sábado, 15 de marzo de 2014

CARLOS PENELAS, POETA

                                                                    
                                                                                        La Poesía es una pipa.
                                                                                               André Bretón






Ciertos filósofos hacen referencia a materia y espíritu, interioridad y exterioridad, considerándolos opuestos, sin embargo la postura Zen, concibe unidad en los opuestos, espacio y tiempo, autoconciencia y conciencia objetiva, individuo y mundo.
Asimismo, sabemos que los poetas suelen habitar simetrías desbalanceadas, sombras internas y externas, cosmos propios y cosmos de mundo conocido y sin conocer.
Es evidente que el poeta asume el interiorismo y el exteriorismo de la manera en que los griegos lo nombran Ser lírico, y, aunque se sepa que el lirismo es un subgénero de la poesía, ha quedado establecida esta palabra para entender en general el arte de poetizar.
Estos dos conceptos, unidad de opuestos y lírica, conforman la obra del literato Carlos Penelas y se desnudan en esta magnífica Celebración del poema.



                                                     CELEBRACIÓN DEL POEMA



“Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol” dice Huidobro que tuvo de poemas -y de amores- naturaleza pronta, palabras con que introduce Carlos Penelas a su último ensayo sobre poética y filosofía.
Kelly Gavinoser, sostiene que no hay prosa poética, sino poesía en prosa, y bien podría asegurarse cierto en Celebración del poema. Baste leer los dos epígrafes a los que invita el literato argentino-gallego, a quien también la poesía y los amores, como a Huidobro, bien reflejan.
El primero de ellos, de Bernal de Bonaval, “A dona que eu amo e teño por señor amostradema, Deus, se vos en pracer for, senon, dadema morte”; el siguiente del mentado Marqués de Santillana y aquellos versos inolvidables dedicados a la vaquera de la Finojosa: “En un verde prado de rosas e flores…”.
Ya en el primer peldaño Penelas expone verdades sin refute:
“La poesía predice. Celebra constelación en el lenguaje, libertad que habla en sí, que es signo de sí. Inaugura lo humano y su elevación”.
Quizá sea esta iluminación para elegir antagonismos, los opuestos, el sello de la poética que Penelas aborda pues, tras la compleja vacilación halla la firmeza para “indagar el sentido de la vida”.
Transformación, transfiguración, que todo arte que se precie finalmente ha de traspasar, es el estado al que invita sustancialmente cuando habla sobre el poetizar movilizador de nostalgias, una frase impecable que destaca idea, verbo (sin duda movilizar es un verbo inquietante) y sustantivo (nostalgias bien vale su peso en el plomo del anclaje).
Contra poniente, Penelas propone el dinamismo, la palpitación, la vorágine, aquel “Poesía es todo lo que se mueve” de Nicanor Parra, y orienta a ese encuentro a través de dos poetas colosales; Octavio Paz: “La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono.[…]La actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro”, y el alemán von Hardenberg, Novalis, que “identifica el poema con el sueño: la correspondencia entre iluminación exterior y fondo psíquico”.
Más adelante y no podría ser de otra manera tratándose de Carlos Penelas, se aplica a sí mismo lo anterior y afirma que “desde el poema no hay olvido”, para sostener luego que “es la expresión estética que configura las raíces, la casa, las voces de los padres, el mundo agrario, la lírica del amor y del dolor, el desasosiego, el contexto emigrante, la injusticia social, la transición, el desengaño”. Y más abajo, reitera: “El poema es la atmósfera, el clima”.
Para los que gozamos (o penamos) la poesía en los ecos de voces en otro idioma que nos habitan, para los hijos del exiliado, para los descendientes de ese descendido en “la lenta erosión de la vida”, Penelas catequiza un cuadro vivo, aún más allá de los vocablos que elije para exponer.
Así, no es igual decir “En un jarrón hay una flor” que descubrir la soledad en que yace la flor, ahogándose encerrada en el frío del cristal. Pese a que todos asuman la inevitable muerte de la flor, serán los ojos del emigrado, del desenraizado los que descubran la prisión de la flor, su asfixia, su agonía.
Tendrá significancia entonces ese “abrumador sentimiento de empatía en el instante de la creación” que sostiene Penelas: “Fugacidad y transformación en contra de la mediocridad ambiental, fijación obsesiva de lo Bello ante la vulgaridad, lo chabacano, la torpeza mental.[…]visión del sentir y del pensar…”.
Ya en el inicio hablamos del mérito de Penelas en tratar los opuestos, y el Autor mismo trae sobre este punto el análisis de María Zambrano sobre poesía y filosofía, “La poesía es encuentro, don, hallazgo por gracia. La filosofía busca, requerimiento, guiado por un método”.
Ahora bien, ¿cuál es el punto del don, del hallazgo que por gracia recibe el poeta y dónde el vértice en que deja de serlo mientras reflexiona sobre los universos humanos? ¿En qué instante “la gracia petrificada” se moviliza hacia la inquietud por alcanzar respuesta sabia?
Parece responderlo Penelas cuando asegura que “el poema lleva en sí un poder mágico” y agrega quizá desde su propia inquietud “¿está plasmada o no? ¿ha sido, en verdad, conjurado el hechizo?”, tomando la reflexión de Johannes Pfeifer: “La verdadera poesía no es veraz en el sentido intelectual ni es bella en el sentido de la artesanía, sino que por el hecho ´de plasmar bellamente´ es también una manera de apoderase de la verdad”.
Otro espacio de brillante arquitectura literaria y filosófica es cuando el Autor habla de la condición, el oficio del poeta como tal.
“Un poeta no adquiere su condición de tal sólo por un libro, por una línea. Su obra moviliza impresiones, desprendimientos, amores inseguros. Es portador de estados de ánimo, de sensaciones, de nostalgias. Refleja lo que descubre y lo que intuye. Alejado de los falsos pudores, su vocación está en la soledad, en la madurez de la voz, en la ambigüedad de lo cotidiano. […] Todo y cada cosa es una amenaza de eternidad. El poeta siempre anima una dialéctica sutil, por momentos incomprensible”.
Trae esta proclama de Penelas, otra que también le es propia y llega con visos de arenga: “Confieso mi perplejidad ante las masas imbéciles y ante el individuo imbécil. Asco, aburrimiento, mal humor.[…] creo en la búsqueda estética y ética de cada línea.[…]El poema introduce inconformidad y rebeldía. Resiste la adversidad, lucha contra lo intolerable, contra el desprecio, contra lo execrable del ser humano. Y puebla nuestras utopías, nuestros recuerdos, nuestro compromiso con los afectos, con los desheredados. Es una experiencia emocionante y aleccionadora”.
Aquí hay que considerar el verdadero significado de los vocablos que usa -sin yerro-, Carlos Penelas para apuntar buena flecha al centro de la idea, “El poema se enfrenta a los dogmas, a la vulgaridad, a los populismos, a los pobres diablos que creen en líderes, en banderas, en césares”.
Vale para esto la instancia apremiada para “abrir los verdaderos ojos” y, en ese horizonte de descubrimiento, ver el famélico cuadro no ya del “adolescente analfabeto o del pobre diablo que vive del Estado, de los favores del intendente o del comisario” sino de “académicos, de profesionales, de supuestos intelectuales, de pequeños burgueses que viajan en cruceros sin saber si el Teatro Mariinsky queda en Marruecos, en Finlandia o en la Isla Saint Croix” (claro que en ninguno de estos lugares queda y ahí está el guantazo más directo).
Siguiendo, tiene Penelas un aporte impecable respecto a la labor del poeta: “Algunos pintores, en cierta fase de su trabajo, suelen observar la obra frente a un espejo. Observan la imagen al revés. Eso les permite ver el cuadro con una mirada nueva”. Apunta el Autor y por segunda vez, al laberinto de espejos, “ideas imágenes y sombras que vuelven, desaparecen y se combinan en formas diferentes”.
“A veces, sentimos el ahogo de la voz” acredita frente a su propio espejo y por ese rumbo me llega el recuerdo de una foto en blanco y negro, en la que el “coronelazo” Siqueiros, mostraba espaldas y perfil gracias a los espejos en lo que solía reflejar sus trazos, supongo que para ver detalles que se le podrían escapar sin esa inmediata lejanía que producen -inevitablemente- los espejos.
Respecto a la soledad del que escribe, en particular del poeta, Penelas afirma que “el hombre que lee está siempre solo. El hombre que lee no es fácil de manipular. La lectura lo hace diferente, lo hace fantasioso” y lleva este pensamiento más allá de “la conciencia colectiva”, a la necesidad de explorar “la naturaleza y el corazón del hombre”, y otra vez lo antagónico en Penelas que mencionamos al principiar, “despierta (el arte simbólico) en nosotros un eco que ha comprendido el lamento y la esperanza”, dos sentimientos que parecen enfrentarse y se contienen pues “Debemos hablar de la inefable intuición unitaria en la simplicidad del verso, de lo fecundo que nos resulta el instante, de aquello que nos substrae, del perpetuo intercambio de realidades según nuestras diferentes realidades, de la visión del universo”.
En avance, sin perder estatura las ambivalencias, el Autor narra que los astrónomos de la antigüedad esperaban las noches serenas para apreciar en las paredes de los pozos el reflejo de las estrellas en el agua y determinar el recorrido de la bóveda celeste.
Agua y cielo, pozo una y pozo otro, constante dualidad recorrida en busca de identidades, “cada uno de nosotros lleva consigo la ambivalencia, lo sagrado, la memoria de esas calles de barrio, de la aldea, de la villa[…]el hombre desamparado, frágil. Y al mismo tiempo insurrecto, traductor del misterio, del arado”, es permanente vigilia en la obra de Carlos Penelas, asimismo como lo es el apremio por inculcar al poeta su compromiso, “procurar fustigar la irracionalidad, la aparente incoherencia del mundo. El poema en su sentido inicial es un acto herético. Significa que está contra todo orden que petrifica el pensamiento y la mirada”.
Se podía pensar que transmite un estado de inquietud, sin embargo, es justamente lo contrario: “Deseo pasear mi mirada con lentitud. Deseo elogiar el ocio, la serenidad, lo moroso”. Penelas logra en ese estado de contemplación aunar placer, emoción y arrebato: “La belleza poética debe hacernos vibrar como el goce la mujer amada, pues lleva la mitología de las cosas, a los símbolos del destino. Todo poema es una profecía. Desde el alféizar de la ventana veo un jarrón de cerámica con unas flores silvestres. A través de la ventana abierta oigo el canto de un pájaro. Y veo la neblina sobre el monte”. Otra vez, la transición de la que habla en el inicio de su ensayo y el desdoblamiento sobre el objeto de placer (no objeto del placer, entiéndase claramente). “Nace la fantasía, el refugio de transcendente, lo inquietante de cada latido que va revelando nuestro ser, nuestra voz interior […]Goce estético, luz y sonido. El poema es el rescoldo del sueño, lo que sintió el creador”.
Evocando a la palabra, “el follaje, la rama sensible al viento, la vela blanca en la bruma del mar", "convicción íntima que hace sensible la palabra, voces modeladas por una mitología del desorden”, Carlos Penelas no escapa a su lengua materna; entra en intimista hogar que puebla un mundo universal “el ensueño de las voces infantiles”, y confiesa que solo puede escribir a mano alzada sobre una hoja desnuda.
Tras esta confesión, lo sobrevuelan miríadas de postales y es imposible ya, huir de las escenografías que se pisan al leerlo. “[…]una aventura instauradora del misterio que baña el alma humana” […] Si la poesía tiene una finalidad no es satisfacer la vanidad de quienes la crean sino espiritualizar al hombre. Todo lo que se escribe debe ser con pasión…”.
Hacia el remate, Penelas se vuelve más Penelas y su costado menudo, corre con pantalones cortos y zapatos de escuela, por calles adoquinadas de barrio, “El hogar era el centro del mundo, el único lugar en que uno podía estar cerca de los dioses o de los muertos”, un lugar que conserva su memoria y que lleva la “virtud e inocencia de las canciones y los dulces[…]La exaltación del recuerdo, la evocación de la infancia[…]Como me suele suceder a menudo, vuelvo a los autores de mi juventud, de mi primera madurez”.
Por si no alcanzaran a ser suficientes estos enunciados: “Hace falta, además, ingenuidad. El placer de admirar, de evocar. Todo se experimenta a partir de la infancia, a partir de lo lúdico”. Para ello, “el verdadero poeta cree en los inconmensurables, en la utopía, en la sagrada unidad del silencio y la fraternidad[…]tal vez toda su obra no sea otra cosa que la obsesiva insistencia de su angustia”.
En ese ánimo de rescate sensible, Penelas regresa al ensueño del labriego y del poeta que lo habitan, para leer el mundo transitando ancestrales corredoiras, camino estrecho y tenaz que marcan los carros campesinos, brinca atoruxos guturales, tantea su pretérito para convencernos de que “lo onírico lleva la forma de la nostalgia”.
Como “la fragilidad de lo visible nos convoca en el poema”, desnuda el tiempo humano, “el sendero que aparece bajo la sombra[…]junto al soliloquio del corazón y el cosmos”, es natural entender que la poesía es uno de los pocos lugares donde no fracasa la palabra; tal vez porque la palabra fracasa frente a lo absoluto y la poesía -y esto lo trabaja impecablemente Rubén Balseiro-, no busca una verdad última. Es el silencio del que habla Penelas cuando menciona el “silencio como “talismán del huerto”, un silencio fructificado, pleno de significados, revelador. Espacios, pausas, que conforman la sugestión, la sutil sensualidad, el “paisaje íntimo, esa mutación del alma” en su propia obra, numeroso corpus publicado a través de varias décadas.
Así, en el plano argumental, Celebración del poema sustenta conocimientos poéticos, contenidos e imágenes de calidad literaria y se supera como ensayo al propiciar convergencias de altitud expresiva entre el Autor y poetas tales como Cesare Pavese, Pedro Salinas, Salvatore Quasimodo.
Es evidente que, como ellos, Carlos Penelas, no confunde “el reflejo de la luz con la luz misma”, su propia obra emparenta el Arte.
Al fin, “la universal voz del poeta” ilumina, a lo largo y a lo ancho, este último ensayo de Penelas. Y lo hace visceralmente. He ahí, la verdadera celebración.

                                                                             
                                                                               Marita Rodríguez-Cazaux



CUADERNOS DEL CENTRO DE ESTUDIOS POÉTICOS ALÉTHEIA
Ensayos sobre Poética y Filosofía
Celebración del poema - Carlos Penelas
La Luna Que (2014) Buenos Aires



Carlos Penelas nació en Buenos Aires (Argentina) en 1946.
Profesor de Letras, conferencista, prologuista, ensayista, crítico literario, poeta.
Figura referente en antologías literarias de Argentina, España, Italia, China y Estados Unidos.
Dictó conferencias en Europa y Latinoamérica. Articulista en diversos medios de prensa, diarios y revistas de la República Argentina y del extranjero.
Tiene publicados más de treinta libros de poesía entre los que figuran “La gaviota blindada y otros poemas”, “Finisterre”, “El mirador de Espenuca”, “Posada del río”, "Calle de la flor alta", "Viajero de una soledad", "Poesía reunida", "Álbum Familiar". 
Autor de numerosas plaquetas con ilustraciones de Demetrio Urruchúa, Ponciano Cárdenas, Ricardo Carpani, Pérez Célis, Juan Manuel Sánchez, entre otros. 
En prosa, “Conversaciones con Luis Franco” (1978 y segunda edición ampliada, 1991), “Los gallegos anarquistas en la Argentina” (1996 y 1999), “Diario interior de René Favaloro” (2003) y “Cuaderno del Príncipe de Espenuca” (2004)., Calle de la flor alta, Viajero con una soledad, Album Familiar.
Su nutrida obra ha recibido elogios de numerosos literatos, entre otros, Luis Franco, Raúl González Tuñón, David Viñas, Ernesto Sabato, Juan L. Ortiz, Osvaldo Bayer, María Elena Walsh, Giuseppe Bellini, Thorpe Running, Eduardo Blanco Amor, Lily Litvak, Frank Dauster, Ricardo E. Molinari, Héctor Ciocchini, Hugo Cowes y Xesús Alonso Montero, entre otros.
En la actualidad dirige el Taller Literario del Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sanchez Viamonte en Capital Federal.


                                                               *  *  *


IMAGEN:   "Humo" - Internet -
Carlos Penelas, la fotografía es propiedad del Autor.


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jueves, 13 de marzo de 2014

PERIÓDICO IRREVERENTES



                      lúdico instante




Caricia III
                                                 

Resbalando por tu pecho como un barco
va mi mano navegando los cien puertos
hacia los siete jardines sellados del profeta.

Por el amurallado reducto de tu espalda
 mi caricia como un corcel alado
cabalga praderas de la bella Babilonia.

Marejada de agua cristalina es mi mano,
batidas olas sobre el mar de tu garganta
en sobrevuelo de hambrientas gaviotas.

Y en un instante,
 hacia la trayectoria de los gozos,
 flores de nácar se expanden
Plus Ultra de mi asombro y el mundo me parece
-solamente-
un mínimo planeta, desde tu torre de Hércules.



Por Marita Rodríguez-Cazaux
Pasos Desnudos - Poemario


Torre de Hércules - A Coruña - Galiza
Publicado por periódico Irreverentes para periódico Irreverentes - 13-3-2014
IMAGEN: periódico Irreverentes

CRÍTICA LITERARIA








“LA CENA” DE HERMAN KOCH


La cena I
                                                                                        
                                                                                                         Por Germán Cáceres *


Esta novela del holandés Herman Koch (Arhnherm, 1953) vendió trescientos cuarenta mil ejemplares en su país y obtuvo en 2009 el Premio del Público y el del Libro del Año. Transcurre durante una cena en un restaurante de lujo, y valiéndose de un personaje, Paul, el escritor dispara comentarios irónicos sobre el ridículo ceremonial que suele presidirlas. Un sofisticado maître explica que “Los cangrejos de río están aderezados con vinagreta de estragón y cebollino (…) Esto son rebozuelos de los Vosgos”. Y los cuatro comensales (los hermanos Lohman y sus esposas) no sólo aceptan esa retórica frívola, sino que consienten que el establecimiento ofrezca platos minúsculos -aunque muy caros- y de que los mozos llenen continuamente sus copas para obligarlos a pedir otra botella de vino. La cenano puede dejar de evocar esa joya cinematográfica que fue La fiesta de Babette(1987), de Gabriel Axel, aunque su tono y espíritu sean diferentes.

Koch es hábil para referir cómo funciona el perfil psicológico de los dos matrimonios, cuyas rivalidades afloran con agresividad aunque dialoguen sobre temas insignificantes. Así observada, la vida social sería una vulgar comedia de mal gusto.

El celular aparece en La cena como otro protagonista más en el mundo moderno, no sólo por ser un aparato que sirve para comunicarse, sino también porque funciona como un generador de nuevas conductas humanas.

El texto sabe atrapar al lector retaceándole información y hacia la mitad del libro la historia da un giro inesperado al conocerse los graves problemas que afrontan ambas familias con sus hijos adolescentes. Hay una mirada escéptica que se hace evidente en una frase de Paul: “…un mundo sin catástrofes ni violencia –ya sea violencia natural o de carne y hueso- sí que sería insoportable”.

Esta novela en el fondo es una radiografía cruel y despiadada de la sociedad holandesa, que no sólo resulta autosuficiente y egoísta, sino también discriminatoria.

La prosa fluye fresca a través de un estilo directo, de frases cortas y presenta símiles curiosos como el siguiente: “Miré y noté que la cabeza se me enfriaba despacio. Era la clase de frío que se siente al dar un bocado demasiado grande al helado”.

La brillante traducción de Marta Arguilé Bernal permite disfrutar al máximo esta valiosa novela.

                                                             
                                                              * * *

“La cena” de Herman Koch (Ediciones Salamandra, Buenos Aires, 2012, 288 páginas)

Publicado por periódico Irreverentes - 13/3/2014 -


Germán Cáceres

Dramaturgo y escritor argentino nacido en Avellaneda en 1938.
Autor de ensayos, cuentos, novelas, obras de teatro y compilaciones para Antologías, varios de ellos traducidos al italiano y al portugués.
Incorporado desde el 2010 al Diccionario razonado de la literatura y la crítica argentinas.
En 2008 la asamblea de la Academia de Letras e Artes do Nordeste Brasileiro lo nombró Miembro correspondiente.
Miembro de Número de La Academia Argentina de Literatura Infantil y Juvenil desde el año 2013. 

Recibió de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires Mención de Honor en Cuento y el 1er. Premio Especial “Eduardo Mallea”. 
Obtuvo en cuatro oportunidades la “Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores”.
Mención de Honor en el Concurso Internacional de Ficción sobre Gardel (Montevideo). 
En 2002 fue premiado en el concurso de cuentos “Atanas Mandadjiev”, celebrado en Sofía, Bulgaria, y nombrado Gran Maestro del Misterio. 
Jurado en el Festival de cine Buenos Aires Rojo Sangre (2008).


                                                                            * * *








                             VAIVÉN


columpioII


         CUENTO
                                                                                             Por Fernando Veglia *

En el conurbano bonaerense, en la esquina de un barrio pobre, había un espacio verde, un intento de plazoleta diseñada y construida por los vecinos. Habían marcado la superficie del lote con alambre perimetral, construido varios canteros y un arenero, sembrado flores, plantando algunos sauces e instalado dos columpios. De esta laboriosa manera, evitaron que la esquina fuese un escondrijo de ladrones y vagabundos.
La plazoleta, con el devenir del tiempo, fue transformándose en un lugar de encuentros; familias enteras disfrutaban de la tarde y cuando debía tratarse algún tema inherente a la vecindad era tenida por improvisada sala de asambleas. Sin embargo, la alegría perduró apenas un año. Un hecho desafortunado consiguió que fuese abandonada y que volviese a ser un vulgar terreno baldío. Desde entonces, un recuerdo la habita. En las tardes de verano, sobre la pared blanca de una casa lindante, aparecen las sombras de las dos cuerdas de un columpio y la silueta de una pequeña niña, meciéndose.


La tarde agonizaba. El sol descendía hacia el oeste arrastrando nubes violáceas. Al este, las primeras estrellas atravesaban un fondo azulado y el barrio, en su soledad de domingo, aguardaba el leve frío que desparramaba la penumbra.
En una casa añeja y cansada, una niña de seis años, llamada Eugenia, conversaba con su abuela mientras la ayudaba a preparar la cena. Su padre y el abuelo estaban en el garaje, intentando reparar un auto, que hacía unos días no encendía.
Aburrida, harta, escondió detrás de una mueca apática y de frases cordiales las ganas de volver a su hogar, de ver a su madre. Había aprendido que manifestar ese deseo mellaba el humor de los adultos, que lo mejor era callar, obedecer.
La conversación con la abuela fue desangrándose hasta desaparecer, hasta que las quejas por la demora de los hombres fueron transformadas en las imágenes y la voz de la televisión. Ignorada, sólo podía pensar en huir. Llegó al living fingiendo observar la biblioteca, acarició libros amarillentos y, de reojo, espió la puerta, la cerradura, la llave dormida, la salida.
En la calle sintió alivio, que la desesperación cedía a las ansias de volver al hogar. Caminó decidida hasta que no reconoció el lugar en el que estaba. Detenida en una esquina, miró en todas direcciones. No halló ninguna referencia, ninguna persona. Angustiada, gritó el nombre de su padre hasta romper en llanto.
Inmóvil, vulnerable, no podía calmarse. Sólo era capaz de suponer que nadie la hallaría. De pronto, la sorprendió el peso de una mirada, la de una niña meciéndose en un columpio al otro lado de la calle. Acongojada, reconoció que podía pedir ayuda, que lo mejor era serenarse.
Ambas intercambiaron tímidas y largas miradas. Eugenia no era capaz de acercarse, de atravesar la barrera de la vergüenza. La niña desconocida abandonó el columpio y no dudó en acercarse.
-¿Por qué llorás?
-Me perdí –afirmó Eugenia, sollozando.
-¿Cómo te llamás? –preguntó la niña.
- Eugenia…
-¿Y tus papás?
-No están… No sé en donde estoy –confesó Eugenia, conteniendo las lágrimas.
-Quedate conmigo hasta que vengan –propuso la niña.
Eugenia no dijo nada y, después de un prolongado silencio, ambas caminaron hasta los columpios y, poco a poco, comenzaron a jugar y a perder la noción del tiempo.
Después de correr en el arenero y algo cansadas, decidieron sentarse y liberar la curiosidad.
-¿Cómo te llamas? –preguntó Eugenia.
-Marta.
-No te había visto cuando llegué ¿Vivís por acá?
-Me escondo… –respondió Marta, sonrojándose.
-¿De quién? –insistió Eugenia.
-De mi papá…
-¿Por qué?
-No quiero que me encuentre… –afirmó Marta, incómoda.
-¿En dónde vivís?
Marta señaló la pared blanca lindera y ambas caminaron hasta el frente de la vivienda. Parecía abandonada, en ruinas.
-Esta es mi casa –aseveró Marta, una vez más.
-Parece grande. ¿Tú papá está ahí?
-Sí, no sabe que estoy con vos –aseguró Marta, en un susurro.
-Quiero llamar a mi papá –pidió Eugenia.
-No podemos. Mi papá es malo. Tenemos que esperar. Juguemos un rato más –propuso Marta y corrió hacia la esquina.
Eugenia no dijo nada y persiguió a la niña hasta que el grito de su padre la detuvo unos instantes. Ambos se fundieron en un abrazo, en lágrimas y alivio.
-¿Hija, en dónde te habías metido? No me hagas esto… –sollozó el padre.
-Estaba aburrida…Quería volver a casa…
-¿Por qué no me lo dijiste? Vamos a casa, los abuelos están preocupados. Tu madre también.
-Quiero volver a casa –afirmó Eugenia, rompiendo en llanto.
Padre e hija regresaban, cuando Eugenia recordó a Marta.
-¡Chau, Marta! –gritó Eugenia.
-¿Qué Marta? ¿A quién saludás?
-A la nena que está ahí –respondió Eugenia, señalando la esquina, un terreno baldío con un columpio abandonado.
-No veo a nadie. Vamos –dijo el padre, sin darle mayor importancia al asunto, y emprendió el regreso, cargando a su hija a upa.

Desde la esquina, Marta observaba a las dos figuras alejándose y, resignada, volvió a subirse al columpio. De repente, dos estruendos estallaron en el interior de su casa. Su padre, armado con una pistola, salió a la calle. La buscaba. Ambos cruzaron las miradas. Ella corrió y él le disparó, hiriéndola mortalmente en la espalda. Segundos después, otro disparo sonó. El hombre, con un agujero en el cráneo, cayó al lado del pequeño cuerpo de su hija y las canaletas de las baldosas mezclaron la sangre de los cadáveres, como todas las tardes de verano en la que ambos fantasmas repetían la eterna condena.

                 
                                                                            * * *

Publicado por periódico Irreverentes para periódico Irreverentes 13-3-2014


Fernando Veglia

Escritor argentino nacido en 1979 en la Ciudad de Buenos Aires.

Premiaciones: Mención de las Novenas Olimpíadas Federales "Vivencias Estudiantiles ´96" 
Autor del libro "Líneas", editado por Ed. de los Cuatro Vientos (2005)
Participante en el stand Escritores Matanceros de la Feria Municipal del Libro de La Matanza en los años 2008, 2009 y 2010.
Sus trabajos literarios integran las siguientes antologías: “Manos que cuentan” (2008) “Habitar en secretos” (2009), “Mundos desnudos” (2010), “Selección de las Provincias” (2012), “Magia registrada” (2013) editados por Dunken.
Seleccionado en la antología del “III Concurso de Relatos Cortos de Viaje 2008”, organizado por Vagamundos, en colaboración con la editorial “Ediciones del Viento”(España).
Colabora con “Periódico Irreverentes.org” desde el año 2012
Actualmente reside en Isidro Casanova, partido de La Matanza, Bs. Aires.

                                                                        * * *

sábado, 8 de marzo de 2014

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER


ROSA DE LOS VIENTOS

El cuenco de tu cuerpo lleve
perfumes de sándalo 
y las mieles
del mítico Cantar de los Cantares
y expanda en secretísimo batir de los océanos,
el eco que orientó a Ulises
hasta el solar donde la lumbre no agoniza.

Alce tu mano la antorcha que ardió para Leandro
desde la torre que inspiran las pasiones
y las Tablas de igualdad sostenga
mientras baila tu pie, sin culpa,
la fiesta del vellocino de oro.

Sea tu carne la Rosa de los Vientos,
abierta como las rojas aguas milagrosas, 
Plus Ultra de la Tierra de promesas.

Clamen tus pechos nutridas libertades,
huya tu vientre del cisma de la guerra.
Vuelvas aurora el pensamiento umbrío,
destejas la mordaza que encarcela
y el trueno de tu látigo cimbree
ante los templos de impúdica codicia.

Sea tu carne la Rosa de los Vientos,
infinito meridiano de la Historia,
frontera de horizontes y banderas.


                                             Marita Rodríguez-Cazaux
Pasos Desnudos - Poemario
Edit. Dunken (2014)

Imagen: Internet




DÍA DE LA MUJER







CENTRO CULTURAL DEL PARTIDO DE A ESTRADA 



PRIMERA JORNADA “CORAZÓN DE MUJER”





Escritoras conferencistas en la Jornada Corazón de Mujer




FORMAS, VOZ Y VOTO


                                                                                  Por Marita Rodríguez-Cazaux



Historia de sumisión y de liberación, continuada historia de luchas, marchas y contramarchas en persecución de derechos sociales, políticos, culturales, etc., todos ellos, mantenidos en terrenos resbaladizos y apuntalados “a costas y a cuestas”, conforman la verdadera historia de la Mujer.
De estas historias que se recrean permanentemente, parece ser cierto que nada queda por decir, sin embargo es importante rescatar aquello que ha quedado guardado entre espacios distraídos, esa omisión apenas involuntaria que nos persigue y, en nosotras, forma, voz y voto.
Forma, voz y voto, tres elementos que debemos enaltecer y revalorizar pese a modas y mandamientos que intentan encorsetarlos.

En este intento, sería justo referir a la gestualidad textual, expresión en esencia que nos identifica y por la que arribamos a la palabra y en la palabra, a la poética, género que hemos inspirado -ayer, hoy y siempre- y porque en él, "nos actuamos y nos escribimos". 
En sintonía con el lenguaje, que nunca es inerme ni anodino, evitaremos el sufijo con que se llama a las mujeres que escriben poemas y le daremos igualdad bien ganada, llamándolas poetas. Esto que parece trivial, es importante porque significará no mencionar como un subgénero literario las obras de cientos de mujeres y será una manera clara de legitimizar y jerarquizar los trabajos.

Muchas poetas desnudando interrogantes de anteriores generaciones, han desnudado un costado velado para ellas por el buen decir y el buen ver, siempre asociado a mandamientos de “vocabulario femenino”; basta recordar las críticas a Alfonsina Stroni desde la mirada borgiana y aquellos desdenes que sufrieron las escritoras, oradoras, escultoras, historiadoras, artistas, acusadas de practicar un hobby, un mínimo pasatiempo, un deporte esnob cuando pretendieron editar, dar a conocer, manifestar el ahínco que las encendía.
Lo expresa claramente Gabriela Mistral: “Las mujeres formamos un hemisferio humano. Siempre hemos llegado al festín del progreso, no como e l invitado reacio que tarda en acudir sino como el camarada vergonzante al que se invita con atraso y al que luego se disimula en el banquete por necio rubor”.
Por cuestiones de cercanía y sin extendernos en otros géneros literarios, en los que es esmerado el talento de cientos de mujeres, vaya el recuerdo en esta oportunidad a poetas hispoamericanas, que fundaron y participaron de organizaciones feministas intelectuales y que presionaron desde sus lugares para la implementación del voto femenino, el cumplimiento de igualdades sociales, educativas, civiles.


Orienta este análisis, una vital actitud de revalorización femenina en la poética, es decir, hará honor, conmemorá la obra de la mujer siguiendo la propuesta que Dulce María Loynaz, hizo al publicar “Canto a la mujer” (1993), compuesto por ensayos, conferencias, escritos breves y poemas de figuras como Sor Juana Inés de la Cruz, Juana de América, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Delmira Agustini, Bertha Arocena, Gabriela Mistral.
Será el tributo pues, para la cubana Dulce María Loynaz, (La Habana 1902- La Habana 1997) Doctora en Leyes, profesora y poeta, autora del “Canto a la mujer estéril”(1937) trabajo impecable y de repercusión en época de su publicación, que goza de carnadura literaria sin mella.
Ya las metáforas y el clima del “Poema del hijo” de la educadora y poeta chilena Gabriela Mistral, que compartimos a continuación en fragmento, nos habían preparado para el tema: 


“Un hijo Un hijo Un hijo… Yo quise un hijo tuyo
Y mío, allá en los días de éxtasis ardiente
En los que hasta mis huesos temblaron de tu arrullo
Y un ancho resplandor creció sobre mi frente.
[…] Sus brazos en guirnaldas a mi cuello trenzados,
El río de mi vida bajando a él, fecundo,
Y mis entrañas como perfume derramado
Ungiendo con su marcha las colinas del mundo”.


Es evidente que la obra de Dulce María Loynaz, va más allá del sueño del amor y el hijo, más allá del claroscuro de la maternidad; su poema lleva a la arenga sobre la carne viva, desnuda y expone la existencia de un corazón dador de vida dentro de un cuerpo estéril. Y clama, incita a contemplar esa carne yerma, que es jardín florido, huerto fructificado. 
El cierre es de una absoluta irreverencia, se levanta, se subleva ante las actitudes ofensivas que segregan, discriminan a las mujeres sin hijos, a las madres sin cunas. En estas últimas estrofas, la poeta cubana, yergue sobre estos ultrajes, directas maldiciones: "...Púdrale Dios la lengua al que la mueva /contra ti, /clave tieso en una pared / el brazo que se atreva a señalarte..."
Finalmente, desmitifica a Eva, la fetiche, la madre de la humanidad, y la nombra blanca y sin maldición de destierro, entronizándola y dándole la "llave de la vida".


CANTO A LA MUJER ESTÉRIL

Fragmento


“Madre imposible. Pozo cegado, ánfora rota.
Catedral sumergida.
Agua arriba de ti... Y sal. Y la remota
luz del sol que no llega a alcanzarte: la Vida
de tu pecho no pasa, en ti choca y rebota
la Vida y se va luego desviada, perdida
hacia un lado -hacia un lado-
¿Hacia dónde?...
Como la noche, pasas por la tierra,
sin dejar rastros
de tu sombra, al grito ensangrentado
de la Vida, tu vida no responde,
sorda con la divina sordera de los astros…
[…] contra la oscura
miserable ansia de forma,
de cuerpo vivo,[…]
¡Contra toda la vida tú sola!...
¡Tú, la que estás
como un muro delante de la ola!
[…]Madre de un sueño que no llega
nunca a tus brazos: Frágil madre de seda,
de aire y luz…
¡Se te quema el amor y no calienta
tus frías manos! ¡Se te quema lenta,
lentamente la vida y no ardes tú!
[…]Púdrale Dios la lengua al que la mueva
contra ti, clave tieso en una pared
el brazo que se atreva
a señalarte, la mano oscura de cueva
que eche una gota más de hiel en tu sed!...
¡Eva… Eva, blanca y dormida
en un jardín de flores, en un bosque de olor!
¡No saben que tú guardas la llave de una vida!
¡ No saben que tú eres la madre estremecida
De un hijo que te llama desde el Sol! ”



                                                                                 Buenos Aires, Marzo 8, 2014



 Ester Spiner, María González Rouco, Marita Rodríguez-Cazaux, Consuelo Bermúdez

Foto
María González Rouco, María D´Alessandro, Marita Rodríguez-Cazaux

                                                                         * * *
Fuente:  
Prof. Marisa Martinez Pérsico en Internet (Se permite la reproducción total o parcial con mención del Autor).
Antología La Poesía Moderna en Cuba (1882-1925) por Felix Lizaso y José Antonio Fernández
de Castro. 

 



                                                             * * * * *

miércoles, 5 de marzo de 2014

PERIÓDICO IRREVERENTES

ULISES SIN ODISEA

                                                                                                                                 Por Marita Rodríguez-Cazaux
Penélope
Ulises es encubierto embuste.
Ha sido invento. Mito de confusión
de  hombres perdidos.
Ulises, no es el Héroe ni la absurda
Contienda a desfavores del Olimpo
Ni el extravío de aventurado empeño.
 
Ulises en verdad, es un muchacho
Que se asoma a la mar como a la vida,
Sin esperar jamás ser esperado.
Abomina que tejan en su ausencia
Un manto de perezas, aburrido
compás como la lluvia sobre un vidrio.
 
Y más aún, 
Penélope,
Tampoco es verdadera.
 
La mujer que a Ulises le descuartiza el sueño
Es una chica de jeans deshilachado
Y el pelo sauvage. Es libertaria
Mirada femenina en propio cuerpo
Sin importarle de otros las razones
Sobre las humedades de su sexo.
 
Cuando al cíclope detenga la luz roja
Para ella la elevada montaña del Parnaso
Ha de volverse lisa lonja en el asfalto.
Atrás, la esclavitud en Calipso, el misterioso
Océano, los ciento ocho pretendientes.
El rock metálico que entonan las sirenas.
 
Carece de importancia tanta historia.
Ella y  -sobre ella-, quien no es Ulises,
han de fundar treinta ciudades.
 
Así de verdadero.

CELEBRACIÓN DEL POEMA

ADELANTO DEL TRATADO SOBRE POÉTICA Y FILOSOFÍA DEL LITERATO CARLOS PENELAS



En este ensayo el destacado poeta CARLOS PENELAS, enuncia las bases de su poética aportando su experiencia como creador valiéndose del simil o comparación, apelando al ideal clásico de la Belleza en el arte y a la imaginación del espíritu tomando los valores griegos y renacentistas como modelos.

El cuaderno integra la colección que ha publicado hasta el momento: De la Razón Poética a la comunión de libertades / Una mirada introductoria al pensamiento de María Zambrano por Graciela Maturo, Heidegger sobre Hölderlin en el Himno Germania: La señal de los dioses por Alejandro Drewes y “Dort…”, Allí…” A partir de un poema de Hölderlin por Jorge Eduardo Fernández.

Publicó La Luna Que, Buenos Aires, marzo de 2014.


Cuadernos del Centro de Estudios Poéticos Alétheia / Ensayos sobre Poética y Filosofía
Ediciones La Luna Que
Plaqueta.
Prosa. 


En breve inclusión en el presente blog literario de textos y comentarios sobre los tópicos abordados en  "Celebración del Poema".

                                                                   * * *


lunes, 3 de marzo de 2014

CRÍTICA LITERARIA



"UNA RELACION PERFECTA",  DE WILLIAM TREVOR

                                                                                   Por Germán Cáceres *



William Trevor (Irlanda, 1928) está considerado uno de los más grandes escritores de relatos en lengua inglesa. En su haber cuenta con catorce novelas, veinte colecciones de cuentos, seis obras de teatro y dos libros de literatura infantil. Entre sus numerosos premios figuran el Whitbread y el David Cohen y no pocas veces fue candidato al Nobel. Es miembro de la Academia de Letras Irlandesas.
Su escritura fresca y sencilla alcanza una perfección inusual, con diálogos sutiles que insinúan el perfil de los personajes. En tanto sus descripciones de paisajes y ámbitos son precisas y detalladas, recurre a la elipsis y a la alusión para narrar las historias. La excelente traducción de Isabel Ferrer Marrades resulta un buen soporte para que su prosa se luzca.
“La hija de la modista” se inicia con un eje cotidiano, sin sobresaltos, hasta que un accidente automovilístico hace deslizar la narración hacia la angustia y la opresión. Ese inesperado carácter siniestro aparece en otros cuentos, como “La habitación”, en el cual un matrimonio se ve sacudido por un asesinato que trastoca las vidas de ambos esposos, y plantea un fuerte escepticismo sobre la conducta humana ya que un personaje afirma: “La mayoría de las veces la gente no sabe por qué hace las cosas”. Un hecho ominoso ocurrido en el pasado tiñe fatalmente el presente en “Hombres de Irlanda”. La visión de un acto violento e irreparable sumerge a la protagonista de “Valentonadas” en la desolación. Esa desesperanza de Trevor puede bordear la tragedia: Jasmin, una adolescente que soporta en su casa una cotidianeidad bochornosa, se enamora de un hombre al que idealiza y tras el cual se oculta un abusador.
El título en inglés de esta colección es Cheating at Canasta, como uno de los cuentos (“Trampa jugando a la canasta”), que sugiere que los sentimientos difícilmente puedan expresarse con toda la energía que poseen. La propietaria de la granja “En Oliverhill” no se resigna a transformarla en un campo de golf, como exigen los nuevos tiempos, y amargada se recluye en una sala de la finca; tal vez en su inconsciente anide una venganza secreta hacia sus hijos, que no podrán soslayar la culpa de que fueron los que motorizaron ese cambio. El sobreentendido y la síntesis logran su punto más alto en “Una relación perfecta”, en donde el autor relata los hechos tomándose su tiempo, con cuentagotas. Aquí domina la soledad de los personajes y la tristeza de saber que no existe espacio para el amor, que éste se manifiesta a través de muchas dificultades: “Las mentiras estaban a disposición de cualquiera, en espera de que alguien las usara cuando pudiesen serle útiles”. Y “Fe” expone el derrumbe, acompañado de nostalgia, de un clérigo que de pronto duda de su vocación religiosa.
Los mandatos familiares son fuertes en los irlandeses, según la visión que se despliega en “Los niños”, en donde su crianza y educación se imponen al amor de una pareja (un viudo y una divorciada) que desea casarse. También “Viejo amor” presenta una decisión similar, ya que un personaje a punto de separarse “Se quedó, porque Zoë y los dos hijos que habían nacido hasta ese momento significaban más de lo que había creído”.
El protagonista de “Folie à deux” sólo encuentra orden y seguridad en su tarea de coleccionar sellos postales. Todo lo demás se compone de culpas, percepciones dudosas y una espantosa soledad.
Una relación perfecta se destaca por su primoroso estilo y la capacidad de abordar literariamente personajes convincentes y de honda carnadura humana.


“Una relación perfecta”, de William Trevor (Ed. Salamandra, Barcelona, 2012, 224 páginas)






“CUENTOS COMPLETOS”, DE ANTONIO DI BENEDETTO


                                                                                              Por Germán Cáceres *



Se trata de uno de los mejores escritores argentinos y, sin embargo, es poco conocido en el país y en el exterior. ¿Por qué? Tal vez su obra no sea fácil de leer, ya que es exigente por su profundidad; además, se abre en múltiples direcciones y presenta ciertos rasgos experimentales. Por otra parte, Antonio Di Benedetto (Mendoza, 1922/Buenos Aires, 1986), que también era colaborador del diario Los Andes de su ciudad natal, fue detenido por la dictadura militar el 24/3/1976 en su despacho del periódico sin que él nunca llegara a saber si se debió a alguna nota que escribió. No obstante, recién fue liberado el 4/9/1977 y, muy deprimido luego de sufrir torturas y cuatro simulacros de fusilamiento, se exilió primero en Francia y luego en España. Vivió seis años en Madrid y regresó a la Argentina en 1984, en donde se mantuvo con un simple empleo en la Casa de Mendoza.
Escribió innumerables cuentos y cinco novelas. De estas últimas se destaca Zama(1956), considerada su obra maestra.
Pero tal vez se halle en su cuentística la formulación completa de su estética y de su pensamiento sobre el hombre y su destino.
En Mundo animal (1953) hay bellas e inspiradas páginas como “Mariposas de Koch”, de escritura maravillosa por su cadencia y rigor. Aquí un tuberculoso cree que sus escupitajos son mariposas rojas criadas en el interior de su corazón. “Amigo, enemigo” exhibe una gran capacidad de síntesis y sus elipsis sugieren innumerables asociaciones respecto a un ratón y al recuerdo de un padre que se colgó del caño de la flor de la bañera. Estos dos cuentos están emparentados con la poética del Cortázar de Bestiario (1951). “Trueques con muerte” describe como ésta se va apoderando de la existencia.
El desasosiego domina en Cuentos claros (1957). Un padre viudo y su pequeño hijo parecen vivir un encierro patológico en “Enroscado”. Después del fallecimiento de la que fue esposa y madre, se mudan de una casa a una pensión. El niño se aísla hasta límites enfermizos que su progenitor no puede controlar. “As” exhibe una trama leve, hasta ingenua, en cuyo interior se entreteje un torbellino de sórdidas pasiones. Su lenguaje sintético y los espacios en blanco permiten pergeñar diversos episodios que muestran al ser humano cometiendo bajezas infames por cuestiones de dinero. En “El juicio de Dios”, un jefe de estación decide hacer escala con una zorra en un desértico paraje mendocino donde en forma sorpresiva los escasos pobladores lo acusan de una mala acción que no ha cometido. Está acorralado, y ese sentimiento de zozobra se transmite al lector. Una lucha de poderes se libra entre los personajes, que van experimentando situaciones de cruel desamparo y humillación. Este cuento y gran parte de la obra de Di Benedetto evocan por su insoportable angustia los filmesThe Brig (1964), de Jonas Mekas, y Cul de Sac (1966) y El inquilino (1976), de Roman Polanski.
Sólo de dos narraciones consta Declinación y ángel (1958). Una de ellas es “El abandono y la pasividad”, un relato sin personajes, en el que en apenas tres páginas se describe una habitación y sus objetos y, al final, unos zapatos que avanzan: se debe imaginar qué pasó y qué está sucediendo. “Declinación y Ángel” puede considerarse por su extensión una nouvelle y su concepción está emparentada con la “Nouveau roman”, en la que estaban enrolados Nathalie Sarraute, Michel Butor, Claude Simon y Alain Robbe-Grillet.. El autor oculta información y la historia avanza pero sin saberse con claridad qué está sucediendo. A ratos surgen observaciones propias de un guión de cine y varios de sus puntos de vista son típicos de una cámara cinematográfica. La escritura particular de Di Benedetto dota a los objetos de alma y presta suma atención a los sonidos. Sin embargo, se señalan los diferentes niveles sociales de Cecilia y Julián, por un lado, y de la familia de la vecina Ana, por otro, y se va aclarando la conflictiva relación de una amante sometida a los antojos y mandatos del hombre que la mantiene. La muerte trágica de Ángel, un chico, pone fin a un terrible desfile de engaños, intrigas y pasiones desenfrenadas.
El cariño de los tontos (1961) presenta tres cuentos magníficos. “Caballo en el salitral” plantea una crudeza desoladora: la lucha por la vida y la subsistencia llevada a cabo por la fauna (caballos, pájaros, pumas, palomas) que habita una zona desértica de Mendoza adquiere ribetes metafísicos: “el silencio es tan imperioso que el animal ni relincha, como si participara de una mudez y una sordera universales”. En “El puma blanco” la puntuación tajante y dura describe el febril rastreo de una suerte de Moby Dick criollo, que está lejos de la maldad de la ballena de la novela de Melville, y el investigador Polanco, que lo busca, es un capitán Ahab lírico y soñador. En “El cariño de los tontos” –que según Julio Premat “puede tomarse como una versión mendocina de Madame Bovary”- Di Benedetto refiere los movimientos de los personajes, como si sus piernas y brazos obraran por sí mismos. El lector presiente que algo siniestro y fatal está por acaecer, que la desgracia se avecina. Y ese final llega confuso, incoherente, no sólo para los tontos sino también para personajes como el veterinario y el rabdomante, que no cesan de negar la realidad y prefieren soñar aunque esta actitud desemboque en una pesadilla.
“Aballay”, que figura en Absurdos (1978), se puede entender como una indagación metafísica: el protagonista se convierte en un penitente que decide montar a caballo por el resto de su vida para expiar la culpa de una muerte. Esta especie de centauro maldito emprende un camino ineluctable y fatídico. La prosa es indirecta y propone nuevas formas de narrar y exponer una historia sin salida, donde todos pierden, desde el hijo de la víctima, que quiere vengar a su padre, hasta el mismo Aballay. “Pez”, un cuento de paisanos que desarrolla un rico vocabulario campestre, se muestra desgarrador, feroz, no tiene piedad hacia la indefensa Lumila, que es devorada por su propio perro, el que siempre le fue fiel. Es como si se quisiera señalar que a todos los seres humanos les aguarda un destino aciago.
Resulta evidente que la tortura y la prisión que sufrió desde marzo de 1976 a setiembre de l977, y el posterior exilio, minó la moral y la salud de Di Benedetto porque después de Absurdos su escritura no alcanzó el anterior nivel de excelencia. “En busca de la mirada perdida”, de los Cuentos del exilio (1983), es un relato de ciencia ficción, en el que desarrolla un manantial de ideas en detrimento de la elaboración de los personajes y de la narratividad. “Recepción” presenta un extrañamiento total, en donde el protagonista deambula por un mundo automatizado en el cual las actitudes y conductas vitales han desaparecido. En el breve “Bueno como el pan” algunas líneas dejan entrever los padecimientos espirituales que el narrador padeció en el exilio.
En esta edición de los Cuentos completos cuidada por Jimena Néspolo y Julio Premat, figuran dos capítulos, uno llamado Otro cuentos, que son trabajos reescritos por Di Benedetto, y otro formado por Cuentos inéditos. “Los trágicos amores de Julieta y Jordán”, del primer grupo, fue denominado por el autor cuento festivo, pero su humor no está suficientemente logrado, como se verifica también en “Trencito de la infancia”, del otro grupo. Esta edición contiene una introducción, “Lo breve, lo extraño, lo ajeno”, del nombrado Julio Premat, que revela una agudeza crítica y unos conocimientos literarios superlativos.
Antonio Di Benedetto obtuvo numerosas distinciones: Caballero de la Orden de Mérito (1969), otorgado por el Gobierno Italiano; Medalla de Oro, Alliance Française (1971); Título de miembro fundador del Club de los XIII (1973); Beca Guguenheim (1974) y Gran Premio de Honor de la SADE (1986).


“Cuentos Completos” de Antonio Di Benedetto (Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires, 2009, 708 páginas)

Publicado por periódico Irreverentes  




Germán Cáceres 



Escritor y dramaturgo argentino, nacido en Avellaneda en 1938.
Colaborador asiduo en medios periodísticos entre ellos las revistas Lea, El Grillo, Proa, Ser en la Cultura, Desde Boedo, Archipiélago (México), y en las publicaciones virtuales Imaginaria, A hierro muere, Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte, Nido de Caranchos, La Duendes, La máquina de escribir, Letras-Uruguay, Palermo online y WittyWorld (EEUU). Columnista del sitio El Muro: www.elmurocultural.com.
Autor de los ensayos sobre historietas Charlando con Superman (1988), Oesterheld (1992), Así se lee la historieta (1994) y El dibujo de aventuras (1996). Integró el equipo que confeccionó el Diccionario de uso de la historieta española (1997). Por esta especialidad fue invitado a los festivales internacionales de Budapest (1990), Skopje (1991) y St. Just le Martel (1992).
Escribió El checo, la giganta y el enano (cuentos, 1974), Frankenstina (cuentos, 1977), Cuentos para mocosos y purretes (literatura infantil, 1980), Los silencios prohibidos (novela policial, 1982), Los pintores mueren del corazón (cuentos policiales, 1985), Matar una vez (novela policial, 1992), y las novelas para adolescentes Soñar el paraíso (1996) y Traficantes de la selva (1999) (ambas publicadas por la editorial Alfaguara). En 1993 realizó una compilación de cuentos policiales argentinos con el título Thrillers al Sur, que fue editada en diskette y reeditada en 2002 por la editorial virtual Ibucs: http:/ibucs.tripod.com, que ese mismo año colocó en la red su antología de cuentos argentinos de ciencia ficción Otras rutas al futuro.
Colabora con la Fundación Ciudad de Arena dedicada a la difusión del género fantástico
En 1997 fue incluido en la antología Cuentistas Argentinos de Fin de Siglo, de Editorial Vinciguerra. En 1998 editó su drama en un acto Vamos a Manhattan, de Ediciones del valle. La misma editorial publicó en 1999 Suicidios en la cuarta dimensión, obra en dos actos, y en junio de 2001 El postre, en un acto y en 2003 Viajeros, en un acto.
En octubre de 2005 se estrenó su obra Knock out, fuera de combate, y en 2008, Aguas, piedras y escobazos.
En 1986 recibió Mención de Honor Premio Municipal en Cuento por Los pintores mueren del corazón. En 1992 obtuvo dos "Fajas de Honor” de la Sociedad Argentina de
Escritores (SADE): una en novela (por Matar una vez) y otra en ensayo (por Oesterheld). En 1996 mereció Mención de Honor en el Concurso Internacional de Ficción sobre Gardel (Montevideo-Uruguay) por el cuento “Rapsodia del Río de la Plata”. En 1999 la Socidad Argentina de Escritores le otorgó la “Faja de Honor”en teatro por Vamos a Manhattan, y la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el 1er. Premio Especial “Eduardo Mallea” por su ensayo La aventura en América, que la Editorial La palabra mágica publicó en diciembre de 1999. En junio de 2000, recibió la “Faja de Honor” de la S ADE en literatura juvenil por Traficantes de la selva.
En octubre de 2002 fue premiado en el concurso de cuentos “Atanas Mandadjiev”, celebrado en Sofía, Bulgaria, y se le otorgó el título de Gran
Maestro del Relato Policial.
El 5 de agosto de 2003 fue nombrado socio honorario de SADE.
En abril de 2004 apareció su libro Entre dibujos, marionetas y pixeles (Notas sobre cine de animación), publicado por Editorial La Crujía.
Ediciones BP publicó cuatro cuadernos de su autoría en su colección “Informes del Sur”: Orígenes de la historieta argentina (2004), El género fantástico en la historieta argentina (2005), Oesterheld: La aventura sin fin (2005) y Escobas revolucionarias (La gran huelga de 1907) (2007).
En junio de 2005 obtuvo el ler. y el segundo premios por Los Invisibles y Lluvia de cadáveres, respectivamente, en el Concurso Internacional de “Literatura Infantil y Juvenil” (novela) organizado por HMRSystems, que fueron editadas en audiolibro en febrero de 2006.
En noviembre de 2006 apareció su novela juvenil Lluvia de esqueletos, publicada en la colección Mar de Papel por la editorial CrecerCreando.
En setiembre de 2007 fue invitado a FLIPORTO, festival internacional literatura de Porto de Galinhas (Pernambuco, Brasil), para disertar sobre “El cuento latinoamericano”.
Su libro de cuentos policiales Por amor al crimen figura en el sitio “letras-uruguay.espaciolatino” desde enero de 2008, y su novela La partitura fantasma en “monografias.com” desde julio de 2008.
Varios de sus cuentos fueron traducidos al italiano y al portugués.
El 29 de marzo de 2008 la asamblea de la Academia de Letras e Artes do Nordeste Brasileiro lo nombró por unanimidad miembro de la misma.
Fue designado jurado en el Festival de cine “Buenos Aires, rojo, sangre”, 2008.
En 2010 se publicaron sus novelas juveniles El enigma del Siambón (Lomgseller) y El ataque de los acuanautas (Serendipidad). En conmemoración del Bicentenario, en 2010 se representó en las escuelas del Oeste Bonaerense su obra El incidente (Un episodio en la vida de Manuel Belgrano), que el 2 de abril de 2011 se estrenó en el Teatro Fray Mocho, de la Capital Federal.
Fue incorporado en 2010 al Diccionario razonado de la literatura y la crítica argentinas.
En febrero de 2011 salió la antología Teatro para niños 2 (Editorial Atuel), de la que formó parte con Una aventura en el ciberespacio. El 23 de abril de 2011 apareció la antología Cuentos y experimentos (Guadal), con narraciones de Poe, Wells, Bioy Casares y Lugones, que contó con la historieta El que veía los ruidos, con dibujos de Mauro Vargas y de la que escribió el guión.
En 2011, en el libro Episodios patagónicos, de Alejandro Aguado, figura la historieta Un amor austral, cuyo guión le pertenece.
En junio de 2012 salió el ensayo sobre historietas Evocando viñetas (Editorial La Duendes), y Ediciones del Naranjo publicó su novela juvenil “El misterio del profesor ausente” en agosto de 2013, con ilustraciones de Mario Vargas y diseño y diagramación de María Tasisto.
Desde 2013 Miembro de Número de la Academia Argentina de Literatura Infantil y Juvenil (AALIJ)


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