lunes, 20 de octubre de 2014

RESEÑA LITERARIA

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“El cuervo y otros poemas”, de E. A. Poe

Por Fernando Veglia
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El cuervo y otros poemas fue un regalo de Navidad. La persona que me lo obsequió me dijo: “Este libro te gustará. Poe es para ti”. Tan convencido lo afirmó que evité decirle, quizá para no machacarle la ilusión, que había leído otros libros del autor.
Leí la obra ávidamente, internándome, palabra a palabra, en ese universo de melancolía (“El día más feliz”), locura (“El cuervo”), amor (“Para Annie”), desesperación (“Al silencio”) y muerte (“Los espíritus de la muerte).
La primera lectura me dejó la sensación de haber estado amparado en las penumbras, en esa antigua disputa entre luz y oscuridad. Una segunda lectura, quizá más minuciosa o detallista, me colocó al borde de un precipicio; tuve ganas de cerrar las ventanas, temiendo que una diabólica melancolía acabase con mi razón.
Los poemas de Poe eran intensos, estaban cargados de profundos sentimientos. No pasaban inadvertidos a mi espíritu; podían arrastrarme al fondo de un oscuro abismo, mantenerme cautivo y liberarme, en el instante preciso, para que pudiese ascender a la superficie.
Perturbado, abandoné el libro en la biblioteca y, por algún indescifrable artilugio, no podía evitar escuchar su llamado, una especie de graznido moribundo. Supuse que estaba enloqueciendo y que debía hacer algo para impedirlo.
Inusualmente y sin que me lo solicitasen, presté la obra a un amigo, haciendo excelentes recomendaciones y suponiendo que eso bastaría para librarme del terrorífico y persistente sonido.
Olvidé el asunto hasta que, seis años después, necesité hacer esta reseña. Telefoneé a mi amigo y afirmó que no poseía el libro, que lo había prestado y no recordaba a quién. Añadió que los poemas le habían fascinado.
No lo podía creer; era claro que, cuando lo leí, había sido víctima de la sugestión. Maldije hasta cansarme, hasta caer derrotado en un sillón. Entonces, volví a escucharlo. Era el graznido, guiando mi vista al último estante de la biblioteca, al fino lomo de un libro usado. Era ese maldito y rítmico graznido, diciendo que nunca se había marchado y que nunca se marcharía. Retornaba a las penumbras, al borde del precipicio, al universo de Poe.

1 comentario:

  1. "Una vez, en una taciturna media noche, mientras meditaba débil y fatigado..." Palabras que retumban en mi cabeza cuando me nombran o veo una imagen de Edgar Allan Poe. Es inimaginable pensar un universo gótico sin la existencia del eterno enamorado de Annabel Lee. Supe, cuando lo leí por vez primera, allá por mis 15 años de edad, que este autor sería el amor de mi vida. Sí, así lo confieso y así me enorgullece decirlo: el amor de mi vida. No puedo olvidar sus primeras palabras y no puedo dejar de erizar mi piel cuando repito: "Y el cuervo sin revolotear, todavía posado, todavía posado, en el pálido busto de Palas encima de la puerta de mi habitación, sus ojos teniendo todo el parecido del demonio en que está soñando....¡Un demonio que está soñando! ¿Pero cómo puede haber tanta locura en tan breve expresión?
    No podría dejar de nombrar "La verdad sobre el caso Valdemar" "El entierro prematuro" "La caída de la casa Usher", etc como otras grandes obras de dicho autor.
    Pero, en conclusión, ni Howard Philips Lovecraft ni Guy de Maupassant, con sus magnificas historias terroríficas han logrado apartar de mi oscuro corazón al inigualable Edgar Allan Poe...

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