sábado, 17 de enero de 2015

HORACIO RENÉ QUINTEROS

                                     
                                        SIN POR QUÉ


   



Lentos colores del eclipse.
Toda su gastada arquitectura,
agua que resbala
del indiviso cuadro.

La más pura memoria
deja caer dos puentes colgantes
entre dos montañas azules.

¿ Qué cuadro es éste
que desborda de un vientre?
¿ Son despojos de una fortuna?

Veo casi nada de la ingente luz.
Veo la vana astronomía,
que sobrevuela un hombre alado,
obstinado en ser Arcángel.

Cerca de los Mares del Norte,
una Mujer.
Distraída, se adormeció
sobre su rey
y, sobre la sombra de un árbol,
se ha convertido en cisne rojo.

En música, rastro
   y ancla
   y red
   y remos,
   y el hálito de un lirio
   y del ruiseñor
   y de los números y nombres
   y de la diáspora del polvo.

Es este don de nombrar
que no me deja.

Sin el oprobio del llanto.
Sin el oprobio de la esperanza.
Cosas elementales
que entre nosotros, han sido.






IMÁGENES DE LOS POEMAS: INTERNET
M.R.-C. agradece la gentileza de Viajando con la Literatura al permitir compartir las imágenes editadas en su Página.

jueves, 15 de enero de 2015

POÉTICA



EXILIO

                                                                    A Stella Victoria Tejerina 




Han emigrado los pájaros de estío 
de mi ciudad. Se fueron. 
Sus alas en busca 
de horizontes sin metralla. 
En inquieta ceremonia despidieron 
sobre el alero de mi ventana 
las hortensias amarillas y el cielo, 
pobre y desnutrido de mi patria. 

Pincelada celeste de relámpagos, 
saeta de traición que cruza los cuerpos 
de millones que, ni siquiera, 
–perdidos en el cuenco de su ombligo– 
de la guerra de asfalto, se enteraron. 
Más, 
para buscar Oriente, 
sobre tu nombre de paz, han levitado. 



M.R.-C.
POESÍA CONGREGADA  (2014)
Editorial Dunken



                                                                          * * *


PERIÓDICO IRREVERENTES


MACHETES EN EL ASFALTO 

(UN CUENTO DE NAVIDAD)

                                                                                                                                             Por Alberto Ernesto Feldman
Artista Callejero
Hace sólo un momento que acabo de llegar a casa, pero no pude evitar sentarme inmediatamente a escribir esto que estás leyendo.
Cada verano me fui poniendo más viejo y son muchos veranos. Me fui olvidando poco a poco de  esos aires de Navidad que comenzaban los primeros  días de diciembre, cuando terminaban las clases,  entre el olor de los jazmines y los duraznos, los chicos jugando bajo un sol de fuego y la mirada vigilante y protectora de nuestros padres.
Insensiblemente nos deslizábamos  hacia el próximo año,  con esa parada tan emotiva  en el encuentro  familiar de Nochebuena,  donde todo prometía ser bueno y feliz  para siempre. Luego,  verano tras verano, me fue ganando el desencanto.
Pero hace un rato, no más de una hora, volví a recuperar el significado del 24 de diciembre, y volveré a sentirlo mañana como cuando era un niño de diez años, hace  ya más de sesenta.
Pero basta de cháchara, que aquí va la explicación.
Vengo del dentista, desde hace casi  un mes voy dos veces por semana por un largo tratamiento.  Viajo desde Belgrano hasta Villa Pueyrredón, y de regreso tomo el ómnibus 107 ó el 114, en la esquina de las avenidas Mosconi y Constituyentes, hasta Cabildo.
Mosconi es una ancha avenida de una sola mano y, esperando por primera vez el ómnibus, hace casi un mes, observé a un muchacho de rasgos aindiados, de no más de diecisiete o dieciocho años, que como tantos otros,  trata de sobrevivir mostrando a su público,  en su mayoría automovilistas al principio  indiferentes, lo que sabe hacer,  cosa  que,  como vi muchas veces,  lo hacía  merecedor  tanto de un aplauso como de una aprobación en moneda.
Me dejó paralizado de asombro. Dejé pasar varios colectivos y vi su número cada corte de semáforo, una vez  tras otra.
Su espectáculo era de circo,  de los mejores circos. Hacía malabarismos, no con pelotitas ni clavas de madera, sino  con  tres machetes de gran tamaño, que golpeaba uno con otro  para probar su legitimidad con un pesado sonido metálico.
Los arrojaba a gran altura, girando, y los recogía  con seguridad por el mango. Cada tanto se desplazaba un poco y tomaba uno de ellos de espalda,  por supuesto sin mirar, y lo volvía a  la ronda con los otros dos. Lo mismo hacía levantando una pierna y pasándolo  por debajo de la rodilla, e incorporándolo luego en sincronía al  ciclo de los otros, todo a gran velocidad.
En un momento,  colocó un machete sobre su nariz apoyando el mango, y caminó varios metros teniéndolo en equilibrio mientras arrojaba los otros al aire, siempre girando, recogiéndolos y volviéndolos a tirar, hasta que con un impulso de su cabeza arrojó al aire el que tenía montado en su nariz  y reconstituyó  otra vez su trío de machetes voladores.
Nunca perdió el control sobre sus filosos instrumentos ni fue ninguno a parar al suelo. No había visto nunca nada igual. Quien tiene un dominio neuromuscular semejante, es un fenómeno.
Mientras esperaba  el cambio de luces para exhibir su número, el muchacho se acercó a la parada de ómnibus y aproveché para  felicitarlo con admiración.
Lo volví a ver cuatro o cinco veces sucesivas, coincidiendo con  la espera del ómnibus después de cada  sesión con el  dentista.
Le pregunté  donde había aprendido su destreza y si sabía que lo suyo era un espectáculo circense de mucha calidad, también le dije que debía hacerse conocer por medio de la televisión o la radio. Contestó que  varias personas  le habían dicho antes lo mismo. Aseguró que lo que sabía, lo había aprendido en la calle, de otra gente que, como él, vivía también en la calle,  que no quería obligaciones ni horarios,  era libre y ganaba lo suficiente, moneda a moneda, haciendo lo que le gustaba.
Lo decía todo en un castellano perfectamente claro, pero con un acento  cantarino  que  mostraba  a las claras su origen guaraní. La firmeza con que decía esto y  la expresión de sus ojos,  parecían un canto a la libertad. Por un momento, casi me convencí de que era un ser libre y feliz.
Medité y al  llegar a casa,  concluí que sólo un gran dolor y una gran resistencia podían  combinarse en una persona  y hacer soportable la soledad de la calle, el dolor de alguien entre una multitud ajena.
El  viernes  pasado  lo vi  trabajando más rápido que de costumbre. En los quince minutos que estuve esperando el ómnibus, no descansó. Cuando cambiaba la luz y terminaba su acto en Mosconí, volaba a  Constituyentes. Así alternó su número entre las dos avenidas. No sé cuántas veces lo habrá hecho ni cuantas horas al día, pero hoy 23 de diciembre, terminé con el dentista y  me extrañó no ver a mi joven fenómeno luciéndose con sus machetes.
Me acerqué al puesto de diarios de la esquina y le pregunté al  hombre si sabía algo de él.   –Sí, señor – me dijo – Andrés vino a Buenos Aires, hace cinco años, a buscar a su padre, pero no lo encontró.   Ayer completó el dinero del pasaje  para volver a Oberá, Misiones, a pasar  la Navidad con su  madre ¡Hace  cinco años que no la ve!…
Me sentí muy feliz de haber sido testigo de  este episodio.
Mañana  celebraremos  Nochebuena y pasado Navidad, pero desde hoy, para mí, diciembre volvió a oler a jazmines y  duraznos.

miércoles, 14 de enero de 2015

UN ESCRITOR CON HONORES




David Sorbille, poeta y escritor argentino


HONORES ESENCIALES
TRIBUTO A NUESTRO CONTINENTE 


DE DAVID ANTONIO SORBILLE



COHERENTE EN SUS INTENCIONES Y AJUSTADO EN EL LENGUAJE, ESTE ENSAYO ENCUMBRA LA PERSONALIDAD CREATIVA DE DAVID ANTONIO SORBILLE (BUENOS AIRES,1950).
COMPAGINADA A TRAVÉS DE POEMAS Y CUENTOS QUE HA DADO A CONOCER DENTRO DE UNA TRAYECTORIA QUE NO ADMITE PAUSAS. HA REUNIDO TREINTA Y DOS TEXTOS DEDICADOS A FIGURAS DE LA CULTURA Y LA HISTORIA DE AMÉRICA LATINA, COMO UNA MANERA DE RENDIRLES HOMENAJE, JUNTO A LA TIERRA NATAL Y LOS PUEBLOS QUE LA INTEGRAN.
CON UN ARDUO TRABAJO Y ATINADOS ENFOQUES, HA TRADUCIDO EL IR Y VENIR DE VIDAS QUE ALCANZAN PRÓCERES, COMO SAN MARTÍN Y BELGRANO, HASTA POLÍTICOS, INTELECTUALES Y ARTISTAS DE AMBOS SEXOS QUE OSTENTARON DIGNA SIGNIFICACIÓN. 
EL ESCRITOR LO TRANSMITE ORIENTADO HACIA SÍNTESIS VITALES QUE, COMO SEÑALA RICARDO LUIS PLAUL, AUTOR DEL PRÓLOGO, SON EVOCACIONES QUE CONFIGURAN LA VOZ DE UN CONTINENTE QUE PUGNA POR SER LIBRE Y SOBERANO.



*EL COMENTARIO HA SIDO EDITADO EN "COMENTARIOS BIBLIOGRÁFICOS", DE ENRIQUE SUREDA, EN BANCARIOS DEL PROVINCIA - EDICIÓN Nº806.


Página del Artículo reseñado

EL PRESENTE BLOG LITERARIO FELICITA AL ESCRITOR Y POETA ARGENTINO, DAVID SORBILLE Y AL AUTOR DE LA RESEÑA, A QUIEN PERTENECEN TODOS LOS DERECHOS Y ATRIBUCIONES SOBRE LA MISMA.




PROSA AMERIAN EDITORES, 
BUENOS AIRES  (2014)
(148 Páginas)

domingo, 11 de enero de 2015

PERIÓDICO IRREVERENTES



AJUSTE DE CUENTAS


                                                    Marita Rodríguez-Cazaux
Claudia
        Recuerdo que aquella vez, llegaste mucho más tarde de la hora estipulada, dijiste que el día había sido complicado en el estudio. Me pareció raro, porque vos no le escatimabas tiempo a las diversiones y los intereses del negocio no te desvelaban.
        Jugamos tenis hasta tarde, pediste que iluminaran la cancha porque se iba haciendo de noche y después, nos fuimos juntos para el vestuario. A la salida, te ofreciste a llevarme a casa, acepté.
       En el auto, me contaste que Claudia “se hacía la difícil”. “Conmigo no se juega”,  advertiste.
       Claudia había llegado al barrio cuando estábamos en la primaria, su familia  compró la casa pegada a la de mis padres. Solía jugar con mi hermana en el jardín que separaba la medianera de ligustros.
        A media cuadra de la avenida, vos vivías en el petit con rejas y picaportes de bronce. Ibas a un colegio privado, con uniforme. Fue al terminar la secundaria cuando nos hicimos amigos, luego, mi padre cambió de empleo y nos mudamos a Florida. Igual seguimos viéndonos, concurríamos al mismo club y me desafiabas en los partidos de tenis.
     Hijo menor de una familia acomodada, pintón y con labia, heredero del estudio contable de tu abuelo, el preferido de tu padre, un marino de renombre en el espacio político; tenías las de ganar. Planeaste encuentros, la seguiste, la importunaste, Inútil, con Claudia tus empeños no tuvieron éxito.
      —Tené por seguro que se va a arrepentir —aseguraste, los dedos tensos sobre el volante— Ya vamos a ajustar cuentas.
      Resté importancia a tus palabras; “bravuconadas de Horacio”, pensé. Te miré de soslayo y me inquietó tu expresión. Sin embargo, supuse que tu venganza se limitaría a seducirla usando tu poder. Más tarde, le dirías que había sido un error, vos de eso sabías, estabas acostumbrado a desechar conquistas. Me equivoqué, querías ir más allá, hasta el último peldaño sólo porque ella había tenido la osadía de rechazarte.
      No niego que tu vida regalada, la obsecuencia cómplice de tu padre a todos tus caprichos, el poder que te rodeaba, me generaban una solapada envidia; quizá ese sentimiento me tentó a buscar a Claudia. A pesar de que ya no se veían con frecuencia, mi hermana me contó que estudiaba Filosofía; al día siguiente, cerca del anochecer, pasé por la facultad.
     Aguardé en la puerta principal, muchachos y chicas salían en grupos alborotados. La divisé cuando bajaba las escaleras, como si la casualidad nos enfrentara, le intercepté el paso, mostrándome sorprendido.
     —Claudia…, tanto tiempo…—. Ella se detuvo. Al principio no me reconoció—Soy Julio, ¿te acordás?…
     —El hermano de Liliana, claro,…— dijo.
     Le conté que trabajaba en la imprenta de un periódico, que hacía fotografía. Hablé de cualquier cosa, de la escuela, los juegos en la vereda, mi hermana, su madre conversando con la mía. Teníamos que reanudar la amistad, insistí.
       Estuvo de acuerdo, pero, ahora debía irse, tenía un compromiso, se le hacía tarde. Me pasó su teléfono, y se alejó hacia la boca del subte.
       Dos días más tarde la llamé con la excusa de la edición de un artículo literario en el periódico.
     —Como estudías Filosofía, podrías orientarme —le pedí. Ella, justamente sobre ese tópico conocía una reseña interesante en una antología, prometió buscarlo.
     —Paso a retirarlo, me ofrecí. Nos encontramos en el Bar La Paz; cuando entré estaba sentada en una mesa del rincón.
      Claudia era de una lindura natural, en ese momento su lozanía me traspasó los huesos. Contó que daba clases en una escuela de la villa de Retiro, preparaba los finales de su carrera. Pretendía irse al Chaco como maestra de una escuela de frontera.
     —Estoy de novia con un muchacho de allí, es ingeniero—refirió—Trabaja en un proyecto personal en el obraje para procurar agua potable. Pensamos casarnos el año que llega—dijo.
       Mirá qué paradoja, yo estaba en el mismo lugar que vos, fuera de concurso. Ella siguió hablando, me contó los planes, viajar al norte, un emprendimiento sanitario, el problema del agua, la escuela. Me aflojé en la silla, para disimularlo, le pregunté qué podría regalarle.
      —Liliana y yo —aclaré para disfrazar mi interés. Sonrió, el regalo no era lo importante, lo mejor sería tener a los amigos cerca, y quedamos en que enviaría las participaciones antes del otoño.
     La acompañé hasta el subte, nos despedimos. Mientras la miraba bajar las escaleras me sentí ínfimo, mediocre.
      Más tarde, la imagen de Claudia entró en los paisajes que pertenecen a lo que fuimos, realidades que la distancia vuelve diferentes, ni siquiera parecidas. Hasta ayer, cuando se transmitió por televisión el cierre del juicio.
      Tu padre subió al estrado en Tribunales, junto a otros como él. Sin uniforme, me costó reconocerlo, el saco oscuro le colgaba de los hombros. Dos o tres veces sacó del  bolsillo un pañuelo prolijamente doblado y se secó la frente.
       El secretario leyó algunos nombres, los que pudieron comprobarse mediante testigos. El nombre de Claudia, me sonó extraño, no sabía que también se llamaba  Gladys, recordé que era el nombre de la madre.
      Tu padre oyó la sentencia de pie. Al término, la sala se llenó de gritos, se escucharon aplausos.
      Pensé en vos. Me horrorizó sospechar que habías tenido parte en aquella locura, yo mismo me llamé loco sólo por pensarlo. Pero no pude dejar de traer a la memoria el   tiempo en que dejaste de nombrarla y yo, lo atribuía a tu rencor. No tenía sentido hablar de ella, “mejor borrarla”, aseveraste.
     Increíble todo lo que puede entrar en la cabeza en un instante, el aroma del barrio, las voces, los juegos. Vos, alumno de la privada, el mejor en el club, el exitoso. Tu ascenso, tu ambición de “quedarte con la más linda”. Su rechazo, tu resentimiento. La amenaza. Se me antojó que de eso hablabas aquel anochecer, en el auto.
      Por eso, hoy pasé por tu estudio. Un timbre corto, esperé. Tuviste la deferencia de recibirme.
       —Enseguida lo atiende—dijo tu secretaria. Me senté en un sillón.  Minutos más tarde, con un gesto suave, me hizo pasar, cerró la puerta tras de sí.
      —Qué sorpresa —dijiste, y te levantabas para saludarme, seguramente ibas a hacer algún comentario relacionado con el proceso, pero no tuviste tiempo, Horacio.
     Una sacudida te tiró el cuerpo sobre el mismo sillón, la cabeza pegó contra el borde del escritorio. El brazo se movió como si nadaras, una brazada, dos… El estertor te sacudió la espalda, vi el borbotón de asqueroso vómito resbalar por tu camisa. Oí que abrían la puerta, alguien gritó, no sé, después quedé dentro de un espacio habitado por  otros sonidos. Desprendido de mí, pude volver a verme, íntegro por fin, mientras Claudia bajaba las escaleras del subte, menuda, ligera, llena de sueños.

Publicado por Periódico Irreverentes el 7/1/2015

ENTREVISTAS




ENTREVISTA A RICARDO TEJERINA 

POR “LILITHLA”


                                                                                                             Por  Fernando Veglia

Ricardo

“Leo, luego escribo”

P.: ¿En qué género literario encasillaría su obra?
R.: No me gusta encasillarme, pero si de “Lilithla” hablamos, para mí es un thriller con una gran dosis de divulgación acerca de cuestiones que solemos encontrar en otro tipo de literatura. Julio Carreras, el prologuista, lo advierte correctamente: en la superficie hay una aventura, pero subyacen cuestiones profundas, meditaciones y reflexiones que se orientan en la búsqueda de la verdad existencial.
 P.:¿Cómo nació “Lilithla”? ¿Cuál fue el disparador?
R.: “Lilithla” es la historia que quería contar. Es mi universo de sentidos narrados como novela. Cuando accedí al conocimiento del mito de “Lilith” (la primera mujer, anterior a Eva), supe que ése era el personaje que buscaba. Una mujer única que atraviesa los tiempos para cumplir su destino. En síntesis: una ficción por encima de lo natural, pero muy humana.
P.:¿Cómo ha sido el proceso de escritura?
R.: Vertiginoso para contar la historia, exigente y farragoso para pulirla y desmalezarla. Escribir la novela me llevó entre cuatro y cinco meses, sentir que estaba presta para ser publicada, cuatro años más. El escritor es artista y artesano. Creador de ficción y cultor del oficio.
P.:¿Qué autores lo influenciaron?
R.: Siempre es injusto nombrar algunos, pues otros tantos quedan en el tintero por subrepticios olvidos u omisiones fortuitas. A mí me gustan los cuentistas: Poe, Wilde, Quiroga, Borges, Walsh… Julio Carreras, que es excelente, novelistas como Mark Twain y los poetas de la estirpe de Baudelaire. Mi literatura está atravesada por ellos, y también por una forma muy visual de narrar. Creo que es algo así como escribir en celuloide, si vale la metáfora.
P.: ¿A qué público está dirigida?
R.:He allí la piedra angular de los editores: los públicos. Formar un público es una tarea magna, y muchas veces no se logra o se desiste en el camino. Yo escribo con dos propósitos: entretener y divulgar, por eso mis lectores son variados y heterogéneos. “Lilithla”, por ejemplo, puede ser una lectura para jóvenes con inquietudes metafísicas, o adultos que la lleven a la playa o la lean en el subte o el colectivo, entre labores. Los que buscan más encontrarán más, los que deseen sólo una aventura, también la obtendrán sin dificultad.
P.: ¿Qué ofrece al lector?
R.: Un espacio de reflexión a partir de una trama que intenta cumplir lo que promete, y un  despertar de la curiosidad a partir de algunos esbozos y referencias que son pistas para indagar más si el tema realmente interesa. Todo lo que escribimos se completa cabalmente con la continuidad que le da el lector. No hay otro modo.
 P.: Las referencias bíblicas y metafísicas son notorias ¿Cómo ha sido el proceso de documentación?
R.: Es el acopio de muchos años de lecturas y cavilaciones. Claro que después hubo que darle un sentido y reunir los datos y referencias de manera consistente y coherente con la historia. Para escribir primero hay que leer, y uno es más lo que ha leído que lo que ha escrito. Mi variante de Descartes es: “Leo, luego escribo”.
P.:¿Cuáles son sus futuros planes literarios?
R.: Me gustaría entrar de una vez en la poética. Es un género que admiro tanto, que muchas veces creo que es demasiado para mí. No obstante, tengo mi rincón del poeta, allí dejo algunos versos que se caen sin aviso. De todos modos, seguiré con las novelas. Ya estoy trabajando en la próxima que es también un thriller, pero en este caso psicológico. Me parece que estará para 2016. El año que viene será de puesta a punto de ese proyecto y de mucha labor en otro campo que me atrae mucho: la promoción y formación de nuevos autores nacionales.
                           
                                                                                 * * *

NARRATIVA EN ANTOLOGÍAS

POÉTICA



PRESENCIA AUSENCIA


                                                                                      Por Elsa Lombardo Verza
Ayotzinapa



Dicen que se llevaron a 43.

Dicen Con vida los llevaron con vida los queremos.

Decimos Los queremos.

Dijo Poniatowska Que nos regresen a los muchachos.

Decimos Que los regresen.

El 43, dicen es movilización y sensibilidad frente a la injusticia.

Decimos Son estudiantes, sensibles, líderes.

Ahora nos faltan.

El 43, dicen es universalidad.

Dicen que martirio.

Y dicen que uno fue martirizado.

Igual son 43 para el mundo.

Decimos Queremos llevarlos dentro nuestro, acunarlos, abrazarlos.

Lo estamos haciendo.

Decimos Su presencia-ausencia nos ha hecho un poco mejor.