lunes, 18 de junio de 2018

BREVE OPINIÓN Y RESEÑA LITERARIA



ESCOTE ABIERTO, de Marita Rodríguez-Cazaux


                                                                                          Por AMADEO GRAVINO*


Como ocurre con gran parte de la poesía de hoy este libro muestra una palabra quebrada, partida, errante, imprecisa por momentos y marcada por influencias de algunos referentes como Neruda, Benedetti, Girondo, entre otros.

Como una propuesta surrealista, el texto demanda nuestra plena participación para alcanzar la totalidad de su comprensión.
Amor, desamor, sensualidad, erotismo, melancolía y nostalgia dominan la mayor parte de la obra, que que fluye con naturalidad.

La voz de la autora es musical, aguda, sutil, y retrata la femineidad, la angustia, la incertidumbre, las dichas y el goce del amor de manera convincente.

El poemario sostiene nuestro interés hasta el final, escrito a Escote abierto, logrando en numerosos momentos un efecto de marcada belleza.



La autora, Amadeo Gravino, Luis Raúl Calvo



*El poemario se presentó también en el Ciclo de Literatura y Arte "Antonio Aliberti", coordinado por los escritores argentinos Luis R. Calvo, Amadeo Gravino y Julio Bepré.




Marita Rodríguez-Cazaux 



* Poeta y escritor argentino.
En Palabras de la literata Dra. Graciela Maturo:
"Amadeo Gravino ama el mundo, y por amarlo él lo comprende y puede cantarlo, en en medio de la injusticia de la hombres, la pérdida de sentido que que amenaza la vida ciudadana, los errores, las atrocidades.
Gravino, guiado por su pertenencia cósmica, que es un modo de fe, opta abiertamente por la razón poética. Elige la magia del vivir y la confianza en el arte como rumbo de revelación y salvación".


ESCOTE ABIERTO, Poemas (noviembre 2017) Editorial Dunken.
Salón de Venta: Ayacucho 357, CABA.

FERNANDO VEGLIA








Entrada nueva en Fernando Veglia


En el territorio de Morada Negra, al borde de un hilo de agua, había un pequeño asentamiento de hormigas exteriores. Vivían bajo piedras, recogían granos, enfrentaban depredadores e inclemencias climáticas, y eran admiradas por su fiereza en batalla.
Hacía mucho tiempo que usaban las rocas como hogar; no podían adaptarse a las estrechas y oscuras galerías, ni a las intensas relaciones sociales y laborales. Conservaban el asentamiento a cambio de un tributo mensual y jóvenes que enviaban al servicio militar.
Gozaban, al igual que sus ancestros, de la vida campestre y del ocio. Sus objetivos eran obtener abundantes granos, alejar las amenazas y asegurarse un lugar entre las piedras. Las más ambiciosas emigraban al hormiguero, convirtiéndose en obreras o militares.
Ilei, una joven hormiga exterior, trabajaba en el campo acarreando pesados tallos, colaboraba en la defensa haciendo guardia por las noches y ocupaba el tiempo libre aprendiendo antiguas tradiciones e historias.
Acopiaba, junto con otras compañeras, granos para pagar a un instructor de  Morada Negra y aprender modernas técnicas de recolección. Estimaban que esos conocimientos harían que el agotador esfuerzo rindiese el doble. Pero el proyecto no fue concretado; Morada Negra reclamó el tributo y a los jóvenes para enfrentar a los invasores de Nueva Morada Roja.
Ilei y sus compañeros marcharon siete días, a través de la sofocante aridez, hasta llegar al hormiguero. Acostumbrados a vivir al aire libre, los sorprendió la oscuridad de las antiguas galerías y  la enorme e inquieta población.
La breve instrucción militar no fue un reto; eran fuertes, hábiles con las mandíbulas y capaces de sobrevivir en la adversidad. El grupo de hormigas exteriores, destacándose entre los de su clase, fue convertido en un pelotón de defensa exterior y enviado, al mando del capitán Sial, a proteger la “Boca del infierno”.
Ilei, la noche previa a viajar hacia el  temible destino, estaba inquieto, no podía dormir. El cielo oscuro, roto en miles de estrellas, no lo cobijaba, ni siquiera la familiar brisa seca podía contenerlo.
-¡Eh! ¡Eh! ¡Despierten! –susurró Ilei.
-¿Qué sucede? –preguntó Lail, fastididado.
-¿Qué quieres, Ilei? –preguntó Aim, sobresaltado.
-¿No les parece extraño que, en menos de un mes, nos envíen al frente? –soltó Ilei, preocupado, como si fuesen víctimas de una conspiración.
-¿No confías en lo que aprendiste? –preguntó Aim, cansado.
-¡Compañeros, Ilei tiene miedo! –exclamó Lail, burlándose abiertamente.
-Tonto, crees en toda apariencia. Sé que somos mejores que el resto... Pero no sabemos nada de la guerra... –espetó Ilei a Lail, dejándolo sin palabras.
-¡Vamos, Ilei! ¿Qué necesitas saber para utilizar tus mandíbulas como armas? ¿Para arrojar una munición de insecticida y esconderte bajo tierra? –protestó Aim.
-Es cierto, son cosas fáciles de aprender –coincidió Ilei.
-¿Entonces? ¿Tienes miedo? –preguntó Lail, seriamente, sabiendo que la cobardía era mal vista entre las hormigas exteriores.
-Es que no somos soldados ¿Por qué no envían a los guardianes de las reinas o a los veteranos? Presiento que iremos a una trampa –respondió Ilei.
-¿Qué dices? El instructor dijo que las hormigas rojas son cobardes, temen a nuestras mandíbulas, y que el gran Moi tiene todo planeado para vencer –retrucó Aim.
-¿En tan poco tiempo confías en las hormigas negras? Si el enemigo fuera cobarde y Moi un genio militar, no hubieran perdido Morada Violeta ¿Olvidaste cuando los soldados anunciaban a los caídos de nuestro asentamiento? –preguntó Ilei, indignado.
-No lo olvido y tampoco niego la pérdida de Morada Violeta. Tú olvidas que a Morada Violeta la protegían las Moradas Unidas y esta vez nos atacarán unas pocas moradas… -protestó Aim.
-¡No puedo creer lo que dices! ¡Piensas como una hormiga de hormiguero! ¿Todos piensan igual? –preguntó Ilei, observando las cabezas de sus amigos, penetrándolos con la mirada.
- Aquí hemos ganado un lugar como pelotón de defensa exterior y hemos sido bien tratados. No veo engaño alguno. Debemos combatir para conservar nuestro territorio. Obedecemos lo que nos mandan y regresamos…-respondió Aim, tajante.
-¡Seremos los primeros en morir, al igual que nuestros ancestros! –gritó Ilei, enfurecido.
-No desesperes, Ilei. Es el precio que pagaremos para que nuestra comunidad siga en pie –dijo Aim, restándole importancia al dramatismo de su compañero.
-¡Deja de infundirnos miedo! Por tus caprichos hemos acopiado una enorme cantidad de granos en vano, persiguiendo el absurdo sueño de contratar instructores ¡Si tanto amas la comunidad, muere por ella! –espetó Lail.
-¡Lail está en lo cierto! ¡Honraremos nuestro destino! –añadió con orgullo Aim.
-¡Son todos unos necios! ¡Moriremos injustamente! –sentenció Ilei, perdiendo sus sentidos en la oscura noche, en un horizonte invisible e indescifrable.
-¡Callen idiotas! Sial u otro oficial escuchará los gritos, castigará a unos y hará matar por traición a otros –intervino Qor, regañando al grupo, harto del debate, de un absurdo irremediable.
-¿Por qué debemos cumplir las órdenes de Moi? Sabemos que marchamos a la muerte –insistió Ilei, dirigiéndose a Qor, necesitaba hacer un aliado.
-Ilei, las hormigas marrones contradijeron a Moi y acabaron diezmadas. En nuestras decisiones descansa el futuro de las exteriores. Honraremos semejante responsabilidad permitiendo que otros nos sucedan –respondió Qor, paciente, esperando acabar con la conversación.
-Quisiera hacer algo… -musitó Ilei, impotente, solo.
-¡Escuchaste la voluntad de todos! ¡Si hablas con Sial, en nombre del pelotón, te denunciaré por traición! ¡Calla y duerme! –ordenó Aim.
Al día siguiente, capitán y soldados llegaron por un sendero exterior a la “Boca del infierno”. Observaron el accionar de los voladores enemigos y cada una de las galerías subterráneas, aprendieron a camuflarse entre las rocas y a espiar la base de Nueva Morada Roja, y ocuparon la colina que debían defender.
El capitán Sial sabía que el entrenamiento no era suficiente, hacía lo posible para que el pelotón permaneciese calmado ante los patrullajes de las hormigas negras y los impunes ataques aéreos sobre la entrada. Comprobó que las hormigas exteriores eran extremadamente fuertes e infatigables, lamentó que ninguna fuese soldado.
A medida que los días transcurrían, la intensidad de las operaciones de ambos bandos aumentaba. Las patrullas de Nueva Morada Roja penetraban las líneas defensivas en busca de información y los defensores las emboscaban, causándoles muchas bajas. Las patrullas de Morada Negra rondaban la base enemiga, sin atreverse a atacarla, aguardando el egreso masivo de soldados para dar el primer alerta al resto del ejército. Moi, sabedor del poder militar de su adversario, dispuso no atacar la base, concentrando los recursos y esfuerzos en la defensa. Supuso que podría negociar una honrosa paz y mantener el liderazgo en el Concejo.
El capitán Sial oteaba el horizonte en busca del mensajero. Estaba preocupado, hacía dos días que su posición no era bombardeada y que no veía pelotones enemigos. Suponía que un ataque masivo estaba gestándose y que su responsabilidad sería contenerlo.
Lamentaba no poder comunicar a los altos mandos militares las proezas de sus soldados, aniquilando fuerzas que los superaban en número, resistiendo bombardeos bajo tierra y cubriéndose las espaldas como compañeros. Sin embargo, el pelotón fue conocido entre los defensores con el nombre de “Infernales”. Los rumores decían que la muerte de Aim los envileció; no tomaban prisioneros.
Ilei y sus compañeros descansaban fuera de los escondites, quejándose de las heridas y calentado sus cuerpos al sol. Esperaban que el mensajero ordenase el merecido descanso, que un pelotón de reserva los sustituyese.
-Estoy entumecido. Quisiera que llegue nuestro reemplazo. ¿Qué ha dicho el capitán? –preguntó Ilei, inmóvil, dejándose acariciar por el sol.
-No lo sé… Anoche, dijo que posiblemente nos releven. Hace tantos días que dice lo mismo…-respondió Oim, desganado.
-Nunca lo harán. Moriremos aquí. –sentenció Lail, inmutable, como si le hablase al paisaje árido.
-¡Vamos, Lail! ¿Ni siquiera puedo pensar en salir con vida? –protestó Ilei.
-No discutan en vano. Han reñido todos los días por nimiedades, parecen larvas –interrumpió Oim, regañando a sus compañeros. La tensión era intolerable, todos intuían una gran avanzada enemiga.
-¡Sí! ¡Callen de una buena vez! He perdido una antena y tengo un corte en la cabeza ¡Quiero silencio! –protestó Qor, irritado.
-¡Calla tú! ¡He perdido una pata trasera! Merezco respeto ¡Puedo decir lo que me plazca! –protestó Lail, desafiante. Varias veces había reñido con Qor por nimiedades.
-¡Basta, Lail! De alguna manera, todos estamos heridos. Necesitamos silencio –pidió Oim, intuyendo una pelea.
-¡No me callaré! ¡Ilei comenzó la discusión! ¡Él es el culpable! –señaló Lail.
-¡Basta! ¡No hablaré! ¡Quisiera que te trasladen al hormiguero para que sane tu pata y no escuchar tus horribles pronósticos! –gritó Ilei, dispuesto a enfrentar a Lail.
-¡Basta de tonterías¡ El capitán está descendiendo –anunció Aik, era el reemplazo de Aim y aún no lo aceptaban sus compañeros. Siempre permanecía al margen de las peleas grupales.
-¿Puedes verlo? ¿Qué supones? –preguntó Qor, ansioso.
-No lo sé… -susurró Aik, no podía penetrar en la expresión fría de Sial.
El capitán descendía ligeramente, sin demostrar nerviosismo o apuro, seguro de sus movimientos. Era de suponer que sería un día ordinario, rechazando exploradores, soportando los bombardeos de los voladores.
-¡Pelotón! ¡Atención! Hemos sido honrados con el deber de defender la colina hasta las últimas consecuencias. La vanguardia reveló que todo el ejército enemigo ha salido de la base con rumbo a la “Boca del infierno”. En menos de una hora combatiremos… -anunció Sial, impertérrito.
-¡Es una insensatez! ¡Somos pocos! –protestó Ilei ante el capitán. Solía protestar ante cualquier oficial y nadie osaba regañarlo. Decían que un cabo había intentado fastidiarlo por derrotismo, pero que desistió cuando Ilei lo forzó a permanecer dos días en el pelotón. Su bravura le permitía decir lo que quisiera, incluso lo que conduciría a un soldado raso a un tribunal.
- ¡Calla, cobarde! –interrumpió Lail.
-¡Silencio! Combatiremos replegándonos. No habrá lucha cuerpo a cuerpo, solo usaremos las municiones y esparciremos granos envenenados al pie de la colina ¿Entendido? –ordenó Sial, observando a su pelotón, la mayoría estaban heridos y era probable que no sobreviviesen. En varias ocasiones, las hormigas exteriores le habían salvado la vida, sentía que estaba en deuda y no llevaría a cabo las órdenes del alto mando a rajatabla.
-¡Sí, señor! –corearon los soldados.
-¡A trabajar! ¡Rápido! –ordenó Sial.
Los soldados, sin dudar un instante, obedecieron y en menos de quince minutos las defensas estuvieron preparadas.
El tiempo jugó con las ansias del pelotón hasta que el capitán ordenó subir a la cima. La vista era aterradora; una inmensa marea roja tapizaba la aridez destruyendo defensas. El temor los asaltó ante el imparable ataque, sin embargo nadie abandonó su puesto.
La lid era inminente. El enemigo había tropezado con los granos envenenados y subía dispuesto a apoderarse de la colina. El capitán Sial, temiendo que los rodeasen, ordenó arrojar el insecticida y ceder la posición. Durante la retirada perdió, contando muertos, capturados y desertores, un tercio del pelotón. Logró llevar a sus soldados a otra colina, reforzar la defensa y combatir unos instantes, pero el poderío militar de Nueva Morada Roja lo obligó a retroceder nuevamente.
Huyeron hasta que no hubo salida. La mayoría depuso las armas entregándose al enemigo. Ilei murió socorriendo al cojo Lail. Oim y Qor fueron capturados y el capitán Sial falleció intentando detener lo inevitable.
Los célebres “Infernales” y una generación de jóvenes perecieron como si nunca hubiesen nacido.
***
Continuará… Próximo capítulo: “Misión cumplida”

Fernando Veglia
Novelista, articulista y reseñista, nacido en 1979 en la Ciudad de Buenos Aires.

Ha recibido numerosos premios nacionales e internacionales.






miércoles, 13 de junio de 2018

DIA DEL ESCRITOR ARGENTINO






Lugones fundó la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) que, luego del suicidio del poeta, estableció el día de su natalicio (13 de junio de 1874, en Villa María del Río Seco, Córdoba) como el Día del Escritor.

Además de escritor, Lugones tuvo numerosas profesiones. Fue poeta, ensayista, cuentista, novelista, dramaturgo, periodista, historiador, pedagogo, docente, traductor, biógrafo, filólogo, teósofo, diplomático y político argentino. 
Con sus cuentos se transformó en el precursor y uno de los pioneros de la literatura fantástica y de ciencia ficción en la Argentina.
Realizó viajes por Europa y residió en París antes de la Primera Guerra Mundial. De regreso a la Argentina, fue el director del suplemento literario de LA NACION y bibliotecario del Consejo de Educación
Desencantado, insatisfecho por su tarea en una biografía de Roca en la que no podía avanzar y sacudido por una infidelidad, Leopoldo Lugones decide terminar con su vida en una isla del Delta, en 1938, al ingerir una mezcla fatal de whisky y cianuro.




***

Historia de mi muerte


Soñé la muerte y era muy sencillo:
Una hebra de seda me envolvía,
y a cada beso tuyo
con una vuelta menos me ceñía.
Y cada beso tuyo
era un día.
Y el tiempo que mediaba entre dos besos
una noche. La muerte es muy sencilla.

Y poco a poco fue desenvolviéndose
la hebra fatal. Ya no la retenía
sino por un sólo cabo entre los dedos…
Cuando de pronto te pusiste fría,
y ya no me besaste…
Y solté el cabo, y se me fue la vida.

Las manos entregadas

El insinuante almizcle de las bramas
se esparcía en el viento, y la oportuna
selva estaba olorosa como una
mujer. De los extraños panoramas

surgiste en tu cendal de gasa bruna,
encajes negros y argentinas lamas,
con tus brazos desnudos que las ramas
lamían, al pasar, ebrias de luna.

La noche se mezcló con tus cabellos,
tus ojos anegáronse en destellos
de sacro amor; la brisa de las lomas

te envolvió en el frescor de los lejanos
manantiales, y todos los aromas
de mi jardín sintetizó en tus manos.



***

lunes, 11 de junio de 2018

PRESENTACIONES DE LIBROS



De izquierda a derecha los escritores: Susana Cattaneo, Marita Rodriguez-Cazaux, David Sorbille, María Amelia Díaz


 “ESCOTE ABIERTO” DE MARITA RODRÍGUEZ-CAZAUX 


EN EL CICLO CULTURAL “EXTRANJERA A LA INTEMPERIE” 


                                                                                         Por David Sorbille*



Me une a Marita Rodriguez Cazaux, una sincera admiración por su calidad humana y su condición de eximia escritora.
A propósito, recuerdo muy bien la emoción que me produjo la lectura de su "Poesía Congregada", pues, nadie puede permanecer indiferente ante la obra de una mujer que enaltece su género y le da alas a su magisterio poético.
Por eso, resulta un inmenso placer acompañar esta nueva presentación de su libro "Escote abierto", donde asistimos a un despliegue lírico de indudable belleza para abordar la hondura de los temas que abarca. Como bien acota Federico Von Baumbach en el pórtico: “explora la belleza del lenguaje en la potencia del hallazgo de la espera, la reflexión y el autoconocimiento”.
El contenido de sus poemas, nos envuelve en un clima singular que demuestra el persistente afán de la autora, en hacernos partícipes de su estado de gracia que incluye homenajes a inolvidables poetas.
Marita Rodriguez-Cazaux, comparte su universo de dones que atraviesan los espejos de la memoria y se abrazan con el sol del porvenir. 

Su vuelo enciende la pasión por la vida, por el milagro del instante y el camino insondable de lo eterno. Por tal motivo, me atrevo a citar unos versos de Fray Luis de León en su “Oda a Francisco Salinas”: “Traspasa el aire todo / hasta llegar a la más alta esfera, y oye allí otro modo / de no perecedera / música, que es de todas la primera”.
Pienso, entonces, que "Escote abierto" sigue los pasos de los citados versos y avanza desde el intimismo más cálido hasta reflejar el contexto social con humor e ironía, como también señala Fernando Veglia en su prólogo.
La patria de Marita es el propio universo revelado, la entraña de la experiencia, la cosmovisión de un espíritu libre y profundamente enraizado con lo humano, y con la esperanza y la angustia que provoca el devenir. La pasión nos cruza sin atenuantes, es el atributo que distingue a nuestra poeta y le da sustento a una obra trascendente en su forma y contenido.
El recorrido de los poemas es una invitación al goce lírico o al “goce en plenitud” como Marita nos dice, al sentimiento que nos abraza y nos asombra con sus planteos y conclusiones, sus excelentes metáforas y la absoluta franqueza para expresar sus convicciones.
Es así como, nos asociamos a esta nueva celebración poética que reúne magníficos testimonios de la vida misma, y el compromiso por las causas justas a las que nuestra autora rinde culto. De ahí que, por estas caricias literarias que le dedico acotadas a un tiempo prudencial, reitero la admiración que siento ante la excelencia de una verdadera Poeta en el más estricto sentido de la palabra.

                                                                                                  



*Escritor, ensayista y poeta argentino de afamada obra literaria.
"Extranjera a la intemperie" ciclo cultural está coordinado por las escritoras argentinas
Susana Cattaneo y María Amelia Díaz
(Bar Lavalle, CABA)

domingo, 10 de junio de 2018

CICLOS CULTURALES


CAFÉ LITERARIO Y DE ARTE ANTONIO ALIBERTI

COORDINACIÓN GENERAL

LUIS RAUL CALVO
JULIO BEPRE (ausente temporariamente)
AMADEO GRAVINO

COLABORADORES 


ARTES VISUALES
ADRIANA GASPAR (Curadora)
LETRAS 
NORA PATRICIA NARDO (POETA EN EL RECUERDO) 
MÚSICA 
PACO RIZZO


PROGRAMACIÓN 
VIERNES 15 DE JUNIO, 19:45 


RECORDACIÓN DE SUSANA AGUAD, RECIENTEMENTE FALLECIDA.
PALABRAS A CARGO DE LOS COORDINADORES, 
NORBERTO BARLEAND Y BEATRIZ SCHAEFER PEÑA


ARTES VISUALES 
DIÁLOGO DE ADRIANA GASPAR CON MARIA ALEJANDRA CHALLÚ

LECTURA DE POESÍA
DANIEL ARIAS, AMALIA ZACÓUTEGUI Y CESAR GANTONI


PRESENTACIÓN DEL LIBRO ESCOTE ABIERTO DE MARÍA RODRÍGUEZ-CAZAUX
AMADEO GRAVINO DIALOGARÁ CON LA AUTORA Y SE LEERÁN POEMAS 


MÚSICOS INVITADOS 
ACTUACIÓN DE PACO RIZZO (TANGO)

CITA:  
BAR NOTABLE MONTSERRAT
SAN JOSÉ Y VENEZUELA

sábado, 9 de junio de 2018

POETAS ARGENTINOS



HORACIO CASTILLO






PECHO BLANCO PECHO NEGRO

Mi madre tenía un pecho blanco y un pecho negro.
Al despertar tomaba el pecho blanco en su mano
y acercándolo a mis labios decía: Bebe, hijo mío,
y yo bebía una leche blanca, espesa, dulcísima.
Luego apretaba entre sus dedos el pezón negro
y colocándolo en mi boca repetía: Bebe, hijo mío,
y yo bebía una leche oscura, infinitamente agria.
Mi madre tenía un pecho blanco y un pecho negro.
De día, sosteniendo el pecho blanco en su mano
como una paloma, susurraba: Es la luz del mundo;
y a la noche, mientras exprimía suspirando
el pecho negro, prorrumpía: Es la oscuridad.
Mi madre tenía un pecho blanco y un pecho negro.
A veces exponía el pecho blanco al sol
y escondiendo bajo su ropa el pecho negro
canturreaba: Esta es la leche que sacia toda hambre,
y su rostro se iluminaba con una sonrisa inmortal.
Pero mi boca buscaba otra vez el pecho negro
y tomándolo en su mano con piadosa resignación
lo ponía en mis labios diciendo: Bebe, hijo mío,
y yo bebía ávidamente la leche que da más hambre.
Mi madre tenía un pecho blanco y un pecho negro.




Horacio Castillo ( Ensenada, Provincia de Buenos Aires 1934 - La Plata, 2010)
Abogado, poeta, ensayista y traductor argentino.
Miembro de número de la Academia Argentina de Letras y correspondiente de la RAE. 


POETAS ARGENTINOS

ROBERTO JORGE SANTORO






PEDRADAS CON MI PATRIA


En esta tierra grande
de tanto golpe grande
de tanto odio grande
de tanta basura
de tanta locura
en esta tierra grande


en esta tierra llena
de tanta entrega llena
de tanto lema llena
de tanto escarnio
de tanto daño
en esta tierra llena

en esta tierra herida
de tanta culpa herida
de tanta sombra herida
de tanta astucia
de tanta angustia
en esta tierra herida

en esta tierra sola
de tanto molde sola
de tanta sangre sola
de tanta estrofa
de tanta mofa
en esta tierra sola

en esta tierra rota
de tanto grito rota
de tanto rito rota
de tanta bota
de tanto idiota
en esta tierra rota


Roberto Jorge Santoro (Buenos Aires, Argentina, 17 de abril de 1939 – detenido-desaparecido en la misma ciudad, 1° de junio de 1977.)
Poeta argentino, quien utilizaría a Buenos Aires como centro de su decir poético.

Santoro nace el 17 de abril de 1939 en Buenos Aires, Argentina, hijo de obreros. Tuvo varios oficios para poder subsistir: pintor, vendedor ambulante, puestero en un mercado, tipógrafo y preceptor en una escuela industrial; sin embargo, su contribución radica en la poesía.
Fundó y dirigió El Barrilete, revista literaria donde por primera vez se dio lugar a los poetas del tango: Carlos de la Púa, Celedonio Flores, Homero Manzi. En sus páginas escribieron Martín Campos, Carlos Patiño, Alberto Costa y Rafael Vásquez, entre otros.
Otras publicaciones en las que colaboró fueron La Cosa, Gente de Buenos Aires, Papeles de Buenos Aires, La Pluma y La Palabra.
Uno de los trabajos más destacados de Roberto Santoro es el que realizó para compilar los textos que forman parte de Literatura de la pelota, obra en donde reproduce poemas y escritos de destacados intelectuales argentinos acerca de la pasión por el fútbol. Santoro inaugura, así, la primera aproximación hacia el intento de reconciliar a la alta cultura con las expresiones más populares de la sociedad argentina.
Roberto Jorge Santoro fue secuestrado por elementos del terrorismo de estado el 1 de junio de 1977, quienes se lo llevaron ilegalmente de su lugar de trabajo: la Escuela Nacional de Educación Técnica No. 25 "Teniente Primero de Artillería Fray Luis Beltrán", en la calle Saavedra del barrio de Once, donde el poeta prestaba servicio de preceptor con el cargo de subjefe.