domingo, 7 de junio de 2015

NARRATIVA

                                         

E S T A B A      E S C R I T O







                                     Inestable: Tauro y Piscis. Más tolerancia en temas decisivos.                                             Respeten las iniciativas de cada uno aunque vayan por lugares diferentes.

                                                                               Horóscopo (2001) Revista Viva




Apenas veinte días antes ella lo había llamado por teléfono para confirmarle que se aprobaba su postulación como corrector en el diario y la entrevista era el martes siguiente, pero él se negó a ir porque no era su día de suerte y le pidió cambiarlo por otro propicio.
Cuando se presentó esa tarde, le confirmó que el éxito de la gestión había dependido de la fecha y le estaba muy agradecido.
- Ya lo sabía - aseguró, inclinándose sobre el escritorio y bajando la voz, con gesto cómplice, arreglándose la corbata de estrellitas verdes, mientras ella intentaba imaginar como puede alguien comprar algo tan espantoso para el primer día de trabajo.
- No crea que fue un capricho - continuó amigable, mirándola - es que nací un jueves, Piscis clavado y con Venus en la puerta, así que esta semana transformaré mi vida, está en mi carta natal.
Pobre, pensó ella mirando los ojos brillantes y sonriendo con esa media sonrisa complaciente que le servía para terminar las conversaciones inútiles mientras le indicaba, con un gesto, el camino a la oficina donde lo esperaban.
Había pasado más de un mes cuando volvieron a encontrarse en el ascensor, él la saludó y se apuró a salir caminando casi de costado por el pasillo.
Un viernes se chocaron casualmente en la máquina de café. Con el vaso de plástico en la mano, él apoyó su mirada un momento sobre la de ella y apenas la saludó.
El lunes lluvioso volvieron a verse en el guardarropa, mientras cada uno retiraba los paraguas, y él se ponía el impermeable dándole la espalda y se iba sin mirarla.
Es un ordinario, se repitió sentada en el subte de vuelta a su casa, - no cabe duda de que es un maleducado, hacerse el importante cuando lo ayudé para cambiar la hora de la cita porque antes de las tres no quería, o tal vez tenga algún problema, claro, debe ser eso-, se consolaba todavía cuando bajó en la estación y lo vio apoyado en la pared al costado de los molinetes.
- No podía hablarte hasta las seis y media, perdoname, - dijo sonriendo debajo de la barba oscura, subiendo las escaleras a su lado.
- Sos un grosero,- le gritó ella en medio de la calle mientras se apuraba para llegar a la esquina y él se estiraba tratando de abrazarla.
El aliento de él casi le rozaba la cara.
- Pero está escrito, no podés cambiar eso, me enamoro de vos; lo dicen los astros. Y lo más importante, como vos sos Tauro, también te enamorás de mi mientras cruzamos esta avenida. Y nos vamos juntos al fin de mundo. Pase lo que pase,- agregó con voz firme como si fuera el enunciado de un mandamiento.
Entonces entendió. El tipo estaba totalmente chiflado. Absoluta y claramente desequilibrado.
Con el impermeable a medio abotonar y con el paraguas abierto tratando de cubrirla, esquivando baldosas quebradas, con el diario bajo el brazo y el pelo chorreando agua, era la imagen más cómica que recordaba.
- Tiene que ser esta noche, mañana ya tenemos que estar viajando para que todo resulte perfecto,- dijo mientras ella apuraba el paso para saltar un charco.
- Lo más difícil es arreglar en el trabajo, pero no quiero aplazar la salida, mirá, tengo los pasajes - y metiendo la mano en un bolsillo sacó dos cartulinas azules.
¿De qué hablás? iba a contestarle sin compasión, pero lo miró y un aire tibio, desacostumbrado, le cerró la boca. Mientras la tomaba del brazo lo escuchó insistir.
- Será mejor charlarlo sentados en un café, sin apuro, total a mí no me espera nadie y vos estás casi temblando de frío – decía y la empujaba hacia el bar de la esquina.
Cuando se sentaron le pareció que él la miraba por primera vez, con otros ojos, sin los nervios de la primera entrevista, sin el apuro del ritmo de la oficina.
- Pensé que eran grises-, se dijo ella en secreto, cuando bajo las luces del bar se dio cuenta de que eran casi azules, como acerados, y hasta la corbata con estrellitas verdes le pareció que combinaba con la camisa a rayas y el impermeable beige.
- Mirá, me parece que sos muy precipitado - empezó diciendo mientras revolvía el café - tenés que tomar con mayor calma esta situación - continuó persuasiva por temor a desencadenar otro ataque.
Pero él le tomó la mano y le acariciaba los dedos, pasando los suyos como rastrillos por cada uno como si fueran surcos y se detuvo en el antebrazo dibujando corazones invisibles con el índice.
- A las diez te tengo que besar, a esa hora exacta, así que apurate con el café que faltan tres minutos – le avisó.
No puedo creerlo, pensó ella, mientras el muchacho le sostenía la nuca y le hacía cosquillas con la barba sobre la boca.
El beso fue a las diez en punto, y cuando salieron del bar, apoyados en la pared de ladrillos despintados, los besos no tuvieron frenos ni relojes y siguieron abrazados hasta la casa de la chica.
- Mañana nos vemos en el almuerzo pero no te vistas de rojo porque es miércoles y trae mala suerte, y no dejes de bajar al subte por el lado izquierdo para que nada impida nuestro encuentro - aseveró antes de que ella cerrara la puerta.
Cuando volvieron a encontrarse en el comedor de la empresa, él la llevó hasta la mesa del rincón y le pidió que no le hablara hasta el sábado, porque se avecinaban contradichos inoportunos y rencillas.
- No quiero desequilibrar esta relación, así que te llamo el sábado a la tarde y vamos a bailar - se disculpó con un movimiento de hombros.
Lo dejo, pensó ella mientras bajaba las escaleras por el lado izquierdo y se llevaba por delante a los que subían, lo dejo y me lo saco de encima; pero la cara del muchacho se le aparecía en medio de las otras caras y un cosquilleo desconocido se iba apoderando de su voluntad cuando pensaba en él.
Hizo todo lo posible para no pensar hasta el sábado, pero fue inútil y cuando el teléfono sonó, atendió con la voz estrangulada de tanto nombrarlo sin nombrarlo.
Bailaron con música y sin música, enlazados como si hubieran sido creados en un universo astral para encajar como engranajes perfectos. Y más tarde cuando uno en brazos del otro descubría el delicado arte de negociar en el amor, supo que estaba enamorada.
Enamorada del atolondrado, del tipo desquiciado que contaba los escalones y en el trece se detenía, el que prefería caminar por las veredas pares a la vuelta del trabajo, el que revolvía el café seis veces y tomaba el celular con la mano izquierda, la del corazón, para que las llamadas trajeran buenas noticias.
No puede pasarme a mí, que no creo ni en la otra vida, silabeaba frente al espejo cada mañana antes de peinarse raya al medio porque a él le parecía nefasto usar flequillo.
Así, a pesar de su empeño en lo contrario, algo oculto hizo que como él había programado, se fueron de viaje juntos hasta el fin del mundo, que para ella era una playa costera y para él el lugar protegido por Venus a favor de Tauro y Piscis.
Y aunque la vida lo llevaba a la realidad sin permiso y lo disfrazaba de persona común, él insistía en obrar mirando de reojo las cábalas y los horóscopos.
Acostumbrada a su inofensivo esoterismo, siguió las rutas de los pronósticos que él marcaba hasta aquella tarde de setiembre, cuando llegó con la noticia de un viaje que iba a significar el nombramiento gerencial en una importante empresa estadounidense.
Desbordante, insistía que lo acompañara.
- Es mi mes de la suerte, setiembre, y no podemos dejarlo pasar, Manhattan, algo increíble y justo la entrevista en un día capicúa, mi destino se fortalece.¿Entendés?, Manhattan, tenés que venir - y remataba la frase uniendo las manos como si rezara.
- Está bien, me voy con vos – dijo ella y viajaron.
Esa mañana, antes de las nueve, llegaron expectantes a la torre y subieron en el ascensor al piso 23. Ella lo esperó sentada en la salita, cruzando la pierna derecha sobre la izquierda como él le había pedido.
Cuando lo vio salir de la entrevista, acalorado y con el pelo oscuro cayéndole en la frente, los ojos enfurecidos y la boca apretada, se sobresaltó.
- No te imaginás,- le dijo casi atragantándose - apenas crucé la puerta ví ese cuadro mal colgado, como cayéndose, y me acordé del horóscopo que leí mientras desayunábamos,


“Se imponen cambios, no deje de lado un detalle
que será importante en su destino”.

Ella sonrió para tranquilizarlo, iba a decirle que no era tan importante un cuadro mal colgado, pero él la interrumpió.
- ¿Te acordás, no? Justo al entrar, enfrentado a los ventanales, con toda la luz rebotando sobre él, lo veo. Un espantoso cuadro de marco oscuro, torcido, como si estuviera volando sobre la pared y la pintura roja y negra esparcida sobre la tela como una mancha demoníaca, horrorosa, desenfrenada, mientras una sensación de ahogo me subía por el pecho y me faltaba el aire. No podía apartar los ojos del cuadro siniestro y cuando iba a firmar me temblaba la mano, algo que no puedo explicar, terrible, devastador, - aseguró con voz ronca.
Que no se quedaban, que volvían a Buenos Aires en el primer vuelo del día siguiente y que jamás pisaría esa oficina otra vez.
Yo tengo la culpa, pensó ella al bajar en el ascensor y se recriminó de tanta indulgencia.
En la calle, cientos de personas caminando apuradas por la avenida entraban y salían de las torres espejadas, mientras ella se culpaba de no haber podido convencerlo para volver sobre sus pasos y disculparse y aprovechar esa oportunidad única que significaba una mejora imposible en su propio país.
Pero no pudo abrir la boca cuando alejándose de las torres volvían al hotel ni cuando después de empacar se acomodaban en el taxi camino al aeropuerto, porque él recitaba como una letanía las palabras que había leído en el desayuno.
Inútilmente había tratado de razonar sobre sus esoterismos ridículos, él seguía jurando que el cuadro mal colgado terminaría estrellándose contra el piso, y hasta le pareció que la miraba alucinado, aterido de fiebre.
Viajaron en silencio, al menos ella estaba tan callada que él aprovechó para leer el diario y repasar los signos de los planetas cruzando el universo.
Ya en la casa, había empezado a ordenar la ropa de las valijas, cuando él se estiraba en el sillón del living frente al televisor.
Lo más tranquilo, pensó con rabia, y después de tantos gastos, se indignó mientras echaba un vistazo sobre la pantalla, camino a la cocina.
En ese instante una oleada de espanto la detuvo.
Extraviada en medio de las imágenes, crucificada en un sentimiento lacerante que le iba cerrando el pecho, como si le faltara el aire, vio caer la torre donde habían estado el día anterior, la misma que habían abandonado irreconciliados.
Desplomada, resbalándose en una maraña infernal de sombras y de humo. Envuelta en fuego, en horror. Y sobre ese horror, la segunda torre, atravesada por una navaja aérea.
Mareada, un sabor pastoso le llenó la boca. Buscó los ojos de él y al cruzarlos le pareció ver dentro de esa mirada, escenas que él ya había visto. Recordó la expresión de espanto, su temblor.
Entonces entendió que a su lado caminaría por rutas sorprendentes, sin otro pensamiento que los malabares del destino.
Una vida milagrosa, pensó. Eso es lo que tendrían.
Una vida milagrosa, con Venus a favor en el cielo y Tauro-Piscis de suerte en la tierra.


DE AMORES Y DESAMORES

M.R.-C.
Editorial Dunken (2010)









jueves, 4 de junio de 2015

PERIÓDICO IRREVERENTES

CUANDO LA CLAVE ESTÁ EN NO ENTENDER NI PÍO

                                                  Por El Gato Pardo
Gato pardo
Para incursionar en viajes de alta mar hay que seleccionar celosamente los bártulos y armar con acierto el petate, cosa de no quedar al garete en el viaje. Se sabe, en cualquier disciplina que nos tiente, habrá que hacerse una ronda previa por otros lugares de cultura. Dicho de otra manera: formarse, para crear sin deformaciones.
Cuando se pasa por alto esta atinada decisión, suele ocurrir que no hay salvavidas que salve: el naufragio es cosa cierta. Ocurre en todas las Artes, y por supuesto, en la Literatura.
El tema viene a cuento porque hace dos semanas estoy dándole vueltas a un poemario que, aunque goza de total originalidad en vocablos que ni siquiera están contenidos en los diccionarios a los que apelo, no logro interpretar.
Esto me inquietó al extremo.
Descifro las evaluaciones de Nietzsche. Leí Demian sin perder el hilo. Torquato Tasso es mi libro de cabecera. Soy capaz de discernir los elementos de la filosofía del derecho. ¿Cómo puede ser posible que no entienda un solo poema del libro de marras?
Lo primero fue echarme la culpa. Intuí que la brecha generacional me inhibía de abarcar el paisaje del poeta. Recabé datos, el poeta y yo, somos contemporáneos.
Luego, acusé a mi fatal costumbre de armar oraciones en forma clásica, semejante hábito ha de ser despreciado por la lírica. Fui  pues, a buscar la belleza en el rompiente de la estructura, pero sin ningún éxito.
Si no es la belleza, veremos lo contrario, me apuré y me quedé en vela para descubrir las penumbras. Fracaso cantado y desvelado.
Como soy testarudo, supuse que el hilo conductor estaría en el ritmo. Transité derecho y revés, andando y desandando, con la mayor atención en descubrir la esperada musicalidad. No tuve más que reconocerme falto de oído.
Mientras asimilaba que el ritmo es lo de menos, me encaminé a lo de más, una infinidad de adjetivos, algunos de procedencia extranjera, esto creo porque figuraban en bastardilla. Suerte perra, imposible acceder a su etimología, Internet los había desdeñado a pesar de que eran numerosos, una verdadera Mesa de Saldos para llevárselos a manos llenas. Ni hablar de los gerundios en cacofonía.
Busca la Voz, me dictó la oculta voz de mi tozudez. El registro, la diferenciación del volumen, el acento del tempo… Irrealizable, impracticable, inasequible en la maraña de hilos altisonantes. Rememoré el acertado “decir menos y mostrar más”, las podas para que las palabras “no hagan ruido”.
¡Ánimo! me enfervoricé recordando la expresión de Nicanor Parra, “Todo es poesía, menos la poesía” y me lancé a la búsqueda del distanciamiento, la enmascarada doble lectura. Si en verdad, la poética es la historia de una decepción, entonces me es dado afirmar que iba por buen camino, aunque sin doble lectura.
La cosa no será tan imposible, la veta debe de estar en el mensaje, retruqué al borde del espasmo.
Acaso, ¿hay necesidad de mensaje?, me recriminó mi interior libertario, siempre en desacuerdo con mis arranques. Enfadado —a pesar de que esta vez se había mostrado bastante condescendiente—, iba a responderle de mi necesidad de encontrarle gollete al asunto, cuando se hizo la luz.
¡Eureka!, grité ante el velo caído. ¡Vaya talento!
Pasmo.
Perplejidad. Incertidumbre.
La vacilación. El titubeo.
¡Caramba, no deja de ser una genialidad provocar recelo ante nuestro propio entendimiento!
Lo dicho, hay que formarse. Es la única manera de entender a un poeta de altura.

martes, 2 de junio de 2015

NI UNA MENOS

 El presente blog literario, adhiere a la movilización a la Plaza del Congreso 
en repudio al maltrato femenino y se mantendrá desierto el día 3 de junio.













MUJER



                                 



                                                         CANTO II




Mujer el mundo está amueblado por tus ojos
Se hace más alto el cielo en tu presencia
La tierra se prolonga de rosa en rosa
Y el aire se prolonga de paloma en paloma
Al irte dejas una estrella en tu sitio
Dejas caer tus luces como el barco que pasa
Mientras te sigue mi canto embrujado
Como una serpiente fiel y melancólica
Y tú vuelves la cabeza detrás de algún astro
¿Qué combate se libra en el espacio?
Esas lanzas de luz entre planetas
Reflejo de armaduras despiadadas
¿Qué estrella sanguinaria no quiere ceder el paso?
En dónde estás triste noctámbula
Dadora de infinito
Que pasea en el bosque de los sueños.

Heme aquí perdido entre mares desiertos
Solo como la pluma que se cae de un pájaro en la noche
Heme aquí en una torre de frío
Abrigado del recuerdo de tus labios marítimos
Del recuerdo de tus complacencias y de tu cabellera
Luminosa y desatada como los ríos de montaña
¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos?
El arco de tus cejas tendido para las armas de los ojos
En la ofensiva alada vencedora segura con orgullos de flor

Te hablan por mí las piedras aporreadas
Te hablan por mí las olas de pájaros sin cielo
Te habla por mí el color de los paisajes sin viento
Te habla por mí el rebaño de ovejas taciturnas
Dormido en tu memoria
Te habla por mí el arroyo descubierto
La yerba sobreviviente atada a la aventura
Aventura de luz y sangre de horizonte
Sin más abrigo que una flor que se apaga
Si hay un poco de viento
Las llanuras se pierden bajo tu gracia frágil
Se pierde el mundo bajo tu andar visible
Pues todo es artificio cuando tú te presentas
Con tu luz peligrosa
Inocente armonía sin fatiga ni olvido
Elemento de lágrima que rueda hacia adentro
Construido de miedo altivo y de silencio
Haces dudar al tiempo
Y al cielo con instintos de infinito
Lejos de ti todo es mortal
Lanzas la agonía por la tierra humillada de noches
Sólo lo que piensa en ti tiene sabor a eternidad
He aquí tu estrella que pasa
Con tu respiración de fatigas lejanas
Con tus gestos y tu modo de andar
Con el espacio magnetizado que te saluda
Que nos separa con leguas de noche
Sin embargo te advierto que estamos cosidos
A la misma estrella
Estamos cosidos por la misma música tendida
De uno a otro
Por la misma sombra gigante agitada como árbol
Seamos ese pedazo de cielo
Ese trozo en que pasa la aventura misteriosa
La aventura del planeta que estalla en pétalos de sueño
En vano tratarías de evadirte de mi voz
Y de saltar los muros de mis alabanzas
Estamos cosidos por la misma estrella
Estás atada al ruiseñor de las lunas
Que tiene un ritual sagrado en la garganta.
Qué me importan los signos de la noche
Y la raíz y el eco funerario que tengan en mi pecho
Qué me importa el enigma luminoso
Los emblemas que alumbran el azar
Y esas islas que viajan por el caos sin destino a mis ojos
Qué me importa ese miedo de flor en el vacío
Qué me importa el nombre de la nada
El nombre del desierto infinito
O de la voluntad o del azar que representan
Y si en ese desierto cada estrella es un deseo de oasis
O banderas de presagio y de muerte
Tengo una atmósfera propia en tu aliento
La fabulosa seguridad de tu mirada
con sus constelaciones íntimas
Con su propio lenguaje de semilla
Tu frente luminosa como un anillo de Dios
Más firme que todo en la flora del cielo
Sin torbellinos de universo que se encabrita
Como un caballo a causa de su sombra en el aire
Te pregunto otra vez
¿Irías a ser muda que Dios te dio esos ojos?
Tengo esa voz tuya para toda defensa
Esa voz que sale de ti en latidos de corazón
Esa voz en que cae la eternidad
Y se rompe en pedazos de esferas fosforescentes
¿Qué sería la vida si no hubieras nacido?
Un cometa sin manto muriéndose de frío
Te hallé como una lágrima en un libro olvidado
Con tu nombre sensible desde antes en mi pecho
Tu nombre hecho del ruido de palomas que se vuelan
Traes en ti el recuerdo de otras vidas más altas
De un Dios encontrado en alguna parte
Y al fondo de ti misma recuerdas que eras tú
El pájaro de antaño en la clave del poeta
Sueño en un sueño sumergido
La cabellera que se ata hace el día
La cabellera al desatarse hace la noche
La vida se contempla en el olvido
Sólo viven tus ojos en el mundo
El único sistema planetario sin fatiga
Serena piel anclada en las alturas
Ajena a toda red y estratagema
En su fuerza de luz ensimismada
Detrás de ti la vida siente miedo
Porque eres la profundidad de toda cosa
El mundo deviene majestuoso cuando pasas
Se oyen caer lágrimas del cielo
Y borras en el alma adormecida
La amargura de ser vivo
Se hace liviano el orbe en las espaldas
Mí alegría es oír el ruido del viento en tus cabellos
(Reconozco ese ruido desde lejos)
Cuando las barcas zozobran
y el río arrastra troncos de árbol
Eres una lámpara de carne en la tormenta
Con los cabellos a todo viento
Tus cabellos donde el sol va a buscar sus mejores sueños
Mi alegría es mirarte solitaria en el diván del mundo
Como la mano de una princesa soñolienta
Con tus ojos que evocan un piano de olores
Una bebida de paroxismos
Una flor que está dejando de perfumar
Tus ojos hipnotizan la soledad
Como la rueda que sigue girando después de la catástrofe
Mi alegría es mirarte cuando escuchas
Ese rayo de luz que camina hacia el fondo del agua
Y te quedas suspensa largo rato
Tantas estrellas pasadas por el harnero del mar
Nada tiene entonces semejante emoción
Ni un mástil pidiendo viento
Ni un aeroplano ciego palpando el infinito
Ni la paloma demacrada dormida sobre un lamento
Ni el arcoiris con las alas selladas
Más bello que la parábola de un verso
La parábola tendida en puente nocturno de alma a alma
Nacida en todos los sitios donde pongo los ojos
Con la cabeza levantada
Y todo el cabello al viento
Eres más hermosa que el relincho de un potro en la montaña
Que la sirena de un barco que deja escapar toda su alma
Que un faro en la neblina buscando a quien salvar
Eres más hermosa que la golondrina atravesada por el viento
Eres el ruido del mar en verano
Eres el ruido de una calle populosa llena de admiración
Mi gloria está en tus ojos
Vestida del lujo de tus ojos y de su brillo interno
Estoy sentado en el rincón más sensible de tu mirada
Bajo el silencio estático de inmóviles pestañas
Viene saliendo un augurio del fondo de tus ojos
Y un viento de océano ondula tus pupilas
Nada se compara a esa leyenda de semillas
que deja tu presencia
A esa voz que busca un astro muerto que volver a la vida
Tu voz hace un imperio en el espacio
Y esa mano que se levanta en ti como si fuera
a colgar soles en el aire
Y ese mirar que escribe mundos en el infinito
Y esa cabeza que se dobla para escuchar un murmullo
en la eternidad
Y ese pie que es la fiesta de los caminos encadenados
Y esos párpados donde vienen a vararse las centellas del éter
Y ese beso que hincha la proa de tus labios
Y esa sonrisa como un estandarte al frente de tu vida
Y ese secreto que dirige las mareas de tu pecho
dormido a la sombra de tus senos

Si tú murieras
Las estrellas a pesar de su lámpara encendida
Perderían el camino
¿Qué sería del universo?




                                                           VICENTE HUIDOBRO

MARCHA EN REPUDIO AL MALTRATO FEMENINO


CANCIÓN DE NIÑA AFRICANA







Yo tuve una corola
tuve una flor espléndida
yo tuve una anémona
que también fue fruta de la pasión

Tuve una flor de suculentos pétalos
yo tuve una sencilla mariposa
durmiendo entre los muslos

Tuve una golondrina
Yo tuve un grillo cantando
un abejorro
tuve una tórtola
soñando entre los muslos

Pero un día
Me latió un pájaro
de desconsolado vuelo

La tradición fue navaja
de un turbulento trazo
enmudeció mi grillo
la mariposa abortó su vuelo
desapareció la fruta
la corola se anegó en mi sangre

Ahora tengo un poco de nada
muriendo entre mis muslos



                                                                                     Arabella Salaverry (Costa Rica)

Imagen: Internet

lunes, 1 de junio de 2015

MARCHA EN REPUDIO AL MALTRATO FEMENINO






PIES DE LOTO


Apenas tu cuerpo sostenido.
nima huella sobre la tierra inmensa.

Flores y llaga.
Temblor de pétalo
encerrado.

La belleza es una herida.





MARCHA EN REPUDIO AL MALTRATO FEMENINO



SI ME QUIERES, QUIÉREME ENTERA








Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra...
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca. Y gris, y verde, y rubia,
y morena...
Quiéreme día,
quiéreme noche...
¡Y madrugada en la ventana abierta!

Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda... O no me quieras!



DULCE MARÍA LOINAZ (1902-1997) Escritora nacida en La Habana, considerada entre las principales figuras de la lírica cubana y universal. Recibió el Premio Cervantes en 1992.







El día 3 de junio en la Plaza del Congreso 
 convocatoria en repudio al maltrato sobre las mujeres


REAPROPIACIÓN
Alejada de desamor me busco
para placer mi placer por otros rumbos.

Dejar atrás las danzas
que sobre mi almohada bailaron sonámbulas,
en un atlas de ausencia.
Aquellas sombras sobre el sofá sentadas,
deslucidas de pasiones,
invitándome al abrazo miserable.

Labios cerrados, 
lapidadas bocas de besos desertados
que a perderme de mí, me destinaron.

Ánimas de ceniza,
regateos de amor que he perseguido
en espiral inútil
por el claroscuro espejo de la vida.

Asomada a la baranda de la tarde,
al fin,
–y porque la razón es trágica– 
después de naufragar
y desandarme de pasos escapados,
tendré el acierto bien dispuesto
de votar a mi favor todas las causas.

Y rescatada de mí, 

sin rastro de naufragios,
de nuevo concebirme.



POESÍA CONGREGADA 
POEMARIO (2014)
M.R.C.


IMAGEN: Internet