jueves, 28 de mayo de 2015

PERIÓDICO IRREVERENTES





LA ESTACIÓN DEL TIEMPO


                                                                                                                                       

Manos


Cuando el cálido sol de los domingos asomaba, junto al silencio de voces serenas de familiares ausentes, Isabel y Carmen a través del dispositivo telefónico –único medio por el cuál establecían la conexión– se reunían en la mítica esquina de Acoyte y Rivadavia, en el barrio porteño de Caballito, para viajar en el subte de la línea A que las llevaría a pasar la tarde en el viejo e histórico Café Tortoni. Una confitería donde el tiempo había dejado a modo de legado, historias arcaicas de escritores y poetas: soberbios en sus versos, pasionales en sus historias, trágicos, sedientos y perturbados amores no correspondidos, para narrar y atesorar en la memoria.
Hasta allí se dirigieron, a disfrutar de la recitación de obras literarias, a recordar y volver a ese espacio en el que, alguna vez, fueron jóvenes. Costumbre que no habían abandonado, a pesar de los años transcurridos.
Isabel no tuvo suerte con su matrimonio, los mandatos de la época le impidieron decir no al hombre escogido por su familia, tuvo que obedecer a los preceptos que imponían. Ama de casa, correcta y resuelta, atenta al cuidado del hogar y la familia, su vida casera era la envidia de las revoltosas solteronas. Con el advenimiento de sus dos hijas los días eran más soportables y entretenidos porque se dedicaba íntegramente al bienestar de las nenas.
Carmen, todo lo contrario. Se enamoró perdidamente del hijo de una pareja amiga de sus padres, sin saber que él iba sintiendo lo mismo. Se frecuentaban de niños cuando sus padres se juntaban a platicar. Con el correr de los años, las hormonas y el crecimiento descubierto día a día, mostraron que había algo más entre ellos. Y así, de a poquito, nació el amor y desde ese momento fueron inseparables. La vida le dio cuatro hijos: dos varones y dos mujeres.
Coquetas y elegantes, entonadas y perfumadas; con su mejor ropaje para la ocasión, disfrutaban del viaje de ocho estaciones, un viaje que siempre resultaba fugaz, ameno, ansiado.
Sentadas en la mesa, acompañadas con su tradicional café con leche y masitas, las dos viejas amigas conversan sobre aquellos secretos que tan celosamente guardaban, buscando -para no olvidar- aquel rostro del hombre que recitaba los versos más hermosos de Alfonsina Storni o de Baldomero Fernández Moreno entre otros.
De cabellos dorados, vestía traje sastre color azul oscuro con rayas apenas visibles, acompañado por un pañuelo blanco de seda del mismo tono que la camisa, corbata a cuadros, lisa en algunas ocasiones, todo un perfecto sintagma que enfatizaba sus ojos del mismo matiz que el traje.
Ese hombre, cautivaba a Isabel con la melodía de su voz, a veces, hasta creía que la miraba fijamente a los ojos cuando pronunciaba algún poema en el que se sentía envuelta en palabras de amor, de angustia, nostalgia y dolor; Isabel se reconocía en cada verso que los labios del hombre expresaban, y un gota de cristal se desplomaba sobre su mejilla, lentamente, cuando la poesía terminaba.
Mientras sus miradas se cruzaban, el tiempo se detenía. ¿Quién era ese hombre? No lo sabía, porque una vez finalizada la velada, cada una volvía a su casa y el hombre desaparecía.
Por aquellos tiempos, una señora casada era vista de muy mala manera si se acercaba a un hombre desconocido, claro, salvo si el encuentro era casual.
Una tarde, Carmen le dijo a su amiga que iba hasta el toilette, pero desviando los pasos se dirigió a uno de los mozos para preguntarle quién era ese hombre que recitaba. Bajando la voz, le comentó que le gustaría conocerlo para felicitarlo.
Luego de saludar a un grupo de curiosos que lo rodeaban, el hombre se dirigió hacia la mesa de ellas. Isabel, lo vio aproximarse a paso lento hasta su mesa. Al llegar, caballerosamente se inclinó con una reverencia hacia las dos.
—Buenas tardes, señoras. Espero que hayan disfrutado de los poemas. Me han dicho que me querían conocer, bueno, aquí estoy. Mi nombre es Avelino, soy maestro de Letras.
En señal de respeto acercó su mano para tomar la de las damas. Carmen para romper el mutismo de su amiga, se adelantó en la palabra:
—Encantada, mi nombre es Carmen. Nos gustó mucho la selección de poemas que recitó en el día de hoy.
—Un gusto Carmen —dijo él.
Un codazo en el brazo de Isabel la devolvió a la realidad. Con la boca seca y la voz entrecortada solo atinó a decir:
—Lo mismo.
—Y su nombre es…
—Isabel —contestó rápido y tratando de no tartamudear.
—Hermoso nombre, señora —dijo él, y le tomó la mano muy delicadamente. Con el dedo pulgar le acarició la piel, advirtió la tibieza, el sudor, y se inclinó para besarle la mano. Ella sintió cómo las agujas del reloj se detenían al mismo tiempo en que el mundo dejaba de girar en su eje y alrededor del sol.
Las demás personas en el salón lo aclamaban, querían saludarlo y felicitarlo también. No tuvo más remedio que irse, desapareciendo en medio de la muchedumbre.
Fue una tarde diferente a las demás, pensó Isabel y se entusiasmó con la idea de que cuando volviera lo vería de nuevo. En el subte, de regreso a sus casas y a sus vidas cotidianas, las dos amigas iban hablando de lo maravillosa que había sido la tarde y lo entusiasmadas que estaban por regresar.
Ciertas circunstancias familiares que le surgieron a Isabel no pudieron concretar el encuentro que habían pensado para el fin de semana próximo. Hablaban por teléfono imaginando que la semana entrante podrían asistir, sin embargo, siempre había algo que imposibilitaba el encuentro.
Los días siguieron, pasaron varias semanas, y cuando por fin pudieron estar de acuerdo para salir el domingo, al llegar a la confitería, oyeron otra voz que recitaba los poemas. Un desconocido era ahora el que declamaba desde el escenario. Una profunda angustia quebró el corazón de Isabel, preguntándose qué había pasado con Avelino. Intentaron averiguar, pero nadie supo responder. Simplemente había desaparecido.
Carmen la consoló, prometiéndole que lo buscarían, pero los mandatos familiares de ambas impidieron que esto se pudiera llevar a cabo y todas las veces que volvieron al Tortoni, con la esperanza de tener alguna noticia de él, se vieron frustradas.
Sus vidas continuaron, los años pasaron, los lunares marrones de sus manos brotaban y se notaban cada día más, las arrugas empezaban a estampar caminos de vida en sus rostros, los encuentros entre ellas eran cada vez más esporádicos.
El Café Tortoni se había convertido en su refugio, era el escondite perfecto, su segundo hogar. Recordar, conversar, era lo que las mantenía con el espíritu vivo.
Después de escuchar aquel poema que remontó a Isabel a aquella tarde de abril de los años cincuenta, pidieron la cuenta para retirarse a sus hogares. Volvieron en el subte de la línea A. Isabel concentrada en lo que su amiga le estaba contando, apenas reparó en el hombre que se colocó enfrente. La sombra proyectada en su cara le hizo elevar la cabeza. Sus miradas se cruzaron; mudos, contemplándose uno al otro y preguntándose para sí, si lo que estaban mirando era real.
Como buen caballero que mantiene las costumbres de su época, el hombre le tomó la mano para saludarla y despedirse al mismo tiempo porque su estación estaba próxima. Con un beso en la mano de ella retrocedió el tiempo y volvió a detenerse justo cuando ambos eran jóvenes. Ella sintió su cuerpo estremecerse, su corazón latir muy rápido.
De repente, el altoparlante anunciaba el nombre de la estación devolviéndolos a la realidad en la que se habían sumido. Soltó su mano suavemente, resignado.
Se acercó a la puerta, la contempló nuevamente y se bajó del vagón para marcharse una vez más.

lunes, 25 de mayo de 2015

RESEÑAS

Entrada nueva en Fernando Veglia


“El viejo y el mar”, de Ernest Hemingway

por Fernando Veglia*
Hemingway
Leí esta novela hace tiempo, en la escuela secundaria. Aún la conservo, me la prestaron y nunca la devolví. Es una edición mexicana de 1982 y tiene, como imborrables marcas de uso, algunas anotaciones marginales de otro lector, los párrafos y frases que subrayé y unos papelitos que coloqué a modo de señalador.
Más allá del olor y el color de la vejez, su estado no es el mejor; algunas hojas están sueltas y otras amenazan con independizarse del lomo. Sin embargo, nunca pensé devolverla; ver su fino lomo amarillo, entre tantos otros, me recuerda al indómito mar del Caribe, al silencioso cariño de Santiago y Manolín y a la lucha entre el hombre y el pez.
El autor, Ernest Hemingway (1899-1961), fue un escritor y periodista norteamericano, perteneció a la generación perdida y ganó el premio Nobel de literatura en 1954. Su vida estuvo signada por la aventura y el peligro. Participó, voluntariamente y como chofer de ambulancia, en la Primera Guerra Mundial y fue corresponsal de guerra durante la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial.
El viejo y el mar, encargado por la revista Life, valió el premio Pulitzer, fue traducido a varios idiomas y llevado al cine en 1958 y 1990. El lenguaje de la obra es claro y directo, la trama sencilla y la lectura sumamente agradable, sensorial y emotiva.
En el Caribe, un viejo pescador, llamado Santiago, hacía varias semanas que no pescaba nada. Su ayudante, un muchacho llamado Manolín, debió salir por orden de sus padres en otro bote; a pesar de ello continuaba ayudando a su maestro y disfrutando de sus charlas. Una mañana, el viejo salió a pescar, dispuesto a romper con la mala suerte. Un pez enorme picó su anzuelo y, a falta de fuerza física, debió valerse de toda su experiencia para ganar la fatigosa pelea. Feliz, ató el enorme pez al costado del bote y enfrentó una segunda lucha: llegar a la costa, evitando que los tiburones devorasen su captura. Mató un tiburón y luchó denodadamente, pero sólo salvó la cola, el espinazo y la cabeza. Por la noche, llegó a puerto y, sin desatar lo que quedaba del pez, regresó a su hogar. Por la mañana, mientras Santiago dormía soñando con los leones, los pescadores admiraron las virtudes del viejo y los turistas supusieron que, amarrados al bote, descansaban los restos de un tiburón.
El viejo y el mar da cuenta de la relación entre el hombre y la naturaleza, del coraje, de la necesidad de luchar abnegadamente para alcanzar los objetivos, a pesar de las derrotas sufridas y de los peligros acechantes.
Uno de los papelitos, que hace varios años utilicé a modo de señalador, marca un pensamiento de Santiago: “Me gustaría dar de comer al pez, pensó. Es mi hermano. Pero tengo que matarlo y cobrar fuerzas para hacerlo.” Esas palabras aún me fascinan, me dicen que ambos, hombre y bestia, comparten las inexorables leyes de la naturaleza. Que la lucha es irrenunciable y que la victoria o la derrota son su amarga conclusión. Que, considerando la vida misma una contienda, sólo habrá honor y posibilidades de vencer, sanando viejas heridas. Que los rivales, en cumplimiento de un deber inalienable, son hermanos. Es lo que me sugiere un pensamiento de Santiago, un puñado de palabras. Es un pequeño trozo de El viejo y el mar.
                                                                    ---
El viejo y el mar (1952), de Ernest Hemingway

* Escritor y articulista argentino.
Categorías:Reseñas

POEMAS Y PATRIA EN MANUALES ESCOLARES



PATRIA 


Patria es la tierra donde se ha sufrido,
Patria es la tierra donde se ha soñado,
Patria es la tierra donde se ha luchado,
Patria es la tierra donde se ha vencido.

Patria es la selva, es el oscuro nido,
La cruz del cementerio abandonado,
La voz de los clarines, que ha rasgado
Con su flecha de bronce nuestro oído.

Patria es la errante barca del marino,
Que en el enorme piélago sonoro
Deja una blanca estela en su camino.

Y patria es el airón de la bandera,
Que ciñe con relámpagos de oro
El sol, como una virgen cabellera.

Leopoldo Díaz, 
Manual  Estrada, Tercer Grado, Ed. 1958, Argentina



A MI PATRIA 



Oh cuna de mi infancia, patria mía!
Lumbrera del gran pueblo americano:
Deja que admire con placer el alma
La espléndida belleza de tus llanos.

Quién no anhela vivir bajo tu cielo?
Quién no desea contemplar tus astros,
Suelo de amor, de libertad, de gloria,
Cuna de San Martín y de Belgrano?

Por eso el alma mía con orgullo
Te expresa, oh madre!, su entusiasmo patrio,
Enviándole un saludo cariñoso
En las humildes alas de su canto.

Román Oliver
Manual Estrada, Tercer Grado, Ed. 1958, Argentina



LOS DÍAS DE MAYO



Ya sé por qué son tan lindos
Los claros días de Mayo;
Por qué la bandera alegra
La vista, al aire flotando;
Por qué se viste de gala
La escuelita y el palacio;
Por qué aplaudimos contentos,
Por qué dichosos cantamos.

Mayo tiene, entre sus días,
Una fecha que los labios
Con amor siempre pronuncian,
Temblorosos de entusiasmo…

Ya sé por qué es glorioso
Ese día afortunado
En que nació vigorosa
La libertad que gozamos.

Por eso, lleno de júbilo,
Encendido de amor patrio,
Soy el primero en gritar
El Veinticinco de Mayo:

Viva la noble Argentina!
Vivan los varones santos,
Que altivos y generosos
Su libertad conquistaron!

Rafael Ruiz López
Manual Estrada, Tercer Grado, Ed. 1958, Argentina



25 DE MAYO DE 1810
(Fragmentos)


Amaneció turbio el día,
destemplado y ceniciento,
nublado, ventoso, frío,
ventoso día de invierno.

Y amanecieron las almas
borrascosas como el tiempo.

Volaban las bajas nubes,
tocando los bajos techos,
mientras el viento jugaba
al arco con los sombreros.

Y caía una garúa
que calaba hasta los huesos.

De arriba abajo medíanse,
con altivez y recelo,
militares y paisanos,
adolescentes y viejos,
humildes y poderosos
y hasta mulatos y negros,
buscando los dos colores
en solapas y sombreros.

De pronto, una batahola
fue del uno al otro extremo
de la plaza y enseguida
sobrevino un gran silencio.

A la media hora
estalló un júbilo inmenso;
y aunque el sol ya se ponía
debió alumbrar un momento.

Germán Berdiales, 
Poesía del libro de 4to. grado/ 9 años “A jugar con las palabras“.
Colección “Jugando con el mundo”. 
Autora: Hayde‚ Larese Roja de Gay. Editorial Magisterio del Río de la Plata



*Publicaciones que pertenecen a sus Autores con todos los Derechos Reservados.
Extraído de Acuarelas de Palabras - Internet

FIESTA PATRIA EN VERSOS


PATRIA




“Se nace en cualquier parte. Es el misterio, 
-es el primer misterio inapelable- 
pero se ama a una tierra como propia 
y se quiere volver a sus entrañas.
Allí donde partir es imposible,
donde permanecer es necesario,
donde el barro es más fuerte que el deseo 
de seguir caminando, 
donde las manos caen bruscamente
y estar arrodillado es el descanso,
donde se mira al cielo con soberbia 
desesperada y áspera,
donde nunca se está del todo solo, 
donde cualquier umbral es la morada. 
Donde se quiere arar. Y dar un hijo. 
Y se quiere morir, está la patria.”


                                               Julia Prilutzky Farny 



CANTO A LA PATRIA


I
Yo soy el hijo de tu pampa.
Tu corazón de trigo es mi universo.
Y no voy a cantarte sino como quien eres,
sino como te siento,
oh, suma de la espiga y la paloma,
de la tierra y el cielo.

Por la esperanza siempre viva
de tu día primero.
Por la rosa ofrecida que en la mano
te queda de los hechos,
sobre una base en que se ha hecho mármol
la multitud del hueso,
y por el ángel que mi amor te inventa
y de ti se adelanta trompetero.
Por nada más.
Por nada menos.

No por la cuenta de tus días:
por tu diario nacimiento.
No por tu ayer segado:
por tu mañana nuevo.
No por tu lágrima, que existe.
No por tu paso en soledad, que es cierto.
No por quien llora su pecado
de negación sobre tu pecho:
por tu salud de amor;
por tu olvido sin precio;
por tu perdón;
por tu silencio;
por tu mirada de ojos grandes
sobre la lágrima y el sueño.
Argentina es tu nombre
que desafía el tiempo.

Estás hecha del numen de Mariano, 
que es el fuego,
y el del Gran Capitán que toma el rayo
donde lo bate el cielo,
y el del hermano que vendrá y ya viene
por avatar del genio.
De nada más.
De nada menos.

Entre uno y otro estallan
los formidables términos,
sobre un trasfondo de tambor herido,
de guitarra y lamento,
y de descarga que en el pecho estampa
con un relámpago la flor de ceibo.
Es Juan José. Es Ignacio. Es Bernardino. 
Es Martín. Es Guillermo. 
Es el clamor de Cayetano 
que hace temblar el templo.
Es un manco que gana las batallas 
hasta después de muerto.
Es Esteban que canta. 
Es Domingo que irrumpe en los infiernos. 
Es la “manzana de las luces” 
que fuerza las tinieblas. Es Caseros
que echa abajo las puertas,
y son los mil doscientos
que Aarón conduce con la sed y el hambre
del fondo del Antiguo Testamento,
sembrando en mar y río y selva sola
los corderitos de sus niños muertos.

Es Gregorio que a pié cruza los Andes 
con la noticia en el sombrero.
Son las trescientas leguas de Calixto 
para mirar en Mayo el día nuevo.

Es Juana fantasmal. 
Es Macacha cosiendo y descosiendo. 
Es toda la mujer y todo el niño,
con todo el hombre galopando o preso.

Es la cabeza mártir
de Marco ante su pueblo. 
Es Próspero que aprende su proclama
como si fuera un verso.

Es la niña que lleva de la mano
su niño al guerrillero.
Es el niño que vuela entre fusiles.
Es el niño que llega, mensajero.

Es la madre que lava silenciosa
su llorado pañuelo.
Es Manuel que levanta de las aguas 
su azul de ropa hacia el azul del cielo.

Es una imprenta a cuestas.
Es Juan Cruz, Es Florencio. 
Es un himno más fuerte que la muerte,
en todas partes y de afuera adentro.

Es Bernardo. Es Tomás. Es Juan Bautista. 
Es una larga procesión de truenos.
Bajo una lámpara, junto a una mesa,
es Rufino, maestro. 

Es la guitarra que enamora y lleva
por vado y por desierto.
Es la que llora a Juan en Humahuaca. 
Es Martín Fierro.

Es la misma guitarra que a la plaza
llega alada y armada con su cielo.
Son cítaras y guitarras confundidas
en dos Bartolomé que hacen el pueblo.

Es Nicolás, pujante.
Es Leandro, profético. 
Es María de Alcorta con su grito. 
Es Lisandro que se derrumba en trueno.

Y es una inmensa lluvia para todos
sobre un trigal inmenso.

Argentina te llamas,
que no conoce el sueño.

II

Tu destino es de amor; tu sal, del hombre,
de todo el hombre por el mundo entero,
porque es una la lágrima y la sangre
de todo el hombre que quedó en tu suelo.
Así lo quiere el hombre numeroso
que planta el árbol y que bate el hierro,
y el hombre solo que por bien del hombre
vigila el mar y el solitario hielo.
Tu libertad se llama María Eusebia. 
Tu libertad nació de un solo peso.
En tu enfaldo la tengas siempre niña,
como la puso el pueblo,
mojada por la lluvia
de tu día primero.

Así lo quiere tu labrada tierra.
Así tu mar inmenso.
Así tu mineral y tu ganado.
Todo tu mundo está cantando “quiero”;
la trinidad cereal de tu bandera;
el río maderero;
el otro río que por honda herida
sale a la luz para decir “soy negro”,
y el gran río que tiene en el Salado
su gárgara de sal para ser bueno.

Así lo quiere en su lección de espera;
así lo quiere repitiendo “espero”,
clavada mariposa que no muere,
tu bella cenicienta del océano.

Hay quien te llama Luz, y no te ve.
yo te llamo camino, y me prosterno
con mi filial temor de San Martín,
con mi temblor de niño por Moreno,
y pido, por mi espiga y mi paloma,
que me pongas al hombro tu cordero,
para llevarlo un día, un solo día
de puerta en puerta, por el mundo entero.


                                    José Pedroni 

sábado, 23 de mayo de 2015

ESPACIO CULTURAL EN VITAMINA CDIGITAL

Rodrigo Oliveri y la poeta Marita Rodríguez-Cazaux
en la 41° Feria Internacional del Libro de Bs. As.
Por Ricardo Tejerina

El escritor es un artista, por supuesto, su forma expresiva es uno de los diferentes lenguajes del arte. Pero, a mí me gusta más el otro costado, el lado laborioso y esforzado del autor, es decir el margen del oficio.

Recuerdo que Adolfo Bioy Casares (1914-1999) sostenía que el propósito fundamental del "oficio" de escritor es contar cuentos (cito de memoria, por ello la paráfrasis). Por tal motivo, como una suerte de tributo al escritor de La invención de Morel, convocamos a través del portal de Facebook de Vitamina Cdigital a un concurso exprés de microrrelatos (entre el 18 y 19 de mayo últimos).

Fuimos por la recuperación de la esencia, pues. A buscar al artesano de letras, creador innato desde luego, pero también escribiente y escribidor, amanuense de sus propias musas y competencias. Y digo esto porque el modesto certamen que realizamos implicaba el desafío de contar una historia brevísima (apenas cuatro renglones), pero a la vez corregirla, editarla y publicarla digitalmente, completando de tal modo el ciclo de lo escrito: creación, corrección, satisfacción.

A mi cargo tuve la selección del microrrelato ganador. Me cuesta hablar en términos de orden o jerarquía, si bien suelo habitualmente seleccionar textos, no lo hago con la idea de que unos ganan y otros pierden. Más bien realizo la tarea como un ejercicio de fascinación. Me dejo hundir en la profundidad de un relato y luego exhalo, para emerger con la única certeza de que "éste" bien puede ser... y allí es que otro llega de inmediato a cuestionarlo. Enhorabuena. La paridad es siempre un escollo pero también una gracia, la "competencia entre competentes" resulta enriquecedora para todos.

El tema propuesto fue "Ángeles y Demonios", a sabiendas de la pluralidad de sentidos que podían dispararse. Desde la apropiación literal por parte de los autores, hasta la deconstrucción del tema y la reconstrucción de esos sentidos a través de extensiones figuradas como la maldad, el odio, el resentimiento y la ira, o sus opuestos bondad, amor, redención y paz.

Todos los participantes lograron hallar la virtud en la austeridad. Sin poder apelar a la batería de recursos disponibles ni al preciosismo de la prosa, tuvieron que apuntar su historia como flecha certera. Y lo lograron. Pudieron "contar un cuento" en cuatro renglones; de principio a fin, agudizando su ingenio y sometiéndose a la regla pretoriana de la extensión, cuyo único propósito era que buscaran en sí mismos al artesano de letras capaz de darle forma precisa y justo equilibrio a la silla de tres patas. 

Un dato: entre los autores que aceptaron la convocatoria asomaron jóvenes con actualidad vigorosa y futuro promisorio como el caso de Leonel Álvarez Escobar y Nicolás Darchez; también plumas solventes con publicaciones a cuestas tal el caso de Ana Cristina Pzonka, Liliana Bonavita, Mabel Antonini, Silvia Bazán, Alicia Yokoi, Claudia Almada, Laura Mastracchio Delponte, Martha Vaccari y Miri Laurnaga; sumadas a las gratísimas revelaciones de Héctor Caputo, Mirta Gaziano, Adriana Barone y Josefina Ruíz; y el siempre legitimador aporte de formadores de escritores y colegas como es el caso de Bibiana Pacilio, todos diestros y hábiles en el campo. Esto puso la vara alta desde el vamos. 

Siempre digo que los reconocimientos valen en tanto y en cuanto la justa se libre con buenas artes y en competencia de pares que elevan nuestro nivel. Imponerse a los buenos es meritorio, tanto como circunstancialmente caer ante ellos, con quien tenemos paridad y la definición suele resolverse por el canto de una uña. Y aquí, ése ha sido el caso.

Me he quedado con el microrrelato de Rodrigo Oliveri, que consiguió lo que otros, pero con un detalle adicional: me ha devuelto al páramo de la existencia, a las fronteras de la finitud y la eternidad, a la honda cavilación de mis dudas y certezas. He allí "el canto de uña" que les comentaba. Enhorabuena.

He sido afortunado al leerlos, a todos y cada uno. Gracias por tanto, perdón por tan poco.


MICRORRELATO GANADOR - AUTOR: RODRIGO OLIVERI - 


Si hubieran visto lo que esta criatura, de seguro, aborrecerían su existencia. Con gusto habría entregado mi ser al vacío, si aquello fuera una alternativa... ¡Ni siquiera el cielo ofrece salvación! Tal como versaba un antiguo olvidado: Así como es arriba, es abajo.



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jueves, 21 de mayo de 2015

RESULTADO DEL CERTAMEN LITERARIO EN IDIOMA CASTELLANO E ITALIANO


Tercer Certamen Literario Rotary Club de Flores D.4895 - Coordinación Ida De Vincenzo




JURADO 

Escritora Prof. Silvia Ester Spiner 
Lic. Adriana Alicia Rodríguez (Editorial Alma Luz)
Escritora y Poeta Prof. Marita Rodríguez-Cazaux

Coordinación: Artista Plástica Ida De Vincenzo


PREMIACIONES

OBRAS EN IDIOMA CASTELLANO

POESÍA

Primer Premio: “Entré en Abril” de María del Carmen Manetti
Segundo Premio:  “Agosto 16” de Silvana María Mandrille
Tercer Premio: “Llorarán esta noche” de Alicia Leonor Orlando

MENCIONES

Primera Mención: Susana Angelica Orden por “Canto a la Paz”
Segunda Mención: Marcelo Posada por “Semilla”
Tercera Mención: Adolfo Zabalza por “Himno Rotariano”
Cuarta Mención: Guillermo Santos Ledri por “Nono Italiano”


CUENTO 

Primer Premio: “Confesión” de Mariela De Gregorio
Segundo Premio: “Mujer al fin” de Edith Fedora Soto
Tercer Premio: “Fascinación” de Liliana Noemí Bardessono
Cuarto Premio: “Mi lugar en el mundo” de Ricardo Raúl Biglieri


MENCIONES

Primera Mención: María Esther López Escobar por “Balada para Teresa”
Segunda Mención: Alicia Leonor Orlando por “Dieta Ligera”
Tercera Mención: María Rosa Rzepka por “Del Sur al Sur”
Cuarta Mención: Franca Scaturchio por “El Reencuentro”
Quinta Mención: Matilde Haydee Silva por “La Foto”


OBRAS EN IDIOMA ITALIANO

POESIA

Primer Premio: “Gocce” de Antonella Ronzulli
Segundo Premio: “Sogni Rubatti” de Teresita Bovio Dussin
Tercer Premio: “Sulle Orme Avite” de Carla Barlese


CUENTO 

Primer Premio: “Il Miracolo” de Julia Noemi Issa
Segundo Premio: “Al Vittoria” de Virginia Rita Bintz Wachsmuth


***



miércoles, 20 de mayo de 2015

PERIÓDICO IRREVERENTES

“PATAGONIA FANTÁSTICA”

de alejANDRO AGUADO

                                                                                                                                                Por Germán Cáceres
Patagonia fantastica2
Lleva como subtítulo “Seres e historias de las creencias populares actuales”. En el prólogo se aclara que “Su existencia se relaciona con las culturas de la tierra, cuyas raíces son los pueblos originarios: tehuelches y mapuches”.
En primer lugar Patagonia fantástica cautiva porque el ser humano, aunque trate de explicar racionalmente los hechos misteriosos, espera que ellos le ofrezcan una interpretación y  un sentido a nuestro tránsito por este caótico planeta.
Alejandro Aguado llevó a cabo un intenso trabajo de campo, sobre todo en Chubut, y ofrece un vastísimo panorama  de los innumerables relatos de la mitología patagónica, que su población toma en cuenta más allá de su nivel cultural. El “Mapa de una región con eventos peculiares y recurrentes” resulta muy didáctico porque señala los lugares en los que ocurrieron la mayoría de estos sucesos,  situados entre si a una distancia de sólo trece kilómetros.
Pero estas almas en pena en principio sólo atemorizan, no son monstruos asesinos.
Para abarcar esta temática, el autor se valió de la ilustración, la historieta, la fotografía y el texto escrito. Este último, en el caso de “Poblaciones fantasmales”, bordea la microficción de género fantástico. Su correspondiente lámina a tinta está lograda a través de sutiles insinuaciones de demonios en plena actividad.
En el “Puesto embrujado EL MOYANO”, que nadie quiere visitar porque a la noche aparecen espectros de gauchos, se aportan cuatro fotografías sobre el sitio. Además, se transcribe la letra de la canción homónima, del músico patagónico Lito Gutiérrez. “El día que el viento nos atacó” es una anécdota personal en la cual el investigador y sus acompañantes fueron embestidos por una espontánea columna de tierra en el valle del Genoa, y de la que se muestra una serie de ocho fotos. También registró con la cámara al presunto “El hombre de negro”, un espíritu que pretende que la gente lo salude.
Varias historietas refieren algunos de estas experiencias, como “Intro ilustrada”, cuyo personaje es el mismo autor que explica el objetivo de su exploración; “El visitante”, que con negros y blancos contrastados trata sobre un demonio tal vez imaginario; “La vieja estación”, cuya gráfica -con gran poder de síntesis- sugiere un hecho acontecido en una estación de tren abandonada que cobra vida por la noche; en “El intruso” -de excelente ritmo narrativo- emerge inesperadamente el Inchimallen, una especie de brujo (hay una foto de un paraje que frecuenta); “La Machi” (una mujer al servicio del bien, que puede transformarse en el “Calcu”, encarnación del mal), está excelentemente planificada y ostenta una notable composición de página; “El arqueólogo y la indígena” es una poética historia de amor ultraterreno narrada en sólo dos páginas; “Una de piratas”, empleando un tratamiento gráfico de grises, crea un clima de irrealidad al señalar cómo unos pícaros duendes roban estéreos a los sorprendidos turistas.
Un “Bosquejo de ideas y lápices” contiene cuatro páginas de los apuntes que sirvieron de soporte a las historietas y a las láminas, pero en varios episodios se muestran otros bocetos.
En cuanto a las ilustraciones, el artista estiliza su figuración con expresivo humorismo y una impronta gauchesca que traen a la memoria los dibujos costumbristas de Florencio Molina Campos y las pinturas de Pedro Figari. Su trazo elige una cierta tosquedad para registrar los árboles y montañas del ámbito patagónico y recurre, además, a los esfumados y a las múltiples rayitas. Es frecuente su apelación al movimiento para dinamizar la escena, como en “El Chapeado`”, que alude a los adornos de plata –a veces fantasmales- que ostentan los caballos. Otra característica de su trabajo es el sentido plástico y su cuidada composición (por ejemplo, en “La Salamanca”, círculos concéntricos representan una persecución emprendida por los demonios que habitan una cueva).
La Patagonia es una región que Aguado conoce profundamente y a la que ha aportado una abundante bibliografía. Quien desee interiorizarse en la magia de sus fascinantes mitos telúricos no debe dejar de leer este libro.

“Patagonia fantástica”, de Alejandro Aguado (La Duendes, Comodoro Rivadavia, 2015, 84 páginas)