amigo que busca el contacto furtivo con disimulo.
Me arrastré hacia ella insensiblemente como el sueño;
me elevé hacia ella dulcemente como el aliento.
Besé el blanco brillante de su cuello;
apuré el rojo vivo de su boca.
Y pasé con ella deliciosamente,
hasta que sonrieron las tinieblas,
mostrando los blancos dientes de la aurora.

POÉTICA



Omar Khayyam* (1048-1131 datos Internet, en otros textos 1050-1022) Poeta persa.


La rueda de los cielos rauda gira
aun después de mi muerte y de la tuya;
y porque nuestra pena no concluya,
contra tu alma y mi alma ella conspira.

Ven sobre el verde césped, dulce Amor,
reposa en mí tu frente pensativa;
sólo nos resta una hora fugitiva
de descansar sobre esta hierba en flor.

Después... vendrá otra hierba aún más fresca
del suelo que de amor se fertiliza,
cuando de tu ceniza y mi ceniza
la nueva savia en su eclosión florezca.


* Ghiyath al-Din Abu l-Fath Omar ibn Ibrahim Jayyam Nishapurí, matemático, astrónomo y poeta persa. Su nombre suele encontrarse también escrito de acuerdo con la transcripción inglesa, Omar Khayyam. Igualmente, puede aparecer la versión árabe, Omar al-Jayyam u Omar ibn al-Jayyam.

Se supone que era descendiente de "fabricante de tiendas" como indica la traducción de su apellido.

sábado, 3 de diciembre de 2016

NARRATIVA




BAILE

Por Julio M. Scarinci *

Sube el telón al mismo tiempo que comienza la música.
 Siete compases. Los voy contando. Mi cuerpo inmóvil  aguarda.
 La posición ayuda a que pueda mirar a los espectadores, pero no los veo. Ellos sí.
Siete. Escucho la música y comienzo a moverme. Cierro los ojos. Me contraigo. La música me alcanza y  acaricia mi piel, la esquivo, pero sigue sin tocarme, se adelanta, espera. Ya no resisto, me dejo alcanzar y… se produce el encuentro. Dibujo con mis movimientos y pinto con el color de mi piel. Me quedo inmóvil. La música hace que  mi cuerpo se mueva. Me hamaco. Se  clava en mí y recorre mis venas. Me sacudo, extiendo los brazos hacia adelante; ahora  envuelve mi torso desnudo y me acuna. La dejo. Siento su abandono y la persigo. Se detiene dos silencios y se deja alcanzar. Nos abrazamos, giramos, nos separamos, extiendo los brazos en un salto,  tenso mis músculos y corremos. Nos encontramos. Calla.. La quietud  recorre todo mi ser, la música me vuelve a rodear y se desliza por mi espalda, acaricia mi nuca, inclino la cabeza. Me vuelve a dejar. Desde lejos  mide mi actitud; me enlaza el cuello. Le ofrezco mis manos y mis brazos. Se mece en ellos. Me contraigo, me acompaña, se retuerce, la acompaño y… despego.  Sostiene con suavidad mi salto y me lanza,  recibe mi cuerpo, me lleva, corremos juntos y nos elevamos. Descendemos, descendemos, nos detenemos.
Silencio. Uno, dos, tres.
Soy huracán, brisa, mar, estatua, granito.
La gente me mira. No veo. Un cerrado aplauso premia mi entrega.
Cae el telón. No veo. Una nube me va envolviendo y la paz me invade.
Camino lentamente hacia mi camarín temblando con placer por la felicidad que encontré en el escenario. Me siento frente al espejo. Con una toalla seco mi rostro y corre por mi mente todo lo vivido. Cierro los ojos y descanso. Cuando los abro me doy cuenta que ha pasado el tiempo. No sé cuanto, pero estoy solo.  Abro la ducha y siento el agua que recorre mi cuello, mi espalda y lentamente va deslizándose por todo mi cuerpo envolviéndome sensualmente como las caricias de cien manos. Escucho el golpeteo de las gotas sobre el metal de la canilla como una sinfonía que me invita al último baile. Termino. Me visto, apago la luz y camino hacia la salida pasando por el escenario. Me detengo, la sala está vacía. Sólo una luz testigo permite adivinar entre las sombras, los palcos, las butacas y los ornamentos, cuando desde uno de los palcos, me atraen unos ojos que brillan en la oscuridad. Un suspiro atraviesa mi pecho, y presiento quién es la que noche a noche asiste a mi espectáculo como si aguardara agazapada un momento especial para encontrarnos.
Me acerco y le digo:
        Veo un hilo de vida en el mar del bosque.
        Al fin lo encontraste, pero lo sepultaste apresuradamente antes que el escorpión lo incorpore a su izquierda.
         El sol estalla y me cachetea con dulzura. Quiero compartirlo con el niño que con su llanto asoma del hueco de un caracol gris, mientras una bota rompe una hoja en las nubes.
        Es fraude.
        ¿O es delirio? ¿No ves el camino que entra a la roca que humea sangre?
        Es fraude.
        Humea vida. Explota la roca y aparece un obispo comiendo el ojo de un pescado.
        Es fraude, porque tus manos tocaron cuando ya las dejó el tacto.
        Todo parece tan absurdo como una píldora violeta, pero con el delirio absurdo de éste fraude, podríamos encender un fósforo bajo el agua.
        Es fraude. Podrías si bajaras sin prontuario, sin abuelos, como piel de frío, de risa, de hippie. Esa  imagen rueda hasta la vereda, quiere gritar pero se ahoga en un pozo de risa.
        Intentemos salir del pozo mordiendo las paredes, que vas a encontrar tres pares, tres vidas, tres mundos, un espejo. Un camino.
        Encontrás poco, hay mil pares, mil vidas, mil mundos, mil espejos y un coraje.
        La noche corcovea y parece darte la espalda. Abrirse es el camino. Encima de la roca hay una pecera con una sonrisa adentro. Hagamos explotar la roca sin derramar la sonrisa.
        Fraude.
        Lady Godiva cabalga la sorpresa. Todos los intentos tratan de alcanzar el canto universal. Quizá se encuentre en cada uno y para cada uno sea diferente. Pero no discutamos más, hace varias noches que te veía en la oscuridad y siempre desaparecías, el fraude resultastes vos.
        Quise dejar que terminaras tu última función, eres mi mejor cliente. Hoy, te vienes conmigo.

Bs.Aires. 3 diciembre/2016


*Tallerista Biblioteca Carlos Sanchez Viamonte.
Coordinador del taller literario Carlos Penelas