martes, 11 de agosto de 2015


SE VIENE LA SEGUNDA CLÍNICA DE CUENTOS
 CON MARITA Y RICARDO
 EN EDITORIAL DUNKEN

El próximo sábado tendrá lugar la segunda clínica "Contrapuntos" para autores de cuentos. Las localidades están agotadas como en la primera realizada el 1/8. 
Aquí fotos de aquella jornada conducida por Ricardo Tejerina y Maria Rodriguez en el salón de Dunken en CABA. 
Para consultaswww.dunken.com.ar



Compartimos algunas fotos de lo que fue la primera Clínica Literaria ROI, coordinada por los escritores
 Marita Rodríguez-Cazaux y Ricardo Tejerina.


La próxima será el sábado 15 (ya con los cupos agotados)

lunes, 10 de agosto de 2015

NARRATIVA



NOCHEBUENA


Fernando Silva dirige el hospital de niños en Managua. En vísperas de Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde. 
Ya estaban sonando los cohetes, y empezaban los fuegos artificiales a iluminar el cielo, cuando Fernando decidió marcharse. En su casa lo esperaban para festejar.
Hizo una última recorrida por las salas, viendo si todo queda en orden, y en eso estaba cuando sintió que unos pasos lo seguían. Unos pasos de algodón; se volvió y descubrió que uno de los enfermitos le andaba atrás. 
En la penumbra lo reconoció. Era un niño que estaba solo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y esos ojos que pedían disculpas o quizá pedían permiso.
Fernando se acercó y el niño lo rozó con la mano:
-Decile a… -susurró el niño-. Decile a alguien, que yo estoy aquí.




                                                                                         Eduardo Galeano
"El libro de los abrazos"

Imagen: Juanito dormido (1974) de Antonio Berni

NARRATIVA


Cinco días

Por Fernando Veglia
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Un año y seis meses es tu edad, azul o celeste aparentan ser tus colores favoritos, preferís gestos a palabras; ademanes, miradas y sonidos entrecortados expresan el mundo que te rodea.
Sedosos cabellos rubios convertidos en finos cabellos castaños, ojos grises de cielo nublado en ojos celestes de cielo calmo, rostro de bebé inquieto en rostro de niño travieso. La transformación, la curiosidad y el descubrimiento te envuelven con ternura de madre.
El tiempo muere a medida que creces, atesoro cada instante como recuerdo imborrable. Temo que los días susurren a tu corazón palabras de olvido acerca de nuestro amor; llegará el momento en que nos veremos hombres, juzgarás mis decisiones sobre tu persona, actos y sentimientos; entonces te hablaré sobre un muchacho joven, su amor, aciertos y errores. Seré vulnerable, cual niño de año y medio, puesto que ninguna explicación muta ausencia en presencia, o angustia en satisfacción.
Espero que, en tu juventud, comprendas los párrafos siguientes; una ínfima porción de nuestras vidas, una simple anécdota.
Estábamos en la cocina de la casa de tus abuelos maternos, tenías los pies sobre una silla, las manos en la mesa y la mirada encandilada por un diminuto auto; tu abuelo lo arrastraba, con su pesada mano, de un extremo a otro de la mesa, imitando con voz ronca el bramido del potente motor. 
Entre los pliegues del mantel, nacía la extensa ruta que atravesaba el desierto, las migas, como rocas, dificultaban la marcha, los vasos, cual columnas de templos abandonados, vigilaban el camino y la panera, montaña de piedra inalcanzable, debía ser rodeada para retornar por la misma senda.
Tu tío, Germán, sentado en la cabecera, los contemplaba tiernamente, sin entrometerse en el juego. Tu abuela me hablaba, ligera y ansiosamente, de las pertenencias que tu madre aún tenía en el departamento. 
Alguna vez, vivimos los tres juntos. Fue un período feliz por tu llegada y turbulento porque mi relación con tu madre empeoraba. Desde entonces, cinco días nos separaron, sólo compartíamos sábados y domingos. Temía que mi peor pesadilla fuese materializada; la fría indiferencia ante mi alegría cuando nos encontrábamos, o el irremediable llanto que, a mitad de la noche, nos distanciara. Deseaba, con todas mis fuerzas, que jamás me castigaras tratándome como a un extraño.
A todo lo que solicitó tu abuela dije sí, incluso ofrecí colaborar en el embalaje y el traslado, era cuestión de verte ajeno al mundo. Luego, tu abuelo me habló de lo mismo y, a todo, volví a decir sí.
Debía irme; había llegado el momento de la despedida. Te besé en la mejilla sin decir palabra, sin arrancar tus pensamientos del juego; un simple “chau” hubiese desatado el llanto. No estaba despidiéndome, huía. Di tres pasos en dirección a la puerta, cuando tus pequeñas palabras pidieron a mis ojos la mirada. Con un auto aprisionado en cada mano, parado sobre la silla, casi tambaleando, me decías, besando el aire con finos labios, “te besaré”. Nos despedimos como hombres. A mi espalda no escuché lloriqueo o escándalo. Estábamos aprendiendo a esconder las lágrimas, en el silencio de nuestras almas.

                                                               


Relato incluido en el libro Líneas (Editorial de los Cuatro Vientos, 2005)

jueves, 6 de agosto de 2015

CULTURAL


MARITA RODRIGUEZ-CAZAUX
EN UNA CHARLA  DISTENDIDA Y AMENA,  
CON SORPRESA DE POR MEDIO

SÁBADO 8 DE AGOSTO EN RADIO ZÓNICA, A LAS 14:00

ME QUEDO CON VOS, EL MULTIFACÉTICO PROGRAMA DE LAS PERIODISTAS 
MARTA Y STELLA VITALE


Imperdible!!!!!!!!!!Bienvenida Maria Rodriguez 

Me quedo con vos!!!!!!! 


La prestigiosa escritora, compiladora y jurado: ‪#‎MaritaRodriguezCazaux‬
en una nueva entrevista en vivo, hablando de las exitosas Jornadas Literarias "Cuento" del 01/8 y la próxima 15/8 en ‪#‎EditorialDunken‬ y mucho más sobre su trayectoria literaria, 
su talento nato, su increíble ‪#‎Poemario‬ que nos permite volar perdidamente hacia nuestras más increíbles fantasías amorosas,sus obras, sus filosóficas reflexiones con el buen humor
y la súper onda que la caracteriza.

#‎Mequedoconvos‬ con las periodistas Marta y Stella Vitale,
el sábado 08/08 14 hs por Radio Zonica Online y con la mejor música!!!!!! 


Ingresá a www.radiozonica.com.ary escuchanos desde cualquier lugar del planeta!!!!!!!


OPINIÓN - CRÍTICA LITERARIA

AVANCE


“MUJER SIN MAQUILLAJE”
 DE GABRIELA INÉS CASAÑAS


        
        Novelista destacada, la escritora argentina presenta en esta oportunidad una selección de cuentos donde penetra el paisajismo interior, bajo una condición reiterada en su estilo: talentosa orientación para hallar la palabra justa y afortunado modo de volverla expresiva imagen.
        Las historias humanas, voces y pasos que encauzan la altura literaria de Gabriela Inés Casañas, transitan el territorio sensible y realista en su último libro, “MUJER SIN MAQUILLAJE”.
        Formación y léxico conciso, fluido, imbuido de percepción, un modo de decir que trasciende el escenario donde se monta la trama para abarcar lo que César Vallejos denomina “el vuelo del talento”, pronostican en la presente compilación, multiplicidad de escenografías y personajes. Así, su narrativa goza de introducción pulida, apunta ligera flecha al conflicto y remata el avatar con acierto sin refute.
       Sin embargo, para manifestarlo, no alcanza el lenguaje de las cosas, como afirma Marechal, sino el silencio rico, grávido. Este es el silencio que no resigna Casañas, en el que hasta el menor y más suspendido gesto puede tocarse, ocupa lugar.
       Otro punto destacable en su narrativa, es su agudeza para crear y recrear el elenco humano y sus itinerarios.
       Sabemos que para acaparar este valor ha de ser preciso que el escritor levite sobre sí mismo; acople su latitud personal al movimiento universal, cruce miríadas de leguas o cercanías tras el eco que dejará de ser lengua propia para volverse idioma cósmico, ilimitado. Un ejercicio descomunal que llega desde el inconformismo y establece empatía entre el lector y quien escribe. Primordial cualidad de la que también dispone la obra de Gabriela Inés Casañas, la efectividad en la relación de Autor-Lector.
      Innegable carisma a su favor y una suerte de rebeldía fecunda —por momentos confidencial, en otros, detonada como los fuegos artificiales que estallan en el instante absorto—, le permiten desnudar los espirales que tantean mujeres y hombres, desde el primer día de la Creación.
       Sabemos que seguiremos buscando la llave para penetrar tantos asombros y cuestionamientos como corazones laten, y, al pensar de Luz María Loynaz, las vicisitudes compartidas habrán de orientarnos a hallarla. Quizá por esto mismo, nos vinculamos desde la intimidad con contagiosa celebración, para ir descubriéndonos a través del otro, de igual manera eso nos permite desnudar nuestro costado más íntimo, el perfil menos transitado de nosotros mismos.
       En torno a este enunciado, se ha revelado la cabal obra de Casañas, quien vuelve a posicionarse como cuentista impecable en “MUJER SIN MAQUILLAJE”.
       Para concluir, Leopoldo Castilla: “el escritor agrega mundo al mundo”. Acordamos, bastará leer a Gabriela Inés Casañas.                    
                                    
                                                                  
                                                                              


MUJER SIN MAQUILLAJE”, de Gabriela Inés Casañas
(2015)
Editorial Dunken


* Novelista y cuentista argentina, autora de "La libertad de Oudine"(2009), "Semen"(2013).






miércoles, 5 de agosto de 2015

UNA DEFORMACIÓN PROFESIONAL

                                                                                                       Por Alberto Ernesto Feldman
Me adelanté a mi secretaria, que estaba respondiendo un llamado telefónico, y le abrí la puerta. Me impactó al instante, la debo haber comido con los ojos, porque bajó tímidamente los suyos. Con un impulso irreflexivo, levanté suavemente su mentón con dos dedos y le dije que siguiera mirándome siempre, sin pensar que pudiera enojarse, dar media vuelta, y desaparecer.
Eran los ojos más hermosos y expresivos que había conocido en toda mi vida, puestos como la frutilla de la torta en una mujer bella por donde se la mirase, y nos quedamos los dos como hipnotizados o, mejor dicho, yo hipnotizado y ella sorprendida, hasta que mi buena secretaria rompió el encanto ladrando: – ¡Doctor, haga pasar a esa chica y cierre la puerta que hay mucha corriente!
Entramos al consultorio y me volví a solazar en esos prados verdes con manchitas grises. Entonces supe que su mirada iba a encontrar muchas veces la mía. Habría muchas consultas; esas lesiones sumadas de cristalino, iris y retina exigirán tratamientos prolongados y controles periódicos. El proceso está tan avanzado que se lo puede diagnosticar a simple vista, pero igual voy a confirmarlo con instrumental y pruebas de Laboratorio. Finalmente, y sin garantizar resultados, seguro que va a ir a cirugía, pero hay mucho que hacer antes, esto no es frecuente ni ha sido muy estudiado, exige muchos cuidados. Ojalá que se pueda detener la evolución. Mis ojos y los suyos van a estar mirándose muchas veces en ambos extremos de alguno de los tantos aparatos que la tecnología nos ofrece a los oculistas. Hermosa criatura: todo lo que pueda hacer por ti, lo haré, y no me detendré hasta que se borre la angustia de tu rostro tenso y una sonrisa se instale en forma permanente.
¡Maldita sea la deformación profesional, que me impide disfrutar totalmente de la belleza de los ojos de esta mujer al ver tan claramente su Patología!

                                                                                                 ***

NARRATIVA

LOS QUEHACERES DE UN ZÁNGANO: “TOCCATA Y FUGA (PRE Y POST HISTORIA DE UNA CACHADA BRAVA)”

                                                                                                               Por Fernando Morote
metronomo
A Metrónomo siempre le había gustado. Pluscuanperfectamente, incluso, en alguna época de su vida, él había llegado a amarla. Pero ahora se trataba de todo lo contrario. Los rechazos continuos, aunque siempre sutiles, y no siempre sinceros, de Leydú, habían terminado por cansarlo. Y eso que él lo tenía todo, convencionalmente hablando, para conquistarla. A propósito de esos rechazos, un día Metrónomo escribió en su diario: “He decidido no tener relaciones, a menos que sean sexuales y además promiscuas, con las mujeres”. Entonces resolvió emular a Ramsés II y a Huayna Cápac, dos de los héroes máximos de la fornicación mundial: 82 hijos el primero, más de 100 el segundo. Metrónomo, en cuestión de tretas, era silencioso, pero mortal; como los mejores pedos. Iniciaría su periplo por los cuerpos femeninos, lógicamente con Leydú, quien esa mañana, vaya Dios a saber por qué motivo, había finalmente aceptado su invitación; quizás para que nunca más se volviera a repetir.
º   º   º   º   º
El alcohol es un buen sustituto de los libros. Esto por fin lo entendió Metrónomo cuando terminó de preparar su primera conferencia, que ofrecería precisamente esa misma noche. Se sirvió una copa de vino y la saboreó malévolamente dirigiendo sus pensamientos hacia Leydú: ella lo había rechazado hasta ahora porque se jactaba siempre de ser muy recta, muy moral, casi mística; pero él sabía que en el fondo también le gustaba lo otro. Llegada la hora, se peinó concienzudamente. Para él eso era muy importante; se fracturó la cabeza con una raya enérgica ubicada entre lo que sería una raya al medio y otra al costado; una miradita al espejo, y afuera.
Metrónomo y Leydú pasearon esa tarde. Recorrieron parques y hospitales, visitaron enfermos desconocidos y rezaron por ellos. Leydú era muy recta, muy moral, casi mística. Ante la insistencia de Metrónomo, ella aceptó tomar un trago. Bebieron vino y después cerveza. Se sintieron más próximos, más cercanos. Hablaron sobre las obras de caridad que Leydú practicaba y sobre la inmensa pena que a ella le causaban los mendigos en la calle. Pero a pesar de su ascetismo, el vino empezó a perturbarla. Metrónomo lo notó y aprovechó la oportunidad para tirarse de golpe a la piscina: le propuso ir a un hostal. Inmediatamente después esperó los puñetazos en la cara, pero éstos nunca llegaron. Ella, luego de un remilgo algo forzado, finalmente accedió. Las sospechas de Metrónomo fueron confirmadas.
º   º   º   º   º
Suben a la habitación del hostal. Metrónomo apaga las luces, es casi de noche, se sientan ambos al borde de la cama y allí, sin decirse nada, se tocan, se excitan¼.
—Me gusta tu barba —dice ella.
—¿En serio?
—En serio.
—Pues a mí no —replica él.
—¿No?
—No. Como ves, no es en realidad una barba. Son más bien unos cuantos pelos adheridos a mi mentón.
En efecto, la barba de Metrónomo, más que real parecía pintada con crayola.
—Además —prosigue él—, tampoco me queda bien; de eso estoy plenamente seguro.
—Entonces, ¿por qué no te la afeitas?
—Porque es un símbolo de desprecio, una forma de burlarme del supuesto buen gusto de los demás.
Ella sonríe piadosamente.
—Quítate la ropa —le susurra él al oído y se recuesta, vestido aún, en la cabecera de la cama, mientras la contempla desnudarse, lentamente, frente al espejo.
Leydú no poseía una belleza estruendosa, pero sí una parte posterior fascinante; su perfil tampoco era tan agradable como su frontis; su cabeza en realidad era un corcho, pero si bien no podía negar aquellos coágulos que sobresalían de su cerebro, allí estaba ella; pasaba con once. Ya al natural, ella se da la vuelta y se acerca a la cama, descorre la colcha estampada con “Los Girasoles” de Van Gogh y cubre a Metrónomo con su cuerpo desnudo, luego lo besa, lo muerde…“Obviamente se me paró el miembro”, escribiría después él en su diario. Al primer contacto surgen los piropos mutuos:
—¡Qué maravillosa protuberancia! —dice ella, palpándole el órgano.
Y él contesta, grueso pero conciso:
—¡Siempre supe que tenías un buen par de omóplatos!
Se suceden una y otra vez los inquietantes mordisqueos de Leydú sobre el cuello de Metrónomo.
—Espera —le dice él, apartándola suavemente de sí; se levanta y corre a encender la luz.
La luz encendida recién desnuda de verdad a Leydú; se cubre los senos con ambas manos. Metrónomo va hasta la mesita de noche, abre el cajón y saca el famoso libro que, al llegar, y sin que ella se diese cuenta, escondió allí.
—Esto es lo que vamos a hacer —dice— Vamos a leer la Biblia.
Ella se desconcierta, él insiste:
—¿No es acaso esto lo único que te interesa hacer en la vida? ¡Ah, y por cierto! ¿Cómo es posible que tú, una mujer tan pura, tan noble, estés así, completamente desnuda y mojada frente a un hombre que ni siquiera se ha quitado los zapatos? ¡Serías más atractiva si fueras más inteligente!
A Leydú le entró el julepe. Brincó de la cama y, haciendo equilibrio sobre sus zapatos recién puestos (Metrónomo observó con desencanto que un zapato feo -los de Leydú lo eran- destroza, aniquila, la sensualidad de una mujer), se aventó contra Metrónomo, le apretó los testículos y le mordió los ojos; Metrónomo ofreció cierta resistencia, forcejeó un rato, pero al final perdió; Leydú lo llevó de nuevo hasta la cama, lo desvistió, le arrancó brutalmente cada una de sus ropas y lo envolvió, esta vez sí definitivamente, con su cuerpo desnudo.
El primero fue un ayuntamiento salvaje, ensordecedor. Sólo hubo un pequeñísimo momento de pausa, cuando ella se quedó inerte sobre la cama esperando la agresión inmisericorde de Metrónomo, por lo que éste tuvo que protestar, diciendo:
—¡Ah, no! ¡Aquí también tiene que haber actividad femenina!
Entonces Leydú se mostró más humana; dejó de ser una simple tabla penetrable para convertirse en un organismo vivo, participante activo de la experiencia. Para el segundo asalto, Metrónomo encendió el radio: hicieron el amor esta vez al ritmo de una sinfonía clásica; Metrónomo le insertó el miembro en el cuarto movimiento. Y después de esa movida fenomenal, le asestó a Leydú un duro golpe; le preguntó:
—¿Dónde quedó ahora tu espiritualidad, mi amor?
Leydú, helada. Entonces Metrónomo encontró la inspiración y la oportunidad; extrajo su diario del bolsillo y escribió: “Quiero sentir algo más serio por las mujeres. No he conocido todavía ninguna que pudiera mejorar mi concepto respecto a ellas. Nada hacen de extraordinario para que esto suceda: corren dando saltitos, gritan enloquecidas, patalean, miran de soslayo, suspiran enamoradas, hablan bajito, miran al cielo, estudian secretariado, suben a los autos, abren las piernas, lloran, tienen hijos, después amantes (que pueden ser sus hijos), escriben a máquina, salen casi desnudas a barrer la entrada de sus casas, y mueren. Sencillamente. Mueren sin grandeza, como los seres humanos”. Antes de guardar el diario recordó algo que anotó enseguida para no olvidarlo. Agregó: “Yo necesito una mujer que haya sufrido, pero que no haya sufrido en vano”. Leydú trató de detener a Metrónomo cuando vio que éste se ponía la ropa y alistaba sus cosas para largarse de allí sobre la marcha. No pudo lograr mucho, sin embargo, pues él volvió a paralizarla: lo contempló escribir, y luego pegar en la ventana de la habitación, un cartel que decía en grandes letras de imprenta: “SE DICTAN CLASES DE MORAL. LLAMAR AL TELÉFONO 2004-1992. PREGUNTAR POR EL SR. METRÓNOMO CABIEDES”. Segundos después lo vio partir con su cuerpo y su andar de hombre bueno, pero sometido.
 º   º   º   º   º
Metrónomo tenía que ofrecer una conferencia esa noche. Su primera conferencia. Estaba ya sobre la hora. Llegó apuradísimo al auditorio. Su ropa no era la apropiada; esto era muy importante para él, así que se tomó un tiempo para cambiar de aspecto. Pidió un terno prestado, muy elegante y serio, pero con el apuro y el nerviosismo…Metrónomo sale al escenario con la bragueta abierta y el miembro expuesto. El auditorio se escandaliza. Se oyen risas y llantos.
—¡Oh! —dice Metrónomo, al comprobar su descuido— Disculpen. Olvidé ponerme la corbata.
Abandona corriendo el proscenio y al rato regresa con la corbata impecablemente arreglada, pero igualmente con la bragueta abierta y el miembro expuesto. El auditorio estalla en más risas y en más llantos. Metrónomo baja la cabeza y experimenta en ese momento una intensa y extensa sensación de dolor. No sabe cómo reaccionar. No se le ocurre nada, una salida ingeniosa, divertida, o lo que sea. Él nunca supo sortear con habilidad situaciones como ésa. Y es que Metrónomo era abogado; un buen abogado, pero nada más. No era mucho, realmente. Por fin intenta algo: sin mover la cabeza, torvamente cambia la dirección de su mirada y encuentra que¼
º   º   º   º   º
Leydú seguía en la habitación del hostal aquel y estaba nuevamente acompañada.
—Amor —le dice ella a su amante, en la penumbra íntima—, sé amable conmigo. Ya sabes a lo que me refiero.
Entonces Amor Gutiérrez se arrodilla sobre la cama, soba suavemente los muslos de Leydú y le rasca con fruición las plantas de los pies.
los quehaceres de un zangano[2]