domingo, 26 de julio de 2015

CLÍNICA CUENTOS



ASÍ COMO FUE UN ÉXITO EL LANZAMIENTO DE LETRAS DEL FACE
INAUGURO OTRA NOVEDOSA PROPUESTA EN CLÍNICAS LITERARIAS. 





CON EL TALENTOSO ESCRITOR RICARDO TEJERINA
INICIAMOS LA PRIMERA JORNADA CON EL TEMA "CUENTO"
SÁBADO 1 DE AGOSTO EN EL SALÓN DE EDITORIAL DUNKEN.






SE PUBLICARÁ UN LIBRO CON LAS OBRAS DE LOS PARTICIPANTES 
Y PROLOGADO POR LOS ESCRITORES QUE LA COORDINAN.

POÉTICA GALEGA



Cantiga do neno da tenda  

                                   de Federico García Lorca

Bos aires ten unha gaita
sobre do Río da Prata
que a toca o vento do norde
coa súa gris boca mollada.
¡Triste Ramón de Sismundi!
Aló, na rúa Esmeralda,
basoira que te basoira
polvo d'estantes e caixas.
Ao longo das rúas infindas
os galegos paseiaban
soñando un val imposíbel
na verde riba da pampa.
¡Triste Ramón de Sismundi!
Sinteu a muiñeira d'ágoa
mentres sete bois de lúa
pacían na súa lembranza.
Foise pra veira do río,
veira do Río da Prata
Sauces e cabalos núos
creban o vidro das ágoas.
Non atopou o xemido
malencónico da gaita,
non viu o inmenso gaiteiro
coa frolida d'alas:
triste Ramón de Sismundi,
veira do Río da Prata,
viu na tarde amortecida
bermello muro de lama.



* De "Seis poemas gallegos", F. García Lorca



Cantiga del chico de la tienda




Buenos Aires tiene gaita
sobre el Río de la Plata,
la sopla el viento del norte
con su gris boca mojada.
¡Triste Ramón de Sismundi!
Allá, en la calle Esmeralda,
plumerea y plumerea
polvo de estantes y cajas.
Por las calles infinitas
los gallegos paseaban
soñando un valle imposible
a la orilla de la pampa.
¡Triste Ramón de Sismundi!
sintió la muñeira de agua
con siete bueyes de luna
paciendo en su remembranza.
Se fue a la orilla del río,
junto al Río de la Plata.
Sauces y caballos mudos
quiebran los vidrios del agua.
Pero no encontró el gemido
melancólico de gaitas,
no vio al inmenso gaitero
de boca florida en alas;
triste Ramón de Sismundi,
junto al Río de la Plata,
vio en la tarde moribunda
bermejo muro de lama.


Seis poemas gallegos, de Federico García Lorca

sábado, 25 de julio de 2015

DIA DA PATRIA GALEGA




POÉTICA GALEGA





NADAL  NO  DESTERRO


Pensa  a túa pena na Patria lexana
e  tristura de auga  vógache no peito.
Espalle no cuarto un recendo esguízaro,
un resoar silente comalo  asubío das agonías.

Teus ollos, onte, pardaliños mansos,
fuxen toleados polas praderías.
e fáise a vida túzara, rabisca. 
Quedan os teus pasos de neno, 
pechados nun pobo que non fala a túa lingua.

Preso albor aparca na chuvia raía
e as badaladas que endexamais se calan,
cálanse por sempre.

Non hai bicos nin sons que boten ensoños,
so iste gume do puñal na ferida
de saberche alleo.

—A Santa Compaña —dixo —vai vir.
Máis  nunca,sentou a teu mesa.



 NAVIDAD EN EL DESTIERRO


Piensa tu pena en la Patria lejana
y tristura de agua te boga por el pecho.
Se esparcen en el cuarto un perfume enjuto,
un resonar silente como el silbido de las agonías 

Tus ojos, ayer, gorriones mansos,
huyen alocados por las praderas.
y se hace la vida, hosca, huraña. 
Quedan tus pasos de niño, 
encerrados en un pueblo que no habla tu lengua.

Encerrado albor se detiene en la lluvia raída
y las campanadas que jamás se callan,
se callan por siempre.

No hay besos ni sones que echen ensueños, 
solo este filo del puñal 
en la herida de saberse ajeno.




DESARRAIGAMENTO



Teño o pé lixeiro para empuxar ao mundo.
Na biqueira do zapato, a balanza da vida
e  nada pesan os meridianos. As augas.
As montañas. A eternidade.

Un dedal o mundo, na punta do meu zapato.

Máis,
traspelo na túa escenografía.
En teu cosmos de distancias.
E esmágame o peito túa ausencia.

—La Santa Compaña —dijo que iba a venir.
Sin embargo, nunca se sentó a tu mesa.



 DESARRAIGO


Tengo el pie ligero para empujar al mundo.
En la puntera del zapato, la balanza de la vida
y nada pesan los meridianos. Las aguas.
Las montañas. La eternidad.

Un dedal el mundo, en la punta de mi zapato.

Pero,
trastabillo en tu escenografía.
En tu cosmos de distancias.
Y me aplasta el pecho tu ausencia.

  



RAIZAME,  Poética galega. 
Versos de doble faz.
de Marita Rodríguez-Cazaux


Imagen: Internet


viernes, 24 de julio de 2015

CUENTOS Y POEMAS EN DUNKEN PRESENTADOS POR LOS ESCRITORES MARITA RODRÍGUEZ-CAZAUX Y RICARDO TEJERINA

De la Redacción de Vitamina

En la tarde de ayer, jueves, se presentaron dos nuevas antologías de los géneros cuento y poesía en Editorial Dunken. Se tarta de los volúmenes A la luz de los caireles e Iluminados del amor, compilados por Laura Russo y Rocío Roda, respectivamente.

Estuvieron a cargo de las presentaciones públicas los escritores de la casa Marita Rodríguez-Cazaux y Ricardo Tejerina, quienes destacaron la labor de los autores seleccionados, propusieron lecturas, realizaron comentarios acerca de las obras y pusieron en valor el arte y oficio del escritor.

Con salón colmado en ambos casos, sobrevoló la musa en todas las ocasiones que la virtud demostró la buena senda que recorren los muchísimos autores incorporados al programa ROI (Recepción de Obras Inéditas) de la editorial líder en publicaciones independientes.

Rodríguez.-Cazaux y Tejerina anunciaron también la próxima realización de dos clínicas de cuentos los días 1 y 15 de agosto venideros, las cuales a la fecha ya se encuentran agotadas en su capacidad de 60 participantes cada una.

Luego de más de 10 años de selecciones, e incrementado grandemente el caudal de publicaciones gratuitas desde el lanzamiento de ROI, Editorial Dunken afirma su liderazgo en servicios integrales a los autores y consolida su proyecto cultural de la mano de profesionales, artistas y coordinadores prestos y competentes, que hacen de la experiencia editorial un éxito cotidiano.


miércoles, 22 de julio de 2015

PERIÓDICO IRREVERENTES

MONEDAS HUÉRFANAS

                                                                                                Por Pablo Andrés Rial
monedas

Una moneda en el piso.
Recuerdo que, a mis doce años, la levantaba tímidamente al descubrirla, tratando de que nadie se diera cuenta, porque lo sentía como un hurto. No era mía pero estaba sola, sin dueño a la vista. Disimuladamente me acercaba, la tomaba, la apretaba con los puños unos segundos por miedo a que ella gritara y me delatase, y luego, cuando comprendía que era la mejor oportunidad, iba directo a un bolsillo del pantalón.
A mis veinte, perdí por completo ese preconcepto de no pertenencia y sin darle lugar a mediar con el pensamiento, iba directo a ella, no titubeaba. Veía a la moneda con un sentimiento diferente que en aquella niñez. “Está tan sola y lejos de todo”, me decía a mí mismo.  Las encontraba debajo de la máquina expendedora de boletos o en alguna vereda y entonces inclinaba las rodillas de manera automática y de un zarpazo ya eran mías. Pero debo aclarar que tenía reglas que no podía transgredir, si se le caía a alguien, consideraba el mismo procedimiento pero con un desenlace diferente, le decía muy amablemente: “Disculpe, se le cayó”, a lo que generalmente respondían con un “gracias” a secas o un “muchas gracias joven”.
Si sumo las monedas levantadas, creo que encontré a lo largo y a lo ancho de mis años, no más de diez pesos con suerte, con mucha suerte. Con los billetes tampoco tuve fortuna. Recuerdo gratamente una vez, cuando cansado, agobiado de hacer trámites en la Capital, llegué a Constitución y tuve la buenaventura de encontrar un asiento libre en el tren y, sobre el asiento, dos pesos con un Mitre barbudo y desteñido. Estaba ahí, solo y abandonado, arrugado. Me sentí afortunado de ser su dueño esporádico.
A mis 29 años, es decir justamente en el presente, veo monedas en la vía pública con más frecuencia que en épocas anteriores, las de diez centavos son monedas muy corrientes de ser halladas. Pero, debe ser la edad o las pocas ganas, si están a más de un metro de distancia, mis brazos no las desean, y opto por abandonarlas.  Debo concluir que estos cambios se deben a un motivo clave: el desánimo que me provoca pensar en moverme de mi asiento cómodo o detenerme del paso ligero (en caso de estar caminando) para estirarme, bajar la cabeza y doblar las rodillas por tan solo diez centavos.  Otro motivo por el cual no las recojo es que al pensarlo demasiado, doy vueltas, me acerco, me alejo y, para cuando me decido, otra persona me gana de mano.
Un dato importante, esas monedas rejuntadas, sin dueños, tienen otro color debajo de las fuentes de los deseos. Las monedas de las fuentes se ven tan puras que tienta recogerlas. En este caso las contamino, sí, pero con un fin justificado.
El pudor se me va en el momento de arrimarme lentamente a la fuente,  poner el ojo en una de ellas y decirle a la niña: “¿Querés pedir deseos?”  Es ahí cuando, sin que ella se percate de lo que hago, sumerjo en un instante la mano y tomo una de 25 centavos, aunque esté mal visto por la gente de buenos modales (aunque nadie creo que pueda verme pues lo hago muy bien). Al instante, le doy la monedita simulando que la saco del bolsillo. Muchos dirán que no es ético, que es robar o ser laucha; pero estoy convencido de que  moví la huérfana moneda de ese lugar tan aburrido, de que la hice dinámica.  Además, nada se compara con la felicidad que siento, cuando, de espaldas, la dulce niña la arroja al mismo lugar de donde la arrebaté, dándole así, un nuevo espacio en donde quedarse.

                                                                                             ***