| Lic.María Amelia Alonso, miembro del Área de Relaciones Institucionales Comuna 14 |
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sábado, 6 de octubre de 2012
La Banda del Viejo Mundo
viernes, 5 de octubre de 2012
En la Comuna de Palermo, una tarde de fiesta
En el marco de los festejos del Mes de Palermo, se presentó en la Comuna 14
" Inmigración y Literatura infantil y juvenil", de María González Rouco.
Disertantes Marita Rodríguez-Cazaux y Cristina Pizarro.
El libro de González Rouco es, desde su primera visión un objeto bello, entendiendo por belleza esa orilla acrisolada que para todos guarda la niñez y la juventud.
La cubierta, que reproduce un cuadro de la pintora Ida De Vincenzo, es el primer paso hacia el camino de traslado, acoplamiento, inclusión desde el mundo propio al mundo variado y diverso de la emigración.
No es tema fácil el testimonio en márgenes de distancias y nostalgias justamente por las proximidades y lejanías interiores, que provocan lo que algunos psicólogos han dado en llamar "espejismos submarinos". Un estado de realismo fantástico para preservar la conciencia de la descarnadura del exilio.
Pues, desde esa desnuda y recóndita herida, llega la confidencia, la confesión que, de generación en generación, quiere seguir estando viva. Conmocionadamente viva.
Estuvieron presentes los escritores Ana María Cabrera, Ester Spiner, Sebastián Jorgi y Jorge Torres Zavaleta, numerosos artistas plásticos, la intérprete Poly Balestrini y los investigadores Alberto Sarramone y María D'Alessandro, además de miembros de las comunidades española, italiana, checa y alemana del Volga. Autoridades de la comuna que preside Maximiliano Corach - María Amelia Alonso, Graciela Ochoa y Julio Figueroa - entregaron sendos diplomas a la autora, las disertantes y a La Banda del Viejo Mundo.
LO HUMANO ABARCA SU MIRADA LITERARIA
El Prólogo de Cristina Pizarro, el análisis que aporta Germán Cáceres y el mensaje de Paulina Ubiña, abren al lector en este nuevo libro de María González Rouco,
los testimonios en entrevistas a emigrantes o a sus descendientes,
con una fluidez que no declina en el contexto que maneja la autora.
Todas las situaciones tan propias del hombre y la mujer, los amores desvelados, renuncias, complejidades, actitudes que son parte de la existencia y conforman la más elemental filosofía, están presentes y de manera cabal en el espacio en el que, la emigración, acopló su propio realismo mágico para resolver pasados de infelicidad, padres ausentes, escenografías abandonadas,
patria amada a la intemperie del corazón.
Sin duda, María G.R. conforma su propio canal literario y por la ruta de esa tónica, encontrará quien llegue al libro, su propia raíz y las ramas extendidas,
renovadas y germinando en el inmenso paisaje del alma.
EN LA COMUNA DE PALERMO
PRESENTACIÓN DEL LIBRO "INMIGRACIÓN Y LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL"
DE MARIA GONZÁLEZ ROUCO
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| María González Rouco, Marita Rodríguez-Cazaux, Cristina Pizarro |
martes, 2 de octubre de 2012
COBALTO DE CRISTAL EN GALLAECIA
Se apropia mi memoria de la lumbre
que en la tarde de mayo trae el día
sobre la piedra gris de la lareira.
Cerrado ulular que brisa lleva
a pasos de verdor por corredoiras
y reposa un momento bajo el valle
donde la ría alarga su caricia.
Bajo los cielos una llovizna muída anida
en romano soportal, rumor de pombas,
como pañuelos a galope en mar de
ausencia.
De allí viene todo este palpitar que teje
sueños
como
un ovillo que desata la palabra
en voz y alma, con son de misma lengua.
Y surge única y total, y desplegada
por los mundos que promete el Finisterre
vacía de otras letras y otros signos.
No necesita nada más que ser la nuestra
para vivir por siempre.
* * *
El escritor, traductor y cineasta Paul Auster, escribe el poema S.A. 1911-1979, "Desde la pérdida. Y desde una pérdida tal/que saquea la mente incluso hasta perder la mente..." a partir de una “idea sin rima ni razón” y
esperando “como si la primera palabra/ viniera sólo después de la última, /
después de una vida / esperando/ la palabra que se perdió”.
Con intención de hallar desde la pérdida
esa última palabra que se guarda, esa palabra que mutila la mente, quise
imaginar las palabras que los emigrantes guardan como tesoro encerrado frente
al paisaje que se abandona.
Esa palabra huérfana del sonido coloquial que acompaña la íntima confidencia. El murmullo final de despedida, la sensación personal, propia, infranqueable, que rodea
al que exilia el cuerpo pero deja el alma.
No pude encontrar (aún preguntando a
personas muy cercanas) cúal había sido esa palabra, primero y último vocablo en la
pérdida.
Coincidían todos en el perfume
de llovizna tenue, ese aroma húmedo del surco cultivado, el color del cobalto de la
piedra erosionada, o el azulino cristal que cubre a Galiza al caer el día. Un sonido, un olor, un color - dijeron -, pero no una palabra.
Muchos de ellos partieron a pleno
sol, en mediodías de veranos agobiantes, pero remembraban el cielo como si
fuera casi nocturno, ese instante del serán al regreso de la labranza. Otros
habían embarcado desde puertos catalanes o andaluces, sin embargo, sus ojos
contemplaban las aguas de Vigo y a lo lejos, las bellas Islas Cíes.
La mayoría confesaba recordar el aire, los rincones propios, las huertas. El asilo de abrazos de abuelos y padres ya enterrados. Aquellos espacios donde su niñez trouleaba. Las campanas, las fiestas, los murmullos
de los rezos, las risas, el llanto.
Pero ninguno tenía presente la última palabra pronunciada. Ni los que quedaron horas frente al océano mirando la línea del horizonte, ni los que partieron escapados, ni siquiera los que hicieron escalas volando en aviones de Pan-Am.
Pero ninguno tenía presente la última palabra pronunciada. Ni los que quedaron horas frente al océano mirando la línea del horizonte, ni los que partieron escapados, ni siquiera los que hicieron escalas volando en aviones de Pan-Am.
Supe entonces, que la palabra que nace después de la vida y a
la que apunta el talentoso poema de Auster, puede ser posible en otros mundos humanos,
pero no para el mundo gallego.
No para los que, en un silencio de ahogo, pronunciaron - sin decirla - la palabra que llega después de la vida. Entendiendo como "vida después de la vida", los espacios que debe rescatar y contener su "ser galego". Su interior en otra patria.
No para los que, en un silencio de ahogo, pronunciaron - sin decirla - la palabra que llega después de la vida. Entendiendo como "vida después de la vida", los espacios que debe rescatar y contener su "ser galego". Su interior en otra patria.
Tal vez, porque la primera y la última, sea la misma que late, siempre, sin traducción posible,
única, eterna, en el silencio más profundo de nuestra identidad linguística. Aquela que, soamente na nosa lingua, cóllese ó significado.
"A DERRADEIRA PALABRA" - Emigración 1940-1960 (Fragmento)
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