viernes, 27 de marzo de 2015

NARRATIVA



EL GLAMOUR

                                                                                                                                     
               A Manuel Rivas

       
                                                                                                                
LA   IDA
                
                                            
        -¿Usted es de la Capital, no? -dijo el muchacho de la gasolinera de la ruta-. También yo tengo un tío por allá. Vea, mi tío se especializa en morirse varias veces, es un maestro en no morirse totalmente, un verdadero genio en aparecer, después de un tiempito, trayendo novedades -agregó mientras limpiaba el parabrisas. Yo estaba ansioso por llegar a la empresa azucarera y casi no le presté atención.
        -No se imagina la elegancia que conserva en el ir y venir, siempre impecable porque el Tío se muere para estrenar ropa y que se la elogien -siguió apuntando como si fuera un hecho común morirse y regresar para contar los éxitos de buena prestancia en la otra vida.
         -Un verdadero señor, con el bigote espeso cortado en puntas, ni siquiera se olvida de ponerse sombrero –aseguró con un gesto de orgullo. Estiré la mano y, sin mirarlo, pagué incluyendo la propina a su perorata. Seguí por la ruta hasta entrar a la ciudad.
         Llegué inquieto a la empresa, contrariado por la demora en la autopista. Tomé el ascensor y mirándome en el espejo me alisé el pelo con la mano, tratando de acomodar el jopo desordenado sobre la frente.
         Yo odiaba mi pelo duro y rebelde y lo culpaba de todos mis infortunios, de los continuos fracasos de mi vida. Hasta de los engaños de María.
        Para mi suerte el gerente era un hombre de trato sencillo y la entrevista resultó exitosa. Bebimos café fuerte y firmamos el acuerdo. Media hora más tarde volví a desandar el mismo camino hasta la planta baja.
        Seguí por la autopista, no paré hasta llegar a casa. La oscuridad del living me pareció más fría que otras veces.
       A la mañana siguiente, mientras me afeitaba, me acordé del que se moría para que lo piropeasen, el Tío del sombrero y la elegancia eterna y el recuerdo me llevó a cepillarme el pelo con rabia.
       - Seguro no tiene este pelo –pensé malhumorado.
       En el verano, al término de las vacaciones volví a pasar por la misma estación de servicio, aquella del muchacho que tenía un tío yendo y viniendo de un mundo a otro, vestido como un dandi.
       Apareció detrás de los surtidores, cerca de unos autos estacionados. Le hice una seña con la mano y se acercó con pasos sueltos.
       -Hace tiempo que no lo veía -dijo reconociéndome- ¿Sabe que todavía no volvió el Tío?
       -¿Qué tío? -pregunté temiendo su tertulia pueblerina.
       -El elegante, ¿cuál va a ser? El que se muere para que lo feliciten por el buen gusto.
       -Le irá mejor del otro lado -dije con sorna- quizás allá tiene más éxito con las chicas.
      -Podría ser, el Tío es un tipo pintón. Impecable, vestido como un duque -dijo con mirada burlona.
      -¿Y el pelo, cómo es el pelo? -quise saber.
      -Clarito, rubio me parece, no sé. Ahora que lo pienso, apenas me he fijado en el pelo, es que el Tío siempre lleva sombrero. Un tipo fenómeno, no crea que no lo extrañamos, pero como a él le gusta vivir un poco repartido no nos preocupamos mucho. Mire, hace dos años tardó veinte días en regresar, pero siempre vuelve, sin falta. Seguro en cualquier momento aparece otra vez –terminó bajando la voz y alejándose para atender.
       Al caer la noche, prepararé un sándwich que comí en el escritorio, después, me puse a hojear un libro. Pero no podía concentrarme en la lectura y lo aparté.
       Cierto desasosiego me llenaba la cabeza. ¿Y si me moría allí mismo, en ese mismo instante dentro de un joggings gastado, la cara sombreada por la barba crecida en el día? ¿Y si la ropa no fuera la indicada para semejante trance? Y el pelo, ¿qué dirían de mi pelo cuando me vieran los asesores de imagen de la otra orilla?
      Por eso y sólo por eso, antes de acostarme, puse en una silla del dormitorio lo mejor que tenía; el traje azul, una camisa de popelín, la corbata bordó.
     Y sin proponérmelo me fui habituando a ese rito.
     -Nunca se sabe -pensaba cada noche al sacar de la cómoda los gemelos de oro y el pañuelo con iniciales, figurándome que era mejor viajar con identidad, obsesionado  para no hacer un papelón en caso de morirme sin tiempo para la elegancia. Y, hasta conciliaba mejor el sueño al saber que no haría papelones transitando senderos fantasmales con pantalones de raya perfecta. Una metódica reflexión que me obligó a aprovechar liquidaciones de temporada y a invertir aguinaldos en dos trajes oscuros, una traba de corbata de nácar y otro cinturón con hebilla dorada.

                                                            
LA   VUELTA

    
      Al tiempo, fui creciendo profesionalmente y alquilé una oficina en el Microcentro  por cuestiones de comodidad. Un día de agosto decidí almorzar en el Club Naval. Una mesita al lado de la pared, me pareció ideal para repasar los nuevos contratos.
     Cuando me disponía a probar el consomé, un hombre medianamente alto y de bigotes perfectos, de impecable traje Príncipe de Gales, se acercó a mi mesa.
                 Lamento molestar
dijo atento tocándose apenas el ala del sombrero y señaló mi abrigo, doblado sobre el respaldo de la silla.  
                 Quisiera comprarle el abrigo
Me moví incómodo en el asiento cuando hizo ademán de tocarlo, mientras un olor a jabón fino me entraba por la nariz.
                Me da pudor inquietarlo, pero su abrigo es impecable, las solapas, la martingala, la calidad del paño. Yo no compro cualquier cosa, me gusta vestirme bien. No se asombre, la elegancia es lo primero, y no es bueno ser egoísta, no sirve de nada,  se lo digo yo que sé de qué hablo
       Con el descaro que da la omnipotencia, se sentó a mi mesa. Un temblor me sacudía la mandíbula, apreté la boca. Él sonrió.
             Hay ropas que nos obligan a abrazarlas como si nos llamaran y cuando le vi el abrigo, me tentó el tramado, no hay duda me dije,  es un tramado que no pasa de moda,
      Yo lo miraba mientras la sopa se escurría por la cuchara y caía sobre el plato en una cascada color verde.
             ¿Qué me contesta? ¿Acepta?
Apoyando los codos sobre el mantel, entornó los ojos y agazapó la voz.
              Es que en este último paseo me enamoré. No es bueno que el hombre esté solo y cuando la conocí me di cuenta de que yo estaba demasiado solo ¿Comprende? Demasiado solo
      -Es un regalo de mi hermano -dije por decir algo, porque no tengo hermanos.
             Entonces, ¿no va a ayudarme? Vea, es una situación especial. Piense que uno no se enamora todos los días, ése es el punto. Si deja pasar la oportunidad, sepa que no vuelve. No quiero perderla esta vez. Tenemos que llegar a un acuerdo. Usted me vende su abrigo y yo le presto el sombrero. Le presto, entienda bien porque, de donde vengo, ya no somos dueños de nada
     El sujeto me pareció centrado, yo también hubiese comprado la luna por conquistar a María.
             No es un capricho, siempre me alabaron la elegancia y no puedo desentonar. Pocos días sin abrigo no van a perjudicarlo y puede usar, mientras tanto, mi sombrero. Seré sincero,  su peinado no es nada distinguido
    Maldito pelo, siempre me deja quedar mal, me mortifiqué bajo su mirada caritativa sobre mi remolino en la frente.
            Haría buen negocio, no tiene idea de lo fabuloso que resulta un sombrero, le aseguro que hasta se vería más alto,
     -Apenas lo conozco, no creo que corresponda intercambiarnos la ropa –murmuré tímidamente.
            Ah, si es por eso permítame presentarme. Soy el Tío
     Me di cuenta de que ya lo sabía. Que lo había sabido en el instante exacto en que se detuvo frente a mi mesa. El tío errante. El que llegaba y partía con una elegancia admirable, envidia insana de todos los mortales que se morían de una sola vez y para siempre. Explicó que andaba de paso, y que no abandonaría la oportunidad de seguir glamorosamente enamorado.
           Le confieso que todo empezó la primera vez que me morí. Estaba dando vueltas sobre mi propio cuerpo, casi desprendido de todo, cuando advertí lo ridículo de mi apariencia. Sin embargo tuve que irme, pero a medias, para no desilusionar a los amigos, a la familia después de tantos gastos. Pero antes de llegar, en la mitad del camino, me dejaron regresar para acondicionar algunos detalles
   El Tío parecía no estar preocupado por el tiempo y se acomodaba en la silla.
           La suerte quiso que llegara un momentito antes que los deudos pues, aún no habían hurgado en la ropa guardada en el placar y todavía estaba colgado en la percha mi traje Príncipe de Gales y mi corbata italiana. Me calcé los zapatos de cabritilla y estaba perfumándome el bigote con La Franco cuando oí la llave en la cerradura. Atiné a ponerme el sombrero y me escondí detrás del sillón del living
    Estirándose en el respaldo, hizo un guiño confidente.
           Los vi cuando abrieron los cajones, las alacenas, el botiquín de baño, corrieron a los muebles, revisaron los estantes, sacaron la ropa, vaciaron los bolsillos. Yo apenas respiraba, no quería que me vieran. Salí y cerré la puerta sin ruido, mientras ellos repartidos por la casa seguían metiendo mano en todos los rincones.  Llegué retrasado pero no me culparon porque a tanta distancia ya no hay leyes horarias. Allí, no fue difícil aclimatarme, siempre me gustaron las experiencias nuevas y me trataban dulcemente
    Sin dar mucho detalle contó que había conocido a la chica de puro milagro y que se había enamorado sin medir consecuencias. Ella estaba caminando por una plaza en el momento en que el Tío la cruzaba, con los paquetes de Harrod´s bajo el brazo. Al enfrentarse, una simpatía inesperada los había acercado.
              Y como a ella poco le importa el Juicio Final pero admira el juicio estético, mejoré aún más mi apariencia y logré que me permitieran entrar y salir para lustrarme los zapatos, cambiarme la camisa, renovar las corbatas
     Al hablar de ella lo rodeaba una cadencia emocionante. Coincidí con él en que no se podía andar vestido de cualquier forma, sin prestar atención a la ropa, y menos por lugares importantes.  
                Créame, la ropa desnuda. La apariencia nos antecede; nadie insulta a un tipo con abrigo inglés, ninguna mujer se resiste ante una corbata de seda
    Pensé en María. En sus manos subiendo y bajando por mi pecho como caricias sobre corbatas que yo jamás usaba.
               Nadie es elegante dentro de un mal traje. Usted también haría negocio con el intercambio, podría ocultar el jopito rebelde, mejorar el estilo,
    De reojo me miré en el espejo ancho del salón. El Spencer de fibrana había perdido su prestancia y la camina tenía un vértice del cuello doblado. El Tío, no necesitaba argumentar mucho para convencerme.
             ¿Qué somos desnudos? Ninguna novedad, nada originales. Por eso mismo lo que nos  destaca, lo que nos identifica son las tonalidades, el diseño, el gusto. Glamour, amigo, glamour. Acierto en la elección, hallazgo de las formas. El riesgo del color. Y la fuerza del  amor, claro, traspasando la ropa
      El Tío conocía del tema y se explayaba con agudeza sobre el imprescindible “buen parecer” que destaca del común denominador a los mortales y los vuelve únicos,  irreemplazables. Oyéndolo, se me llenó otra vez la cabeza de María. Volví a sentirla pegada a mi costado, inclinada sobre las solapas pespunteadas de mi abrigo, abrazada a mi espalda, arrugándome la martingala de botones redondos.
     -Está bien -concedí vulnerable-Después de todo, ya se está yendo el invierno.
     El Tío se levantó con un movimiento ligero, como si flotara sobre las baldosas en damero del piso, recogió el abrigo de la silla, se lo calzó en los hombros y dejó sobre la mesa el sombrero de fieltro gris.
                Ha sido un placer. No faltará oportunidad de volver a encontrarnos
 Sonrió y, sin mirar hacia atrás, traspasó la puerta de vidrios biselados.
    Llamé al mozo, pagué la cuenta. Con el sombrero en la mano, caminé hasta la oficina.  Llamadas, firmas y resoluciones me ocuparon hasta el anochecer. Al salir, los letreros reflejaban en las vidrieras milagros de colores y, sobre los maniquíes, caía un haz de perfección. Debajo de ese brillo de marquesinas, entendí que la ropa es la que nos desnuda.
    La que le cuenta a los otros como somos. La que revela nuestros secretos más escondidos. La que cubre los miedos, la que nos libera. La primera que nos delata. La que dice si estamos enamorados. O tristes. O extenuados.    
                                
                                                                         
IDA  Y  VUELTA
 
    La última vez que supe de El Tío, fue doblando una esquina de Corrientes. El neón de los letreros se repartía en flechas de colores. Los escaparates tentaban a la liquidación de invierno, a la levedad de las telas, a los colores excitantes. 
    El Tío, transitaba la vereda par. Impecable. Distinguido. Del brazo de María.
             

                                                                              ***

M.R.C.
Del glamour a la ciénaga (2013)
Editorial DUNKEN

jueves, 26 de marzo de 2015

CRÍTICA LITERARIA


“SIMONE”, DE EDUARDO LALO


                                                                                                                     Por Germán Cáceres*
Eduardo Lalo copia
La novela está escrita en la primera persona de un profesor que confiesa su frustración existencial y su consiguiente amargura: “Tantos hombres y mujeres han creído posible cambiar la historia cuando no han hecho más que padecerla; o mejor sería decir, soportar su barrio, su familia, su mujer, a sí mismos”.
Al principio su prosa magistral y directa parece impulsada a registrar las reflexiones amargas del protagonista mientras deambula por San Juan, capital de Puerto Rico. Son como notas, apuntes y pensamientos espontáneos escritos en una libreta -mientras recorre calles-, varios de ellos de enorme profundidad. Pinta a su país (aunque es cubano de nacimiento) como un lugar frustrado, que carece de alma y de dimensión histórica, de la que no es ajena su condición de Estado Libre Asociado a los EE. UU. Considera a esa ciudad como su razón de estar en el mundo, como su más entrañable pertenencia, pero, a la vez, como una llaga o una herida permanente que no deja de sangrar. El escepticismo y el desánimo presiden estas observaciones: insiste en que todos los días son iguales, que cumplen una rutina de tedio y de hastío.
De pronto, la novela cambia de sentido. El flậneur recibe mensajes anónimos y con citas literarias de alguien que firma Simone Weil, como la famosa filósofa francesa (1909-1943). Los pasos hacia el encuentro con esa misteriosa desconocida resultan estimulantes. Y entonces nace entre ambos (ella es una inmigrante china llamada Li) un amor avasallante, pero también imposible por tratarse de un placer no convencional (“La fuerza salía de las entrañas por conductos hinchados de gozo, en una oleada de furia y júbilo que conducía a la muerte momentánea y espasmódica en la que se iba la vida y, a la vez, se renacía”). Pero, además, el profesor no cree en el amor: “Las parejas se niegan a verlo, pero toda historia de amor tiene un final”.
Simone (Premio Rómulo Gallegos 2013) cuenta con un prólogo erudito y agudo de Elsa Noya, que señala “los procedimientos de construcción del texto como magma metafórico de escritura e imagen”.
Eduardo Lalo (1960) es narrador, ensayista, poeta, docente universitario, cineasta y artista plástico (escultura, pintura, instalación, fotografía y video). Ha escrito, entre otros títulos, La isla silente (2002), Los pies de San Juan (2002), La inutilidad (2004),donde (2005), Los países invisibles (2008) y El deseo del lápiz (2010).


*Germán Cáceres, (Avellaneda,1938)
Novelista, cuentista, guionista, ensayista, crítico y dramaturgo argentino de continuada y prestigiosa obra.

NOCTURNOS AMANECERES


Los tres poemas compartidos a continuación guardan similitudes con los NOCTURNOS,  espacio de penumbra interior y exterior, estado del ánimo que acompaña el momento del cierre del día, pues aunque en estos casos se menciona puntualmente el amanecer, los tropos y simbologías acreditan la nocturnidad, la pérdida de la luz amorosa.





                                                                                   SOIDADE



Teño os dedos sedentos de agarimos
E máis a música morna da túa aperta.
Baleiros daquela airexa de paxaros,
Recendo da luz na mañanciña.

Hoxe  despertome tralos insomnios
E só teño orfandade entre as mans.




SOLEDAD


Tengo los dedos sedientos de sonrisas,
Y de la música tibia de tu abrazo.
Vacíos de aquella brisa de  pájaros,
aroma de la luz en la mañanita.

Hoy me despierto tras los insomnios
Y solo tengo orfandad entre las manos.



M.R.-C.
LUZ DE RAIZAME 
POÉTICA GALEGA (2014)


                                                                               ***


AMANECER

Norah Lange


En el corazón de cada árbol
se ha estremecido la medianoche.

La noche se desmenuza
en lenta procesión de niebla.

Todas las tardes terminan su cansancio.

Los letreros luminosos duermen
el asombro de sus colores
y anticipan la contemplación de cada pobre.

En toda esquina vigila el sueño
y es tu recuerdo la única pena
que humilla la altivez de las aceras.

Lejos, el primer mendigo,
traiciona el portal donde ha dormido.

Y la ciudad se abre como una carta
para decirnos la sorpresa de sus calles.












SOLO EN SUEÑOS

Jaime Sabines



Sólo en sueños,
sólo en el otro mundo del sueño te consigo,
a ciertas horas, cuando cierro puertas
detrás de mí.
¡Con qué desprecio he visto a los que sueñan,
y ahora estoy preso en su sortilegio,
atrapado en su red!
¡Con qué morboso deleite te introduzco
en la casa abandonada, y te amo mil veces
de la misma manera distinta!
Esos sitios que tú y yo conocemos
nos esperan todas las noches
como una vieja cama
y hay cosas en lo oscuro que nos sonríen.
Me gusta decirte lo de siempre
y mis manos adoran tu pelo
y te estrecho, poco a poco, hasta mi sangre.
Pequeña y dulce, te abrazas a mi abrazo,
y con mi mano en tu boca, te busco y te busco.
A veces lo recuerdo. A veces
sólo el cuerpo cansado me lo dice.
Al duro amanecer estás desvaneciéndote
y entre mis brazos sólo queda tu sombra.


                                                                      ***

lunes, 23 de marzo de 2015

RESEÑAS



“El llamado de la selva y otros cuentos”, de Jack London 

                                 
                                               Por Fernando Veglia*
2013-04-11-21-21-25
En la biblioteca familiar, entre los viejos libros de la Colección Robin Hood, unos de tapa amarilla y que datan de la época de nuestros abuelos, estaba El llamado de la selva. Además de la famosa novela, contenía tres relatos: “El silencio blanco”, “La liga de los ancianos” y “El hereje”. Llamativamente, nada decía de la vida del autor.
Jack London estuvo ligado a la aventura: fue vagabundo, marino, contrabandista, buscador de oro, corresponsal periodístico. Afiliado al socialismo, estuvo del lado de los trabajadores, se presentó –sin éxito- como candidato a alcalde de Oakland y dio conferencias por los Estados Unidos. Cuando regresó de Alaska, de la truncada búsqueda de oro, decidió dedicarse a la literatura y legó al mundo excelentes obras, como Colmillo Blanco. Fue un escritor prolífico y metódico, aunque recibió varias acusaciones de plagio. Acabó con su vida en 1916.
El llamado de la selva narra la historia de un perro, llamado Buck. De ser la mascota del juez Miller y de la comodidad de una amplia casa en el Valle de Santa Clara llegará a las heladas tierras de Alaska. Conocerá los castigos del hombre, trabajará hasta el cansancio, sufrirá privaciones, luchará con otros perros por el liderazgo, verá morir a sus compañeros, defenderá a su amo y sentirá el llamado que lo conducirá a unirse a una manada de lobos y a ser temido por los indios Yeehats.
En “El silencio blanco”, Malemute Kid, Mason y Ruth, esposa del segundo, atravesaban una región helada en trineo. Tenían escasas provisiones y a los perros hambrientos. Durante una parada, un árbol cayó sobre Mason, dejándolo mal herido. Malemute Kid quiso esperar a que su amigo se recuperase, pero Mason lo persuadió de aguardar un día; Ruth estaba embarazada y era evidente que no sobrevivirían. Transcurrido el plazo y sufriendo privaciones, Malemute Kid afrontó una terrible decisión.
En “La liga de los ancianos”, Imber, un anciano Whitefish, fue a Dawson a entregarse a las autoridades; deseaba ser juzgado por sus crímenes. Confesados los asesinatos que había cometido, le preguntaron la causa. El anciano explicó cómo los hombres blancos empobrecieron y debilitaron a su pueblo, llevándose a los perros primero y luego a los jóvenes, legándoles costumbres nocivas y enfermedades desconocidas. Ante tales desgracias, él y otros Whitefish juraron vengarse de los blancos, asesinándolos silenciosamente. Sin embargo, sentía que era demasiado viejo y que debía comparecer ante la ley.
En “El hereje”, Charley regresaba a Tahití en la sobrecargada goleta “Petite Jeanne”. Durante el viaje, la viruela atacó a los pasajeros, enfermando a unos y matando a otros. El nerviosismo y la desconfianza crecieron, hasta que un huracán engulló la embarcación. Charley compartió una tapa de escotilla con Otoo -un Kanaka de Bora Bora-, ambos llegaron a un atolón, vivieron con los nativos y fueron rescatados por un crucero francés. En Tahití, intercambiaron sus nombres como signo de amistad y emprendieron, durante  diecisiete años, incontables aventuras. Otoo cuidó de Charley en todo sentido, como un amigo ejemplar. Sin embargo, en las islas Salomón, en ocasión de buscar objetos para trocar, llegó el trágico fin de la hermosa amistad.
En las cuatro obras, a través de un lenguaje sencillo y un estilo vivo, nos enfrentaremos a una naturaleza hostil y salvaje, sufriremos privaciones, lucharemos por sobrevivir, sortearemos eventos peligrosos, necesitaremos coraje y valor para continuar en busca de los objetivos, veremos perecer a los débiles, interactuaremos con nativos, tomaremos decisiones vitales y transformaremos nuestra visión civilizada. De principio a fin, viviremos la aventura. Viviremos, por unas maravillosas horas, en el universo de Jack London.

* * *
Reseña de Fernando Veglia p/fernandoveglia 
*Escritor y articulista argentino.

sábado, 21 de marzo de 2015

DÍA INTERNACIONAL DE LA POESÍA





CENICIENTA









Estaba mi corazón, por esa hora,
extraviado del ritmo de la cuerda
en un latir de grises minuteros.

Descendía el recuerdo, palmo a palmo,
una escalera estrecha.

A destiempo,
la campanada del gozo, dio las doce.

He de perder —me dije— 
el zapato, 
y el milagro del baile que me espera,
si bajo tan de prisa por la pena.

Entonces, 
empinando la tristeza,
descalza me volví a los salones.
Y descalza bailé, la noche entera.






LUZ DE RAIZAME
M.R.-C.

21 DE MARZO DÍA INTERNACIONAL DE LA POESÍA



Pies, ¿para qué los quiero? Si tengo alas para volar.
   
                                                                             Frida Kahlo




La poesía es el sentimiento que le sobra al corazón

y te sale por la mano.

                                                                             Carmen Conde 



ODA A LAS MUSAS

(Fragmento)
                                                                             
                                                                                     Leandro Fernández de Moratín



[...]A mi patria infeliz mayor ventura,
Dénsela presto, y mi postrer suspiro
Será por ella... Prevenid en tanto
Flébiles tonos, enlazad coronas
De ciprés funeral, Musas celestes;
Y donde a las del mar sus aguas mezcla
El Garona opulento, en silencioso
Bosque de lauros y menudos mirtos,
Ocultad entre flores mis cenizas.







El poeta ve lo poético en las cosas más cotidianas.

                                                                             Olga Orozco






LA HORMIGA

                             Dulce María Loynaz



La miel guardé y se me agrió la miel:
-Mariposa con sed junto a mis rosas...-
Guardé la luz y se extinguió en lo obscuro:
-Noche la de tu amor... ¡Y sin auroras...! -
Guardé el beso... y el beso se hizo estrella,
dulzura muerta, claridad remota
y fría... -Tú en la tierra; yo en la tierra...
la tierra dura que se pega... -Ahora
guardo la estrella y me pregunto a veces
qué nueva frialdad será en la hora
de mañana, qué sal aún no probada,
¡qué sombra todavía entre mi sombra!...







UNHA VEZ TIVEN UN CRAVO


                                     Rosalía de Castro


Unha vez tiven un cravo

cravado no corazón,

i eu non me acordo xa se era aquel cravo

de ouro, de ferro ou de amor.
Soio sei que me fixo un mal tan fondo,
que tanto me atormentóu,
que eu día e noite sin cesar choraba
cal choróu Madalena na Pasión.
“Señor, que todo o podedes
-pedínlle unha vez a Dios-,
dáime valor para arrincar dun golpe
cravo de tal condición”.
E doumo Dios, arrinquéino.
Mais…¿quén pensara…? Despois
xa non sentín máis tormentos
nin soupen qué era delor;
soupen só que non sei qué me faltaba
en donde o cravo faltóu,
e seica..., seica tiven soidades
daquela pena…¡Bon Dios!
Este barro mortal que envolve o esprito
¡quén o entenderá, Señor!…


UNA VEZ TUVE UN CLAVO

Una vez tuve un clavo
clavado en el corazón,
y yo no me acuerdo ya si era aquel clavo
de oro, de hierro o de amor.
Sólo sé que me hizo un mal tan hondo,
que tanto me atormentó,
que yo día y noche sin cesar lloraba
como lloró Magdalena en la Pasión.
"Señor, que todo lo puedes
-pedile una vez a Dios-,
dame valor para arrancar de un golpe
clavo de tal condición."
Y diómelo Dios, arranquelo.
Pero... ¿quién pensara?... Después
ya no sentí más tormentos
ni supe qué era dolor;
supe sólo que no sé qué me faltaba
en donde el clavo faltó,
y tal vez... tal vez tuve soledades
de aquella pena... ¡Buen Dios!
Este barro mortal que envuelve el espíritu,
¡quién lo entenderá, Señor!...






miércoles, 18 de marzo de 2015

PRESENTACIONES DE ANTOLOGÍAS

De izquierda a derecha, Carlos Penelas, Marita Rodríguez-Cazaux, Ricardo Tejerina, Sabrina Vega



En el marco de ROI (Recepción de Obras Inéditas) de Editorial Dunken, 
el próximo domingo 29 desde las 10 AM. dan comienzo las presentaciones de las Antologías 2015. 


En la previa de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, 
serán presentados en el salón editorial, 
El libro de los talleres XXVII, ¿Por qué poesía? y Tejedores de hebras. 

Llevarán adelante la mesa los escritores 
Carlos Penelas, Marita Rodríguez Cazaux y Ricardo Tejerina. 





SALÓN EDITORIAL DUNKEN
Ayacucho 357 - CABA


Entrada abierta al público en general.